Construir un referente

Uno de los propósitos más importantes que podemos establecer en nuestra vida es dejar un legado que haga una diferencia para bien. Científicamente, hemos comprobado que somos una especie que persigue objetivos a partir de dos procesos mentales que no se repiten en la ...

Uno de los propósitos más importantes que podemos establecer en nuestra vida es dejar un legado que haga una diferencia para bien. 

Científicamente, hemos comprobado que somos una especie que persigue objetivos a partir de dos procesos mentales que no se repiten en la mayoría de los seres vivos del planeta. Uno, es la capacidad de soñar, y el otro, la capacidad de guiar nuestra conducta a través de ideales y principios.

El primero, crea ilusiones que alimentan el deseo de lograr, de experimentar, y de hacer posible algo que no existía. El segundo, es hacerlo de una manera irreprochable, que pueda servir como modelo para que otros hagan lo mismo y de la manera en que resultó un éxito.

Ahora que está de cierta moda Napoleón, vale la pena recordar una de sus famosas frases: “La victoria es siempre del más perseverante”. Trazar cualquier camino es una tarea llena de esfuerzo y de planeación, aunque también de esperanza. Buscamos que nos vaya bien, no sólo porque consideramos merecerlo, sino por el deseo humano de no vivir en vano. Cuando formamos familias o relaciones duraderas, modificamos ese deseo y lo dirigimos al bienestar de quienes nos importan, lo que permite que nos esforcemos para alcanzar el bien general.

En muchas ocasiones, ese legado representa ver el crecimiento de los hijos, disfrutar de la alegría de los nietos, convivir con amigos y rodearnos de una existencia cómoda y apacible. En otras, construimos cosas para los demás.

Mi camino inició en la iniciativa privada, en un negocio familiar que mi abuelo y mi padre habían edificado con mucho esfuerzo y talento. Aprendí mucho en ese campo y luego me correspondió continuar con esa empresa y algunas otras. Gracias a otro amigo, mentor y consejero, tomé la decisión de dedicarme a contribuir con la atención de víctimas del delito y a recuperar la paz que la violencia nos había arrebatado a todos. Fueron años en los que tuve la oportunidad de encabezar una organización civil que hizo mucho bien a la sociedad de la Ciudad de México. De ahí, formamos un nuevo órgano ciudadano para prevenir el suicidio y atender a quienes necesitaban ayuda psicológica y emocional. Hasta que recibí la invitación para incorporarme a un ámbito para mí desconocido: el servicio público.

Con un grupo formidable de mujeres y hombres, ya habíamos comprobado que, si hacemos lo que nos toca, los buenos podemos ganarle a los que no lo son tanto en cada ocasión. Hace dos años, fui nombrado comisionado del Servicio de Protección Federal, una institución noble, profesional, honorable y llena de gente valiosa. Es uno de los grandes privilegios que me ha tocado y, por ello, estaré siempre agradecido con la secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana, Rosa Icela Rodríguez Velázquez.

A través de su liderazgo hemos transformado nuestra institución en un referente en la custodia y en el resguardo de inmuebles federales y de personas. Este año, registraremos como órgano desconcentrado ingresos y facturación sin precedentes; además de haberle ofrecido un empleo digno y estable a miles de mujeres y hombres en todo el país.

El viernes, el Servicio de Protección Federal cumplió XV años, los primeros de muchos más, con una situación financiera sana, las mejores prácticas y una convicción para seguir contribuyendo con la pacificación del país. Con orgullo, por el desempeño de más de 15 mil integrantes que forman parte de Protección Federal, puedo compartir que tenemos los cimientos de lo que podrá seguir siendo una gran institución, cumpliendo las instrucciones que nos encomendó el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.

A todas y todos mis compañeros, mi más amplio reconocimiento por su trabajo pasado y presente a favor del Servicio de Protección Federal. Seguiremos trabajando para crecer todavía más y alcanzar el enorme potencial que tenemos. A nuestros contratantes, que son las instituciones más sensibles para la ciudadanía (hospitales, clínicas, edificios administrativos, sucursales del Banbienestar, entre otras), gracias por su confianza.

Es frecuente que nos recomienden no mirar por mucho tiempo al pasado; sin embargo, de vez en cuando, enriquece bastante poder voltear y ser testigo de que, juntos, con una meta en común, podemos hacer posible —y buena— cualquier tarea, por difícil que parezca. El Servicio de Protección Federal es un ejemplo.

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