Pueblo versus antipueblo

Faltar a la cita (del Zócalo) tenía un costo: según relataron varios de los concurrentes, fueron coaccionados para asegurar su presencia: se pasó lista con objeto de descontarle una parte de su salario a quien no estuviera en la celebración. Esta vez no hubo bloque negro que agrediera a la policía o causara destrozos en establecimientos o monumentos.

Los asistentes a la concentración convocada por la presidenta Claudia Sheinbaum llegaron al Zócalo sin problema alguno. No sólo tuvieron libre acceso, sino arribaron en los autobuses que se les facilitaron para tal fin. Además, se les proporcionaron gorras, banderas, tortas y refrescos, hospedaje en hotel a los que venían de otras ciudades, y se les entregó una cantidad de dinero como premio a su disciplinada asistencia: a falta de convicción, remuneración.

Faltar a la cita tenía un costo: según relataron varios de los concurrentes, fueron coaccionados para asegurar su presencia: se pasó lista con objeto de descontarle una parte de su salario a quien no estuviera en la celebración. Esta vez no hubo bloque negro que agrediera a la policía o causara destrozos en establecimientos o monumentos. Ese bloque nunca ha aparecido en los actos del gobierno.

No hubo granaderos detrás de las vallas que arrojaran gases lacrimógenos o gases pimienta a los participantes. No se detuvo a uno solo de éstos. La bandera nacional ondeó, majestuosa, en su asta: cómo no iba a ser izada en el séptimo aniversario de la 4T. El lábaro patrio por ningún motivo podía faltar al festejo.

En la fiesta en que se celebraba a sí misma, la doctora Sheinbaum proclamó que ni la alianza con la derecha internacional ni las mentiras de los comentócratas ni las campañas en contra vencerán al pueblo de México ni a su Presidenta. Detengámonos en este punto. ¿Quiénes son los integrantes del pueblo? De acuerdo con el discurso de la titular del Poder Ejecutivo, los críticos de su gobierno sirven a intereses malignos, mientras el pueblo, invencible, está con ella, asimismo invencible.

Pueblo versus antipueblo. Quienes manifiestan su inconformidad por la alta incidencia de desapariciones —homicidios dolosos casi todos ellos— y de extorsiones, la falta de respuesta a la petición de apoyo del alcalde Carlos Manzo, el altísimo porcentaje de impunidad, la protección a los delincuentes cuando son del bando oficial, la fabricación de culpables, la destrucción del sistema de salud, el desabasto de medicamentos, la degradación de la educación básica, la devastación de la selva maya, el exterminio de las instituciones democráticas, el fin de la división de poderes… tales réprobos no merecen siquiera ser escuchados porque son conservadores, derechosos, fachos, neoliberales, corruptos o todo eso junto.

No son parte del pueblo bueno. Sus críticas los descalifican. Al gobierno del pueblo se le aclama, se le aplaude, se le vitorea, o se es traidor a la patria. Porque ¿qué verdadero patriota no puede rendirse de admiración por el expresidente, por Hugo López-Gatell, Adán Augusto López, Andy López Beltrán, Martí Batres, Mario Delgado, Marx Arriaga, Rubén Rocha Moya, Alejandro Gertz Manero, Ernestina Godoy, Rosario Piedra, Arturo Zaldívar, Lenia Batres, Yasmín Esquivel, Cuauhtémoc Blanco, Félix Salgado Macedonio, Pedro Salmerón, Gerardo Fernández Noroña, Layda Sansores, entre otros próceres impolutos, gente finísima, patriotas indiscutibles?

Por eso, porque no son parte del pueblo bueno, a los manifestantes del 15 de noviembre se les obstaculizó el acceso al Zócalo, se les negó la bandera nacional, se les arrojaron gases lacrimógenos y gases pimienta, se les llamó manipulados, se calculó su número de 17,000 a pesar de que en su marcha las calles de Reforma estaban llenas desde el Ángel de la Independencia hasta 5 de Mayo, se apaleó a varios de ellos, se exhibieron los nombres de los convocantes poniéndolos en riesgo. La Presidenta no los consideró pueblo porque no son sus feligreses.

Se habla mucho de que el país está polarizado. Pero desde el púlpito palaciego la Presidenta, como su antecesor, infama a los opositores, a los críticos, a los que no se arrodillan ante el gobierno. Quienes tienen un espacio para responder se defienden de esas agresiones verbales. Hay peores agresiones. La Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) ha sido usada como espada de Damocles contra personajes que incomodan al gobierno. Responder a esos ataques no es polarización: es legítima defensa.

He sentido a veces, desde que gobierna la 4T, la tentación de la desesperanza. Pero mientras sigan manifestándose connacionales como los que marcharon el 15 de noviembre, no todo está perdido. Nadie podría negar que las batallas por venir son difíciles y desventajosas. Pero, por decirlo con las palabras de Ignacio Ramírez El Nigromante, indigno es de la lid quien se amedrenta.

Temas: