Biden, Cronos y Kamala
Me veo prospectivamente en el espejo de Biden. Habré de dejar mis clases el día que la prudencia —esa señora que no siempre nos asiste— así me lo aconseje. Me gustaría que mis alumnos me recordaran —vanidad de vanidades— como un gran profesor. El riesgo estriba, ¡gulp!, en que la merma de la capacidad de discernimiento no me permita darme cuenta de que ha llegado el momento
Con lo joven que yo he sido siempre…
y mira dónde he ido a parar.
Fernando Savater (Carne gobernada).
Me daba pena observar los desatinos, las confusiones, los silencios, la turbación, las vacilaciones, las ausencias mentales de Joe Biden, síntomas, todos ellos, de la vulnerabilidad que suele escoltar despiadadamente a la vejez. Cronos no tenía clemencia con el presidente del país más poderoso del mundo; por el contrario, se ensañaba exhibiendo una y otra vez sus debilidades ante millones de miradas.
Los tropiezos de Biden contrastan con sus logros en la Presidencia de su país, los cuales él mismo enumeró en su mensaje de despedida: “Hoy, Estados Unidos tiene la economía más fuerte del mundo. Hemos realizado inversiones históricas para reconstruir nuestra nación, reducir los precios de los medicamentos recetados para las personas mayores y ampliar la atención médica asequible a un número récord de estadunidenses. Hemos brindado atención necesaria a un millón de veteranos expuestos a sustancias tóxicas, aprobado la primera ley de control de armas en 30 años, y nombrado a la primera mujer afroamericana para el Tribunal Supremo [Ketanji Brown Jackson]. También hemos aprobado la legislación climática más importante de la historia”. Además, su apoyo a la invadida Ucrania ha sido crucial en la resistencia contra la invasión rusa.
“¡Oh, viejo océano —escribió Herman Melville, el inmortal autor de Moby Dick—, quién pudiera cabalgarte de nuevo!”. Sin embargo, como enseña el Eclesiastés: “Todo tiene su tiempo y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”. Es verdad que, como sostiene Borges, la vejez puede ser el tiempo de nuestra dicha, pero no es sensato desconocer que, por decirlo con palabras de Montaigne, “la vivacidad, la prontitud, la firmeza y otras varias cualidades más, importantes y esenciales, son más nuestras cuando jóvenes; luego se agostan y languidecen”.
En la maestría tomamos una asignatura con el profesor más viejo de la Facultad de Derecho, cuyo prestigio se había forjado en sus años de madurez. Cuando fue nuestro maestro ya era otro hombre. Clase tras clase, durante todo el semestre, repitió, sin inmutarse, lo que nos había expuesto en la primera sesión sin agregar una sola palabra. En una ocasión olvidó que nos había concedido el día libre para que pudiéramos hacer “puente” y asistió al aula vacía a esperar a sus alumnos que no llegaron.
El Chicharito Hernández, gran futbolista en sus mejores días, ha vuelto a las Chivas Rayadas a destiempo, y sus actuaciones han sido lamentables. Yo a mi edad ya no aceptaría ser centro delantero del Guadalajara (debo confesar que nunca se me ha ofrecido esa posición ni ninguna otra en el rebaño sagrado). El gran Tin Tan joven devino en un cómico insípido por no retirarse en plenitud. Pedro Infante y Marilyn Monroe son legendarios, en buena medida, porque murieron jóvenes.
Me veo prospectivamente en el espejo de Biden. Habré de dejar mis clases el día que la prudencia —esa señora que no siempre nos asiste— así me lo aconseje. Me gustaría que mis alumnos me recordaran —vanidad de vanidades— como un gran profesor. El riesgo estriba, ¡gulp!, en que la merma de la capacidad de discernimiento que acompaña al avance de la edad no me permita darme cuenta de que ha llegado el momento.
A diferencia de la actitud que suelen adoptar los políticos hambrientos de poder a quienes sólo les importa —advierte Stefan Zweig (Momentos estelares de la humanidad)— ejercerlo como botín y no la opinión de los demás ni su propio honor, Biden tuvo el coraje de admitir que lo mejor para su partido y su país era que se retirara de la contienda. Esa decisión lo honra.
Me gusta Kamala Harris. Su esplendorosa sonrisa casa con su ideario y su trayectoria. En la contienda por la Presidencia de Estados Unidos se enfrentarán un truhán golpista y una mujer que ha desempeñado brillantemente los cargos que ha ejercido, que cree en la democracia, que tiene ideales de libertad y justicia y que, a ojos vistas, rebosa vitalidad y entusiasmo de los que su adversario carece.
Kamala, recordando que fue fiscal general de California y fiscal que litigó en las cortes, dijo: “Combatí a depredadores que abusaron de mujeres, estafadores que engañaron a consumidores, tramposos que rompieron las reglas. Créanme cuando digo que conozco a tipos como Donald Trump. En esta campaña pondré con orgullo mi historial contra el suyo”.
