Consentimiento

Escuché, recientemente, una interesante intervención acerca del consentimiento social de los delitos y cómo esta tolerancia se transforma en una bola de nieve que termina destruyendo nuestra convivencia. Ya había sido testigo de este fenómeno hace varios años cuando ...

Escuché, recientemente, una interesante intervención acerca del consentimiento social de los delitos y cómo esta tolerancia se transforma en una bola de nieve que termina destruyendo nuestra convivencia.

Ya había sido testigo de este fenómeno hace varios años cuando tuve la oportunidad de estar al frente de una organización civil dedicada a la atención de víctimas de la delincuencia.

En ese momento, y ahora, lo explicábamos de la siguiente manera: tirar un papel a la calle manda un poderoso mensaje de descuido que, si se extiende a una bolsa de basura que deja una noche un vecino, se amplifica en una luminaria fundida, que le da oportunidad a un ladrón de autopartes de robar con mayor facilidad, para que después opere un par de asaltantes y así continúe... gracias a la resignación de todos en conjunto.

Muchas veces he leído críticas poco fundamentadas acerca de la utilidad de reunirse cada mañana para analizar la incidencia delictiva y, en cada ocasión, confirmo que es una estrategia indispensable para ayudar a que la tranquilidad regrese al país.

El mecanismo no es nuevo, pero sí muy eficaz y se le ha denominado Mesas de Paz, una réplica en los 32 estados del país de la reunión diaria del Gabinete de Seguridad del Gobierno de México, en la que se detallan y comparten las incidencias del día anterior y de la madrugada.

La sola presencia de los tres niveles de gobierno de los representantes de las instituciones de seguridad, hace que hasta los detalles mínimos que suceden en las calles sean tocados en un espacio donde todos los que acuden son corresponsables y tendrán que rendir cuentas pronto de la parte que les toca atender y solucionar.

Revisar desde el estado de la infraestructura pública, hasta la puesta a disposición de probables responsables, hace que la información circule y ésta es un insumo básico para tomar decisiones correctas. Además, permite socializar hechos que, de otra manera, quedarían en privado o podrían arreglarse, o no, en “corto”. 

Dentro de las teorías que analizan la seguridad en las sociedades, hay dos que tienen un enorme reconocimiento y las Mesas de Paz logran unir. La primera es la conocida como de “Ventanas Rotas” y recomienda la cero tolerancia con las faltas administrativas que deterioran la calidad de vida en las calles (aplicada notoriamente en los años 90 en Nueva York) y la de, precisamente, reportar avances y resultados de manera constante por parte de la autoridad para medir lo que se está haciendo y mejorar (accountability, en inglés).

Tal vez, el elemento que podría complementar este ejercicio de prevención, atención y reacción, es un aumento en la denuncia ciudadana y una participación activa de los vecinos para no consentir nada de lo que nos molesta y afecta, para impedir el mínimo espacio a la delincuencia.

Un principio del crimen, nos guste o no aceptarlo, es la tolerancia social a quien lo comete, por miedo o indiferencia. El primero es una herramienta que el delincuente usa y manipula hasta volverlo pánico (de ahí el temor a represalias), pero la pérdida de interés es provocada completamente por nosotros. Y contar nuestras quejas cotidianas en redes sociales no es una contribución a que los problemas se arreglen, es un inicio, sin embargo, podemos llevar nuestro derecho ciudadano a ser atendidos a un nivel superior.

Organizarnos bien, siempre mejor que quienes buscan hacernos daño, demanda actuar sin consentimiento alguno de cualquier delito o daño al espacio público, que es espacio de todos.

Si sabemos o vemos algo irregular, la obligación es denunciarlo a las autoridades y tomarnos el tiempo para darle seguimiento hasta que se resuelva.

Una mesa de paz, por escribirlo así, ciudadana que funcione como una asamblea vecinal permanente que evalúe no sólo a la autoridad, sino las aportaciones de cada habitante de la comunidad a la paz general y a una vida en armonía y respeto.

Con eso podríamos evitar que la bola de nieve se forme, disminuiríamos la desconfianza y la desidia, para darle paso a una sociedad participante, involucrada y comprometida.

Existen muchos modelos de organización que promueven las autoridades, faltaría uno que impulsemos entre todos que pueda articularse con esa revisión de metas y objetivos. Los gobiernos están obligados a informar y cumplir sus compromisos; los ciudadanos a influir en las decisiones adecuadas y a normar su conducta y principios de comportamiento. 

Una sociedad siempre debe tener un buen gobierno, pero un gobierno también necesita contar con la mejor versión de su sociedad, y esa es aquella que no encubre, protege, tolera, ni glorifica a nadie que sea capaz de hacerle daño.

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