La Torre de Zaha Hadid
Se otorga un menor valor a los nombres de mujeres en el ecosistema empresarial.

Manola Zabalza Aldama
Común denominador
Los apellidos empresariales —Ford, Disney, Johnson & Johnson— son activos económicos que han sobrevivido a sus fundadores. Generan empleo y marcan el rumbo de sus industrias por generaciones. Frente a esa estela de legados, el contraste con los nombres de mujer es abismal. En la historia económica de México y el mundo, los ejemplos de empresarias, inventoras y emprendedoras que trascendieron su propio tiempo caben en un suspiro. Esa ausencia es el resultado de una sistemática minusvaloración del talento femenino que comienza mucho antes de que una mujer decida emprender.
En marzo se puso en riesgo el legado de Zaha Hadid, la arquitecta que desafió la gravedad con sus diseños curvos y visionarios. Fue ella misma quien fundó su estudio de arquitectos que lleva su nombre y trabajó para obtener un reconocimiento internacional inédito. Sin embargo, en tribunales británicos se determinó que el valor de su marca, el prestigio intangible del “Zaha Hadid”, era insuficiente para que la empresa que ella construyó tuviera que mantener su nombre.
El tribunal resolvió una pregunta clave: ¿Sería razonable que la empresa se asociara y promoviera el estilo arquitectónico de Zaha Hadid durante 100 años? En el caso de Zaha Hadid, los jueces respondieron que no. Autorizaron al estudio a quitar el nombre de la arquitecta, ignorando la voluntad expresa de su testamento. A mí, por el contrario, me parece completamente razonable que el legado y el estilo se promoviera en el tiempo. Basta con mirar a nuestro alrededor: los apellidos de hombres permanecen por más de un siglo en productos y corporativos.
Esto también sucede en Ciudad de México: se otorga un menor valor a los nombres de mujeres en el ecosistema empresarial. Vemos a fundadoras que se tardan en registrar sus marcas, que valoran poco sus nombres como el activo más preciado que tienen, o que sus ideas son apropiadas e invisibilizadas en el camino. La lección de Zaha Hadid es un llamado de atención urgente: el éxito debe ser protegido para tener legados que puedan inspirar.
Cuando hablamos de mujeres en la economía, el foco suele estar en derribar puertas; en llegar a consejos de administración, puestos directivos y salarios paritarios. Todos son pasos necesarios, pero insuficientes si no garantizamos que lo construido perdure. En la economía actual, hasta 80% del valor de una gran empresa reside en sus activos intangibles (marcas, propiedad intelectual, bases de datos, etcétera) de acuerdo con los reportes anuales de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI). Eso significa que el nombre propio es, literalmente, una fortuna.
Por eso, aspiremos a una economía que incluya el legado de mujeres por muchas generaciones y por más de 100 años. Necesitamos que niñas y adolescentes observen cómo sus nombres pueden tener la misma potencia simbólica y económica que el de cualquier fundador hombre. Necesitamos más historias como la de Zaha Hadid, pero con un final distinto: donde los nombres sean reconocidos y protegidos; valorados y transferidos como el activo económico que son y la fuente de inspiración que pueden llegar a ser.
*Secretaria de Desarrollo Económico de la Ciudad de México.