El país que anhelo

Que los juzgadores sigan siendo elegidos por su trayectoria profesional, su preparación, su independencia de criterio, su honestidad, y no en concursos de popularidad que no garantizan la idoneidad para desempeñar la delicadísima tarea de juzgar y defender los derechos humanos contra los atropellos de las autoridades.

No diré en esta nota, en acatamiento a la veda electoral, por cuáles candidata y candidatos votaré el próximo domingo, pero apuntaré sucintamente las características del país que anhelo.

Quiero que México no sólo conserve su imperfecta democracia, sino que las imperfecciones de nuestro régimen democrático se vayan enmendando gradualmente y vayamos construyendo una democracia de cada vez mejor calidad.

Que la división de poderes se respete plenamente, lo que supone que no exista presión alguna sobre jueces, magistrados y ministros para orillarlos a dictar sus resoluciones, no con fundamento en la ley y con sustento en las pruebas, sino obedeciendo intereses ilegítimos.

Que los juzgadores sigan siendo elegidos por su trayectoria profesional, su preparación, su independencia de criterio, su honestidad, y no en concursos de popularidad que no garantizan la idoneidad para desempeñar la delicadísima tarea de juzgar y defender los derechos humanos contra los atropellos de las autoridades.

Que nuestros legisladores cumplan con su misión de legislar analizando a profundidad cada iniciativa, escuchando los argumentos en pro y en contra, y no sometiéndose a los designios o caprichos de los gobernantes.

Que los organismos electorales cuenten con los recursos suficientes para desempeñar sus funciones, y sus integrantes sean los más capaces, sin militancia partidaria, y no elegidos en las urnas, pues el árbitro no debe ser nunca el que decida la porra mayoritaria.

Que el juicio de amparo, lejos de menguar su fuerza protectora de los gobernados, aumente su eficacia como instrumento para defender los derechos humanos.

Que nuevamente la Comisión Nacional de los Derechos Humanos sea un auténtico ombudsman —ombudsperson se le llama ahora a la institución por usar un lenguaje incluyente—, autónomo, enemigo de los abusos de poder sin importar el color político de la autoridad que los cometa.

Quiero que la libertad de expresión se pueda ejercer en todos los medios, con los únicos límites que marca la Constitución, sin que en ningún caso quien la ejerza sea objeto de represalia alguna.

Quiero que todos los mexicanos disfruten de un sistema de salud cuya atención sea de calidad y calidez, y proporcionada con prontitud; que nunca más vuelva a morir un niño con cáncer por falta de medicamentos, y que nuestro país vuelva a ser ejemplo en el mundo en vacunación infantil.

Quiero que la educación pública básica se transforme profundamente; que deje de inyectarse odio, resentimiento y basura ideológica a niños y adolescentes, y que se vuelva a los libros de texto elaborados por expertos; que no haya escuelas sin agua o electricidad; que los alumnos reciban una educación avanzada, acorde con los avances científicos y tecnológicos, en la que no se descuiden los valores, la formación humanística y la visita a los mejores autores de la literatura universal; que aprendan inglés; que cuenten con tabletas (la RAE prefiere este término al usual de tablet).

Quiero un país en el que ya no estén muchas de sus comunidades sojuzgadas por el crimen organizado, un país en el que los homicidios, las desapariciones forzadas, los secuestros, los asaltos y las extorsiones dejen de tener la altísima incidencia que tienen hoy en día.

Quiero ministerios públicos eficaces, ágiles, que logren poner a disposición de los jueces a un alto porcentaje de autores y partícipes de delitos graves, y ya no incurran en la infame práctica de las falsas acusaciones que tanto daño han causado a personas inocentes.

Que no haya una sola familia cuyos ingresos no alcancen para adquirir la canasta básica, que todos tengan una alimentación nutritiva y condiciones dignas de vida.

Que se tomen de inmediato las medidas indispensables para combatir la escasez de agua y la contaminación atmosférica, problemas complicados, pero no irresolubles.

Que nunca más se destruya una selva o un bosque en aras de una obra. Devastar esos hábitats por motivos económicos equivale a quemar un cuadro de Botticelli para hacerse de unos trozos de leña.

Quiero un país en el que los gobernantes no injurien a nadie por sus ideas, su militancia política, su postura crítica ante actos u omisiones del gobierno; que los gobernados no sean divididos desde el poder en pueblo bueno y antipueblo; que desde el poder se escuche, no se humille; que la bandera mexicana vuelva a ondear para todos.

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