Las falsas banderas
Dicen que dicen que Andrés Manuel López Obrador solicitará el registro de su agrupación, como partido político, dentro de unas cuantas, pocas, semanas. La Regeneración, pues, se acerca. Ignoro si el Morena puesto que es “movimiento” esa morena debe ser masculina, ...
Dicen que dicen que Andrés Manuel López Obrador solicitará el registro de su agrupación, como partido político, dentro de unas cuantas, pocas, semanas. La Regeneración, pues, se acerca. Ignoro si el Morena (puesto que es “movimiento” esa morena debe ser masculina, presumo) cumple con los requisitos estrictos, pretenciosos, absurdos y exagerados para que les sea concedido el acceso a tan insigne como discutible condición.
Ignoro si le será del todo fácil cubrir los requisitos en las veinte entidades federativas que prevé la ley. La distribución territorial de sus allegados es harto irregular. De todos modos no se trata más que de un inconveniente menor. Peccata minuta. Se ajuste o no se ajuste a los requerimientos legales, el registro será sin duda concedido. De nuevo, y por enésima vez, en estos ámbitos y a estos niveles, los asuntos jurídicos no son jurídicos sino políticos.
Y lo que sí no ignoro es que Peña Nieto ha demostrado ser un político sagaz. Otras cosas no sé, pero sagaz sin duda sí es. Y no cometería nunca el error de dotar al líder macuspano de una bandera tan llameante como providencial.
Ella permitiría al ex bicandidato volverse a envolver en la túnica de mártir y presentarse de nuevo como el blanco de una injusticia tan atroz e intolerable como atractiva, rentable y vendible. Imposible no recordar aquí el terrible gazapo de 2005, cometido por el presidente Vicente Fox, al promover y abonar el desafuero —por otra parte perfectamente justo y justificado— del entonces jefe de Gobierno, para después dar marcha atrás y desdecirse.
Tal resolución parlamentaria impedía automáticamente la candidatura de AMLO. Con lo cual la medida pudo ser presentada por él como un atraco que coartaba sus derechos ciudadanos y contravenía la “voluntad popular”. El desliz pusilánime del primer mandatario constituyó una auténtica bendición para la carrera política del tabasqueño. Miel sobre hojuelas. Como dice mi gran y despiadado amigo, el comentarista político Raúl Moreno Wonchee, Fox quiso, sin querer queriendo, hacer de López presidente de la República. Y por poco lo logra. Por muy poco.
En julio del año siguiente, El Pejelagarto conoció su momento de apogeo. Y desde entonces su curva de popularidad ha ido decreciendo de manera sostenida. Él en persona se ha encargado, torpeza tras torpeza, tontería tras tontería de asegurar el descenso. Concienzudamente se abocó a echar a perder lo que tan inesperada como generosamente le había sido obsequiado.
Hoy, guardando todas las distancias, cualquier veredicto, fundamentado o no, que volviera a obstruir el nuevo registro —aunque mucho menos promisorio que el anterior, digámoslo todo— volvería a jugar en alguna medida el mismo papel revitalizador y le daría un nuevo impulso del que está tan necesitado, el político en decadencia.
Todas estas consideraciones vienen particularmente al caso en estos momentos, cuando apenas el domingo el gobernador de Tabasco, El Pingüino Arturo Núñez acaba de rendir su primer informe de gobierno, en el que no tuvo más remedio que afirmar y enfatizar que presuntamente la administración de Andrés Granier había defraudado al erario estatal en cerca de 20 mil millones de pesos, y se vio compelido a proclamar que “nunca más se desfalcará a Tabasco”. No tenía de otra.
Ya dije aquí, hace algunos meses, que veo al defenestramiento de Granier como una maniobra magistral de Peña. Sacrifica a su hombre a cambio de enfocar todos los reflectores anticorrupción sobre Villahermosa. Núñez es el único gobernador en funciones realmente pejista. Graco y Mancera no son tan chairos. De manera que con su gambito el actual inquilino de Los Pinos le amarra las manos al de la Quinta Grijalva, y deja a López Obrador sin su única posible fuente de ingresos digna de consideración. Y no hay otras ubres henchidas e hinchadas en el horizonte. La subvención al futuro partido suena como un tentempié más bien magro.
La estrategia peñista podría funcionar. No se avizora otra manera de hacer otra política con el doblemente desaforado. Toda negociación seria parece imposible. Clausurada de antemano por una cerrazón más cerca del pataleo que de la intransigencia.
Para intentar negociar con habilidad es suficiente recurrir a tácticas elementales rodeando obstáculos significativos. Resulta ocioso buscar actitudes razonables omitiendo nutrir agravios mientras insistentemente Morena impide vadear inconvenientes. Y es lamentable la arrogancia, sostenida en retóricas estridentes nunca avaladas. Entonces surgen agravios enconados sin mediar intentos válidos instalando enfrentamientos jamás arbitrados.
Toda la cuestión, pues, se resume, desde la óptica priista, a no dotar de un nuevo estandarte de lucha al lopezobradorismo. Es el mismo criterio con el que se evita escrupulosamente reprimir a los nuevos habitantes de la Plaza de la República. Que se marchiten de hastío. Y es que la consigna parece tan simple como eficaz: No andes regalando banderas.
*Matemático
