Una prueba insoslayable

Un hombre golpea con saña a una mujer, la jala del cabello con furia, la empuja y la derrumba, le aprieta el cuello con las dos manos, no se detiene ante la presencia de un niño. La alevosa agresión quedaría en la impunidad, como tantas otras en que las mujeres son víctimas de varones energúmenos, pero en esta ocasión se cuenta con un video en el que se exhibe el bárbaro ataque.

El golpeador no es cualquier ciudadano. Es nada menos que el exdirector de Pemex, el mismo que era titular de la empresa cuando ocurrió —y se ocultó durante casi dos meses— el derrame de crudo que desde marzo contaminó las costas de Tabasco, Veracruz y Tamaulipas. La mujer agredida es su esposa.

El video es una prueba contundente. Si aún no lo ha hecho, la Fiscalía de Justicia del estado de Morelos debe solicitar inmediatamente la orden de aprehensión contra el maltratador y la autoridad judicial debe ordenar que se le aprehenda. Esta vez la Presidenta no ha podido defender al agresor como defendió a Cuauhtémoc Blanco. Esta vez la prueba incriminatoria es irrefutable. Es una lástima que no existan videos que muestren las conductas por las que fueron denunciados el exfutbolista del América y Félix Salgado Macedonio.

Salgado Macedonio fue defendido con inaudita vehemencia por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, obstinado en hacerlo gobernador de Guerrero. Blanco fue defendido por la doctora Claudia Sheinbaum y por diputadas de Morena, del PRI, del Partido Verde y del Partido del Trabajo que votaron contra su desafuero al ominoso grito de “¡No estás solo, no estás solo!”.

La salvaje golpiza de Víctor Rodríguez Padilla contra su mujer es muy grave, pero más graves aún son las conductas por las que han sido denunciados Salgado Macedonio y Blanco. A los dos se les acusa de delitos que se cuentan entre los más repugnantes que la ruindad puede soportar: el examericanista fue denunciado por tentativa de violación en agravio de su media hermana y el exalcalde de Acapulco por violaciones consumadas en agravio de dos mujeres. Lejos de ser sometidos a proceso, ambos disfrutan de privilegios propiciados por el partido en el poder: Salgado es senador de la República, Blanco es diputado federal.

Me detengo en el caso de Cuauhtémoc Blanco porque fue defendido por la Presidenta. La Fiscalía de Justicia de Morelos consideró que hay elementos que justifican la acción penal en su contra pero, debido al fuero que protege al exjugador, para ejercerla se requiere de la acción de procedencia por parte de la Cámara de Diputados.

Una mujer, una sola, pudo cambiar el resultado de la votación. Las legisladoras y los legisladores oficialistas invariablemente votan en el sentido que se les indica desde la Presidencia de la República. La Presidenta sabía, dada la incondicionalidad de sus legisladores, que una sola palabra suya hubiera bastado para que el exfutbolista y exgobernador del estado de Morelos fuese desaforado. No solamente no la pronunció, sino que, una vez que el asunto se había decidido en la Cámara de Diputados, defendió el resultado de la votación: “¿De dónde viene la denuncia que le hacen al exgobernador?”. Ella misma respondió: “De un encubridor de feminicidios con muchos casos de corrupción”.

No especificó ninguno de esos casos de corrupción. Pero, independientemente de su opinión sobre el fiscal general de Morelos, se equivocó al responder su propia interrogante. La denuncia no “venía” de ese fiscal, sino que fue presentada por la media hermana de Blanco. Y en la Cámara de Diputados no se resolvía acerca de la inocencia o la culpabilidad del denunciado, sino solamente si se le retiraba la inmunidad parlamentaria para que fuera sometido al procedimiento correspondiente. La Presidenta aseguró cuando se iniciaba su gobierno: “No llego sola, llegamos todas”. La realidad ha mostrado que no, que no llegaron todas.

Ahora se cuenta con una prueba del tamaño de una montaña rusa. El video muestra el feroz ataque de Víctor Rodríguez Padilla contra su cónyuge. Sería escandaloso e inaceptable que ese delito quedara impune. La cámara, testigo silencioso pero elocuente, ha captado y mostrado la prueba que no se puede soslayar.