Alejandría, el Faro y la Biblioteca

Manola Zabalza Aldama

Manola Zabalza Aldama

Común denominador

Hace más de dos mil años, en la desembocadura del Nilo, se tomó una decisión que cambió el rumbo del conocimiento en Occidente. Antes de construir la Gran Biblioteca de Alejandría —ese repositorio extraordinario que albergó los saberes del mundo mediterráneo—, levantaron el Faro. La infraestructura portuaria más famosa de la antigüedad, el Faro de Alejandría fue el prerrequisito indispensable para que los barcos llegaran, para que los sabios desembarcaran, para que la ciencia pudiera circular. Sin el faro, la biblioteca habría sido una isla inaccesible y su colección estaría incompleta. Sin la biblioteca, nunca habría alcanzado su fama y reputación el puerto de Alejandría.

Lo extraordinario del momento que vive la Ciudad de México es que se ha integrado esa dualidad en una sola cosa.

Un centro de datos especializado es, al mismo tiempo, la infraestructura que conecta y el repositorio que acumula. Es el faro que guía el tráfico digital de una metrópoli y es, también, la biblioteca que resguarda, organiza y hace útil el aprendizaje que esa ciudad construye. Son dos inversiones diferentes en una misma decisión.

La Ciudad de México tiene hoy la oportunidad de replicar esa lógica en el siglo XXI. Somos generadores de inteligencia, talento y ambición económica con una intensidad que pocas ciudades del mundo pueden presumir. Hoy, el conocimiento no viaja en barcos; viaja en datos. Para eso es importante la articulación público-privada que permita que haya centros de datos de alta calidad que manejen los activos intangibles producidos aquí en la capital, así como las futuras implementaciones de inteligencia artificial desarrolladas en nuestro territorio.

En estas semanas anunciamos inversiones, como la de KIO, por un monto de 70 millones de dólares comprometidos en infraestructura de centros de datos en la Ciudad de México, que merecen reconocimiento y celebración. Estas inversiones están conectadas al presente, aunque su mayor impacto se desplegará en el futuro cercano, facilitando la inversión y digitalización de otros sectores. Los centros de datos son exactamente el tipo de infraestructura que hace posible que la ciudad funcione como un polo tecnológico de primer nivel: donde las startups puedan escalar, donde las empresas establecidas puedan innovar, donde el gobierno continúe digitalizando sus servicios y donde los ciudadanos puedan acceder a mejores oportunidades económicas.

Se trata de algo más que el monto de inversión, es la importancia de la ubicación. Que contemos con centros de datos físicamente ubicados en el territorio de la ciudad aumenta la resiliencia de nuestra economía ante el mundo, protege el conocimiento adquirido y utilizado diariamente en la ciudad e ilumina, como un faro, la Ciudad de México. Que es una metrópoli que está preparada para prosperar económica e intelectualmente. Ahora que tenemos el faro y la biblioteca en un mismo lugar, la misión es estar a la altura de lo que esa combinación hace posible.

*Secretaria de Desarrollo Económico de la Ciudad de México

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