La Ciudad de México es la capital runner de Latinoamérica. Cada año se organizan más de 200 carreras: desde 5K recreativos, el Medio Maratón y el Maratón de la Ciudad de México, certificados por el organismo internacional del atletismo, hasta los ultramaratones de montaña como el Ultra Desierto de los Leones, que en su ruta más exigente recorre 50 kilómetros entre los bosques de Cuajimalpa. El Instituto del Deporte de la ciudad promueve ese calendario y también se han impulsado carreras con causa, eventos nocturnos y programas de iniciación para nuevos corredores.
Es un tema de orgullo y de política pública que correr a 2,240 metros sobre el nivel del mar se haya adoptado como una actividad recreativa popular y cotidiana. Todos se suman a correr, trotar, caminar y pedalear gracias al paseo dominical que permite recuperar un día a la semana 57km de espacio público para el goce y la salud de la ciudadanía. Sólo existe un gran ausente en este panorama: ¿dónde dejamos a la industria nacional del calzado? Volteo a ver los recorridos desde el Desierto de los Leones hasta el Bosque de Aragón; temporada de flor de jacaranda o de lluvias, no estamos corriendo en tenis hechos en México.
Esta ausencia se profundizó hace poco: la industria, que empleaba a más de 64 mil personas en 2020, perdió cerca de 12 mil empleos a nivel nacional para el 2024, mientras tanto la importación de calzado crecía de forma desproporcionada al ritmo de 14% anual. Fue tan acelerada esta compra que en 2025 hasta 43.5% del calzado en México fue extranjero, de acuerdo con la Cámara Nacional de la Industria del Calzado. Es relevante apuntar que una porción importante de estos productos llegó bajo esquemas que evadieron aranceles y los canales tradicionales de importación. Los más afectados fueron primero los consumidores, quienes hemos visto una disminución en la oferta; y segundo, comunidades enteras que perdieron una fuente histórica de sustento para sus familias.
La ruta para recuperar nuestra industria es como la de un ultramaratón, un esfuerzo duradero y de resistencia que tenemos que ganar invirtiendo en más tecnología y en la productividad de los equipos con los que trabaja la industria del calzado. Se trata de algo más duradero que un plan de rescate, es una política industrial. Por eso, el 28 de julio, el gobierno de Ciudad de México acompañó a la Secretaría de Economía y el FOCIR —el fondo federal que financia proyectos productivos— a lanzar y promover el Programa de Créditos Estratégicos para la Industria del Calzado: 110 millones de pesos en créditos para inversiones en modernización tecnológica.
Una política industrial que busca equilibrar las fuerzas de un mercado abierto, competitivo y regional; con la necesidad de mantener capacidades productivas dentro del país que fomenten ingresos altos, prosperidad compartida y justicia económica. Por eso el Programa también tiene objetivos sociales como su apuesta por cerrar una brecha de género en el financiamiento. La tasa baja 2% si la empresa solicitante es propiedad mayoritaria de mujeres o las mujeres representan una parte importante de la plantilla de trabajadoras. Entre comercialización, producción y reparación de calzado hay más de 5 mil negocios sólo en CDMX que pueden aprovechar este esfuerzo y este auge deportivo en la capital.
Ningún ultramaratón se corre solo. Se corren en equipo, con abastecimiento en varios puntos de la ruta y con la certeza que te esperan en la meta. Así también se recupera una industria: sector público y privado, banca de desarrollo y productores dispuestos a modernizarse kilómetro con kilómetro para ser competitivos. Esa ruta es el común denominador entre los paseos dominicales, subir Los Dinamos y una política industrial que busca la prosperidad para el país y la cultura de lo corredores mexicanos.
*Secretaria de Desarrollo Económico de la Ciudad de México
