Las cosas por su nombre
El lenguaje político se ha visto devaluado por palabras vacías, corrupción lingüística y tiempos políticos mal medidos por los propios políticos.

Luis F Lozano Olivares
Avvocato del Diavolo
A Maite con amor y admiración por el reto de mañana.
La sociedad mexicana ha madurado mucho en los últimos años y ya no es tan fácil de engañar. A veces pienso que los políticos que tenemos son los que no han madurado. Cuando escucho discursos de políticos, mientras más sé del tema del que hablan, más se nota la falta de preparación del discurso y la superficialidad con la que se tratan muchos asuntos de la agenda pública, con honrosas excepciones. En otros casos, no pocos desafortunadamente, los políticos utilizan una retórica antiquísima que no coincide con la madurez o el conocimiento de quien lo escucha; estos políticos lo hacen porque son viejos y añoran aquellos tiempos, aunque, por desgracias hay políticos jóvenes que creen que así es la política.
El lenguaje político se ha visto devaluado por palabras vacías, corrupción lingüística y tiempos políticos mal medidos por los propios políticos. Un ejemplo de ello es la facilidad con la que diputados de izquierda solicitan la renuncia de funcionarios federales, aunque estos lleven semanas en sus funciones; lo hacen tantas veces que ya pierde el impacto que tiene, en cualquier otra democracia, una solicitud de ese tipo.
Pero cuando un funcionario público sale a declarar que un ataque con armas largas de grupos de autodefensa a una ciudad tomada por un cártel, la explosión de gasolineras y de instalaciones de la CFE, son un acto de “vandalismo” en un estado que lleva muchos años tomado por el crimen organizado, es francamente intolerable. Es decir, ¿de pinta de paredes a volar instalaciones de la CFE es vandalismo?
Hay una muy delgada línea entre comunicar bien y con dimensiones correctas lo que sucede y el maquillar actos que sobrepasan la racionalidad de manera evidente porque eso tiene el objetivo de engañar. En el momento en que se perciba el engaño, la confianza desaparecerá en un país donde no se le cree al gobierno, casi por religión, y esto es mucho peor que centrarse en el tema de la inseguridad. Al menos, con el gobierno pasado estábamos seguros de que el tema estaba del carajo, ahora ante el evidente propósito de manejar la información podemos caer en la incertidumbre, que es mucho peor. Los gobiernos de México no se enteran de que el desarrollo consiste, en mucho, en dar certidumbres.
No centrarse en los temas de seguridad pública cotidianos, tiroteos esporádicos o detenciones es muy distinto a no dimensionar lo que para todos es claro y es que Michoacán es un Estado fallido. El gobierno (local y federal) parece un alcohólico que no quiere reconocer que tiene un problema y eso asusta. Parece que la aceptación del problema es el primer paso para su solución.
No entiendo esa necedad intrínseca del mexicano de alargar y, de paso, agravar las cosas. La Constitución prevé estas circunstancias; apliquen el artículo que corresponda y tomen el control de las cosas. Si lo que les preocupa es la imagen de México, yo les diría que la imagen no es buena de todas formas y que hoy en día la opinión pública mundial valora mucho la acción ante un problema y detesta la omisión por guardar apariencias.
Honor a quien honor merece
El delegado de Cuajimalpa, Adrián Rubalcava, trabaja a través de las redes sociales utilizando Twitter para recibir peticiones, quejas y solicitudes y para ordenar e instruir soluciones. Me pareció muy buen servicio la semana pasada cuando le pedí que verificara una obra y sólo tardaron dos días en levantar la verificación. Sin duda es un funcionario eficiente y da un uso ingenioso a las redes sociales.
*Abogado y opinante
Twitter: @LlozanoO