Agravio y censura

Increíblemente desafortunada fue la mañanera presidencial del martes pasado. Se anunció una ley de transparencia que impuso sólo cambios cosméticos, porque se mantiene la secrecía en temas de seguridad nacional, lo que sería lógico si el gobierno no incluyera en ese capítulo todo tipo de capítulos, desde los realmente relevantes para la seguridad del país hasta el costo y los contratistas de obras públicas increíblemente deficitarias. 

Después, la presidenta Claudia Sheinbaum y su consejera jurídica, Luisa María Alcalde, se dedicaron a defender sin éxito alguno los llamados lineamientos de derechos de la audiencias que no son más que un mecanismo que le permitiría al gobierno federal, a través de la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones, que depende de la agencia que encabeza José Merino, sancionar a cualquier medio o periodista que no acepte sus demandas. Peor aún, lo hizo violando los propios términos de los lineamientos que pretendía impulsar. En esa mañanera se recurrió al agravio de medios y comunicadores, con especial saña respecto a Sergio Sarmiento, uno de los periodistas más respetados del país.

Platiqué con Sergio, colega en distintos espacios y, sobre todas las cosas, un buen amigo, acerca de lo riesgoso de la aventura gubernamental de tratar de instrumentar mecanismos censores. 

Recordé que una ley muy similar a la que ahora se impulsa se impuso en 2004 en Venezuela, con Hugo Chávez, y otra ley muy similar la decretó Rafael Correa en Ecuador, ambos comenzaron con las multas a los medios, después expulsaron periodistas y terminaron quitando las concesiones y prohibiendo contenidos.

“Yo creo, dice Sergio, que hay buenas razones para oponerse a esto. En primer lugar, porque estos lineamientos para los derechos de las audiencias están mal. Desde el punto de vista ético, el gobierno no tiene por qué ser el defensor de las audiencias. La propia Presidenta, cuando le preguntaron que si debía someterse la mañanera a las mismas reglas que quiere imponerles a los medios de comunicación dijo que no, porque si alguien no quiere ver la mañanera, que no la vea. Eso mismo digo yo. 

“Si alguien no quiere ver un programa en el que aparezca Sergio Sarmiento, pues que le cambie de canal. Si no quiere ver, o si no quiere escuchar un programa de televisión en el que aparezca Sergio Sarmiento, que cambie de emisora. Y si no quiere leer una artículo escrito por Sergio Sarmiento, que lea otro periódico. Ése es el verdadero derecho de las audiencias”. 

Y lo peor de todo esto, me decía Sergio en esta entrevista, es “que la Presidenta lo reconoció cuando dijo que le cambien de canal. Yo creo que eso es lo que hay que hacer. Estos lineamientos están mal, en primer lugar, porque filosóficamente le permiten al Estado hacer lo que yo siempre dije que deberían hacer las leyes y los tribunales independientes, considerar demandas o denuncias por difamación y calumnia, ya sea en el campo civil o en el campo penal. Está mal porque las propias reglas que ellos quieren imponer a los medios de comunicación, ellos las violan constantemente, cuando, además, hay una legislación constitucional en nuestro país estableciendo que son ellos los que sí tienen obligación de presentar toda la información y de presentarla de manera correcta y de manera total. 

“Me molesta también filosóficamente que ellos quieran decir qué información es veraz y qué información es oportuna. Un sensor no te puede decir qué información es veraz y qué información es oportuna. Si yo me quiero arriesgar, tengo una información y tengo fuentes confidenciales y quiero presentar la información, la presento y la defiendo directamente con esa audiencia que el gobierno no quiere reconocer”.

 Con las normas que se intentan imponer, le comento, si no tuviéramos esos principios en el periodismo, no hubiéramos podido tener investigaciones como el famoso caso Watergate, que terminó con el gobierno de Nixon, pero que se construyó con base a filtraciones que se fueron investigando y convirtiendo en datos duros a lo largo de los meses.

El gobierno de Nixon, dice Sergio, hubiera podido censurar al Washington Post. Nixon siempre dijo que la información de Watergate era falsa. Hubo enormes presiones contra el Washington Post que defendió con mucho valor la veracidad de lo que se estaba presentando en la investigación. El problema aquí es que lo que está buscando el gobierno es amedrentar a los medios de comunicación: o te portas como yo digo y dices lo que yo digo porque si no te voy a castigar. Ya están castigando a los medios críticos.

 En todo esto, argumento, hay también un tema de dinero, de utilización de recursos públicos, la propia mañanera se financia con recursos públicos.

Todo el dinero de publicidad del gobierno, opina Sarmiento, se está yendo a los medios que cantan las loas del gobierno de la República y no se está yendo nada a los medios profesionales, a los medios críticos, eso ya de por sí es ilegal. Están asumiendo la posición de López Portillo de “no te pago para que me pegues” que utilizó para tratar de censurar a la revista Proceso. Afortunadamente, Julio Scherer, en su momento, fue valiente y no se echó para atrás, pero eso es lo que están tratando de hacer ahora. 

Las audiencias, concluye mi amigo Sarmiento, es un colectivo vago que no se sabe ni qué significa, como cuando hablan del pueblo. Pero en realidad lo que ellos quieren hacer es controlar los medios de comunicación, censurar los medios de comunicación para que no podamos criticarlos. Y eso me parece sumamente peligroso. Piensan que pueden hacer lineamientos y enseñarle periodismo a los periodistas mientras violan absolutamente todas las reglas éticas de la difusión.