El significado de la solidaridad
Dar lo que sobra es caridad; dar lo que necesita otra persona para estar mejor, eso es solidaridad. Hace dos días se celebró el Día Internacional de la Solidaridad y es una efeméride que nos debe motivar a convertirnos en personas que estemos preocupadas por el destino ...
Dar lo que sobra es caridad; dar lo que necesita otra persona para estar mejor, eso es solidaridad. Hace dos días se celebró el Día Internacional de la Solidaridad y es una efeméride que nos debe motivar a convertirnos en personas que estemos preocupadas por el destino de quienes nos rodean, pues no hay una mejor forma de construir una sociedad próspera que compartir con generosidad con aquellos que se encuentran cerca de nosotros.
Uno de los grandes retos de nuestro tiempo es la desigualdad y los problemas que ocasiona por la enorme brecha que se abre entre quienes pueden resolver sus necesidades y aquellos que deben pelear todos los días por sobrevivir con apenas lo indispensable.
La libertad auténtica podría ser la que le da la oportunidad a cualquiera de prosperar, por lo que quien decide no crecer cuenta con el mismo derecho que la persona que busca ser más y tener más, a partir de su esfuerzo y su preparación. El centro de ese modelo de sociedad está en que esas opciones y oportunidades están a la mano para quien las busca (en muchas teorías también lo llaman democracia) y son los méritos los que prevalecen sobre los privilegios.
En ese sentido, esta semana fue el aniversario del Consejo Nacional de Población (Conapo) y los números que informa no son nada optimistas: el bono demográfico en México se ha agotado y el declive en natalidad es el más pronunciado de la historia reciente. Pasamos de familias de casi siete hijos a menos de dos por hogar, mientras que la mayoría de las mujeres en el rango de edad para convertirse en madres, han determinado no hacerlo.
Dejemos a un lado las implicaciones económicas de la falta de menores de edad que, eventualmente se convertirán en adultos que trabajan y cotizan a la seguridad social (lo que pone en entredicho las pensiones de muchas y muchos de los lectores que ponen atención a este artículo) y enfoquémonos en ¿por qué los jóvenes no quieren convertirse en madres y padres?
Una de las respuestas, difícil de aceptar, es que les hemos hecho casi imposible a las y los jóvenes tener acceso a las herramientas que permiten construir una familia. Vivienda cara (y mala), incertidumbre laboral, bajos sueldos, y costos que nunca tuvieron nuestros padres y abuelos para costear a un nuevo integrante de la recién formada pareja, son la norma en sus vidas.
Soy padre de tres extraordinarios adultos jóvenes y he visto los desafíos que han encontrado para formar familias y consolidar una trayectoria profesional que se una a las expectativas personales que tienen. Encuentro pocas diferencias entre mujeres y hombres en el aspecto de que el mismo sistema que hemos construido les da pocos incentivos para seguir nuestro camino, mucho menos el de sus abuelos.
En ese conjunto de diferencias, sin embargo, identifico una gigantesca coincidencia: la solidaridad. Redes de apoyo familiar y social que siguen funcionando a pesar de todo. Mujeres y hombres que acuden en ayuda de sus seres queridos y los arropan con todo lo que tienen a la mano para mantenerlos unidos a núcleos en los que la confianza y el cariño siguen siendo los únicos requisitos.
Faltan niñas y niños, pero al mismo tiempo, también falta vivienda accesible, trabajos estables y salarios dignos. Eso es lo que debemos modificar.
Dejar un legado a quienes nos importan y formar una nueva generación que reciba un mundo con mejores perspectivas que el recibido por nosotros es uno de los grandes significados de la existencia, no importa la época de la que hablemos. Hoy las políticas gubernamentales en México se dirigen a construir vivienda para la juventud, eliminar la subcontratación en todas sus variantes y mantener sueldos por arriba de la inflación. Tal vez eso, y el tiempo que podemos dedicar nosotros a convencer a las y los jóvenes, hará que México vuelva a ser un país de familias —en todas sus modalidades— que nos fortalezca como la sociedad solidaria en la que las redes de apoyo más fuertes son aquellas que nacen en los hogares. Estas fiestas son un ejemplo, así que disfrutémoslas pensando en cómo aportaremos para un mejor futuro. A todas y todos nuestros lectores, bendiciones y los mejores deseos para este 2025.
