Los pasos para reconstruir

Para reconstruir lo que sea siempre se deben dar tres pasos concretos. En el caso de una sociedad inteligente, como la nuestra, se trata de tomar consciencia de que cada uno de nosotros tiene un papel en los cambios que deseamos ver en el corto, mediano y largo plazo; desde ...

Para reconstruir lo que sea siempre se deben dar tres pasos concretos. En el caso de una sociedad inteligente, como la nuestra, se trata de tomar consciencia de que cada uno de nosotros tiene un papel en los cambios que deseamos ver en el corto, mediano y largo plazo; desde nuestro entorno inmediato y hasta en el país.

Primero, comprender que la mayor habilidad que podemos desarrollar es la adaptación. Estamos, espero, en una transición hacia un mejor futuro, pero el deterioro que le hemos aplicado al planeta y a nuestras sociedades, nos obliga a modificar hábitos y comportamientos para una realidad que nunca ha sido estable y hoy lo es mucho menos.

Adaptarse no significa renunciar a principios y valores, esos son inamovibles cuando nos ayudan a crecer y a respetar a los demás. Tampoco es un llamado a conformarse, sino a estar preparados para adecuar nuestra vida cotidiana a una incertidumbre que es parte de la existencia.

Eso no quiere decir que dejemos de hacer lo que nos corresponde para solucionar problemas añejos y presentes. Arreglar décadas de abandono lleva tiempo, un activo de mucho valor cuando estamos transformando estructuras, percepciones y sistemas que terminaron por agotarse.

El concepto está más orientado hacia la flexibilidad, sobre todo cuando estamos en un periodo de nuestra historia en donde se busca que nos aislemos en los extremos, donde no hay espacio para dialogar y sólo escuchamos lo que queremos y no lo que ocurre. Si podemos abrirnos a otras opiniones, en particular a aquellas que no coinciden con la nuestra y tratamos de entender sus razones y motivos, entonces estaremos reconstruyendo algo mayor: la confianza social.

Esa confianza es indispensable para recobrar la credibilidad en muchas instituciones, públicas o privadas, y estar preparados para los cambios que serán cada vez más comunes. Este es el periodo que nos ha tocado restaurar y sólo se consigue con una participación ciudadana activa y eficiente.

Un segundo paso es evitar las distracciones. Estamos en la pelea por la atención de las personas y eso se ha vuelto un sector económico que representa ganancias millonarias, pero que al mismo tiempo nos ha desconectado como personas y como comunidades. Gracias a esta carrera por mantenernos mirando una pantalla, la industria de las noticias falsas, las mentiras y la desinformación han logrado alcanzar niveles que no habíamos visto antes. Los rumores y la propaganda son tan viejos como nuestra especie, sin embargo, jamás habían gozado de un terreno tan fértil. Informar entonces se vuelve un deber civil y un hábito que debemos repetir en todos los ámbitos en los que nos desarrollamos. Actuar a tiempo es una forma de vivir en corresponsabilidad, que es hacer lo que nos toca, cuando nos toca.

Y como tercer paso, hay que aprender de los errores que cometemos como sociedad, para que todo aquello que construyamos hacia delante ya no tenga ninguna de las fallas del pasado y sea algo nuevo y mejor. Adaptación, enfoque y corrección de errores es una fórmula que podemos incorporar a nuestra vida cotidiana y a nuestros deberes cívicos. No podemos estar a expensas de que alguien más resuelva lo que podemos solucionar si dedicamos el tiempo y la energía suficientes para mejorar nuestras condiciones de vida.

Hemos visto durante años un divorcio entre instituciones y ciudadanos que apenas se está reconciliando con mucho esfuerzo entre una mayoría y las autoridades actuales. Es una tarea tan grande el que caminemos como una sola sociedad que hay segmentos de la población que han decidido ya no escuchar y quedarse en el extremo de sus creencias y de sus posiciones. Eso no hace que una sociedad evolucione y tome decisiones pensando en el futuro. Sin embargo, los siguientes años habrá resistencias no sólo a reconstruir, sino a proponer nuevos esquemas que nos favorezcan a todos, sólo por no coincidir con los puntos de vista de grupos minoritarios que sentirán una pérdida de sentido, de privilegios y de un estatus que no quisieron flexibilizar.

Reconstruir es un objetivo siempre y cuando implique hacer las cosas mejor y no tropezar con los mismos obstáculos que destruyeron todo. La ventaja de hacerlo es que también significa refundar, de los cimientos hasta la cima, una nueva realidad. Y comenzar de nuevo es difícil, pero los resultados tienden a ser positivos y son un parteaguas que, por lo general, hace que formemos mejores sociedades y seamos mejores ciudadanos.

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