La izquierda y su justificación

No hay semana que pase sin que yo quede impresionado con algo que la “izquierda” implementó o con algún acto de corrupción o cualquier otro tema con el que se salgan con la suya, porque tienen convencido a un séquito importante manada tal vez sobre que, porque la ...

No hay semana que pase sin que yo quede impresionado con algo que la “izquierda” implementó o con algún acto de corrupción o cualquier otro tema con el que se salgan con la suya, porque tienen convencido a un séquito importante (manada tal vez) sobre que, porque la autollamada “izquierda” lo hace, debe estar justificado sea lo que sea. Sean modificaciones legales que limiten los derechos individuales, sea la limitación de fondos públicos o privados para algo o hasta defender el terrorismo fundamentalista en Oriente Medio. Todo está bien si es por parte de la izquierda. Al respecto algunas reflexiones:

La primera es la necesidad que existe para que el relato izquierdoso funcione depende de varias cosas. Esto no me lo invento yo, está escrito por varias personas y corroborado por exagentes de la KGB (vea usted los videos de Yuri Bezmenov fácilmente encontrables en YouTube). Se requiere una sociedad dividida o fácilmente divisible en diversos temas, ricos contra pobres, blancos contra negros, mujeres contra hombres, heterosexuales y homosexuales; etcétera. Donde unos tengan que quitarle algo a los otros para poder tener más justicia social.

Ese mismo “pueblo” o colectividad debe ser lo suficientemente pobre para depender del gobierno. Por eso las izquierdas odian y destruyen a los niveles socioeconómicos medios. Porque cuando la gente tiene patrimonio y estabilidad, lo que buscará es conservarlo buscando estabilidad y una economía más sana. Ésta es la razón por la que, en la mayoría de las sociedades avanzadas del mundo, la extrema “izquierda” no tiene mucho éxito. O como en el caso de España, Zapatero entendió que el desarrollo español era tal que había que volver a dividir a España con una política de resucitar viejos rencores, que a la fecha le han funcionado a la izquierda.

La segunda cosa importante en el relato es tener a un fantasma vivo dentro de las sociedades. A eso se le llama extrema derecha o fascismo. Es paradójico pensar que después de la Segunda Guerra Mundial el fascismo real (no el que le dicen que hay) desapareció de la faz de la Tierra (salvo alguna excepción que confirme la regla); sin embargo, la extrema “izquierda”, el comunismo sobrevivió a dicha guerra y sigue vigente en el mundo.

Pero dentro del relato, la extrema derecha está muy viva, los fascistas están por ahí, apertrechados, escondidos y esperando su oportunidad para regresar y quitarnos los derechos y libertades que la “izquierda” nos ha dado. Para ello, el fascista se ha vuelto difícil de describir o identificar. Se ha movido la ventana de Overton para considerar de extrema derecha hasta lo que era considerado “centro” hace diez años. Vea usted cualquier discusión en Twitter entre franceses, españoles, argentinos y mexicanos, donde constantemente y, ante algún acto negativo de la “izquierda”, la respuesta es: por lo menos no gobierna la derecha.

La tercera cosa importante es controlar las narrativas en términos de cómo va la situación de un país. Si el crecimiento no es el óptimo, hay que cambiar la percepción. Si se exhibe la corrupción, hay que buscar un enemigo externo, el favorito de todos los regímenes izquierdosos es culpar a Estados Unidos, no importa qué tan lejos o cerca esté.

Esto será un círculo vicioso mientras no exista mejor educación, barreras de entrada a la democracia (sí, ya sabe usted que yo soy de la idea de que hay que estar calificado para votar y ser votado) y que el liberalismo económico y sus exponentes entiendan que los datos, positivos o negativos, no son suficientes para convencer a los países y sus pueblos a votar por ellos. Se requiere apelar a las emociones y sentimientos como lo hacen sus adversarios.

Esto me recuerda a la palabra “neoliberal”. El populismo se ha dedicado a desprestigiar una palabra que no era mala. A los neoliberales les dio igual esa campaña de desprestigio, pensando que los resultados económicos serían suficientes para revertir el ataque. No fue así, hoy decirle neoliberal a alguien es un desprestigio consentido por los propios neoliberales. Moraleja, una estrategia de comunicación es fundamental.

Temas: