La felicidad es de todos
Cada persona puede tener una idea de lo que es la felicidad. Podríamos argumentar que es un concepto muy personal y que no es posible equipararlo para toda una sociedad. Si hay tantas opiniones como personas en el mundo, ¿por qué tendría que existir una sola ...
Cada persona puede tener una idea de lo que es la felicidad. Podríamos argumentar que es un concepto muy personal y que no es posible equipararlo para toda una sociedad. Si hay tantas opiniones como personas en el mundo, ¿por qué tendría que existir una sola definición de felicidad?
Uno de los rasgos de nuestra especie es la diversidad. Somos capaces de imaginar y, a partir de ese don, podemos transformar nuestro entorno y a nosotros mismos. Establecer un sólo tipo de persona o de comunidad, siempre va relacionado con la imposición y el autoritarismo.
Sin embargo, lo importante para una sociedad inteligente es vivir en condiciones para que cada quién sea feliz como quiera y no sólo como pueda. Una comunidad que logra la armonía es también una que convive en respeto y tolerancia.
Vienen varios meses en los que se tratará de convencernos de que somos distintos y que no hay forma en que podamos coincidir, sobre todo en la manera en la que vemos lo que sucede en el país. En el cierre de un año de plena recuperación, quiero insistir en que es falso que no podamos ponernos de acuerdo o que tengamos diferencias irreconciliables.
Ni siquiera con aquellos que perdieron poder y control público existen demasiadas diferencias, a pesar de que las que sí existen son insalvables, porque se fundamentan en regresar a esa manera de vivir en desigualdad, a través de un supuesto capitalismo que sólo es de cuates y, tristemente, de cuotas.
El año que concluye en unos días tiene indicadores económicos históricos, más después de tres años de pandemia, que también reflejan un cierre de la brecha de desigualdad, uno de los principales lastres de cualquier nación que desea prosperar.
Puede que no compartamos qué significa ser felices, pero sí podemos identificar con claridad lo que es vivir bien. Y no me refiero a las posesiones materiales, sino a las circunstancias en las que podemos desarrollarnos y alcanzar todo el potencial personal y familiar que tenemos.
Falta tramo por recorrer, porque una de esas coincidencias generales es que merecemos vivir en paz y con tranquilidad, pero avanzamos y eso es mucho más de lo que habíamos tenido en, al menos, dos décadas.
En disminuir la violencia, cada uno de nosotros tiene un papel indispensable que no asumimos con regularidad y empieza con rechazar cualquier acto de agresión, de donde venga, por menor que parezca. Una de las características de la inseguridad es que se expande si la sociedad no reacciona, y la violencia si no la frenamos, escala.
Si nos preguntamos qué podemos hacer para 2024, sugiero tres acciones inmediatas: denunciar cualquier falta administrativa y delito, evitar cualquier acto de violencia hacia otra persona (no importa qué tan enojados u ofendidos estemos) y deshacernos de las armas de fuego que tenemos a la mano.
Nos hemos hecho permisivos, incluso justificamos la violencia cuando la podemos ejercer para someter a otros. Reaccionamos con furia y perdemos los estribos cuando se supone que estamos en el bando de los buenos, más en temporadas de fiestas y si abusamos del alcohol o de alguna droga. Y, finalmente, engrosamos la cifra de delitos de alto impacto al mal usar un arma de fuego en contra de alguien para demostrar un poder que le arrebatamos a los mismos que lo emplean para lastimarnos.
Recordar, que somos nosotros los que impulsamos los cambios y que el destino del país se encuentra, como nunca, en las manos de las y los mexicanos, podría darle un impulso para que continuemos, con mayor esfuerzo, la pacificación del país, por medio de un nuevo comportamiento civil en el que le plantemos cara a quienes se benefician de la agresión y a quienes consideran que dividirnos es la mejor manera de recuperar lo que estiman perdido.
En lo personal, creo, ésa es una apuesta equivocada. Somos una sociedad que ha conquistado un lugar en la toma de decisiones y está protagonizando un cambio de época que era necesario. Por ahí debemos seguir para construir una nueva realidad, próspera y justa. Eso, pienso, es lo que hará posible que cada uno sea feliz tal y como piensa que puede serlo. A todas y a todos, bendiciones, salud y armonía; que estas fiestas sean también un inicio de todo lo bueno y lo correcto. Felicidades.
