En las inmediaciones del estadio Monterrey, donde se manifestaban en el marco del Mundial para hacer notar la tragedia de las desapariciones en nuestro país, madres buscadoras fueron sorprendidas por aficionados suecos, quienes las abrazaron cálidamente solidarizándose con su dolor de tener a sus hijos desaparecidos. La foto, publicada por Excélsior el martes 16 de este mes, ha dado la vuelta al mundo.
En la misma edición se publicaron fragmentos de la entrevista de Pascal Beltrán del Río, en Imagen Radio, a Brenda Valenzuela, madre de Carlos Emilio, joven que desapareció el pasado 5 de octubre en Mazatlán, Sinaloa. La mujer se queja: “Hay mucha gente decepcionada de las autoridades, cansada de estar haciendo tareas que corresponden al Estado”. A lo largo de su viacrucis lo único que han percibido los colectivos de madres buscadoras es abandono institucional, indiferencia frente a las desapariciones. La solicitud de reunirse con la presidenta Claudia Sheinbaum no ha recibido respuesta alguna.
El jueves 11, el día de la inauguración del Mundial, la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, avisó que el gobierno investiga a los colectivos de madres buscadoras porque sospecha que recibieron ayuda para trasladarse a la Ciudad de México. “Estamos recabando toda la información para conocer el origen de esos recursos y determinar si existió alguna intención ajena a la legítima exigencia de búsqueda y justicia que encabezan las familias”.
Como advierte Raúl Trejo Delarbre, esa es “una de las declaraciones más torpes y ofensivas pronunciadas desde el gobierno en los años recientes. En vez de localizar a sus familiares desaparecidos, la señora Rodríguez amenaza a las madres buscadoras. En lugar de compartir sus demandas, como tendría que hacer cualquier persona con un poco de sensibilidad y respeto, la secretaria, y el gobierno del que forma parte de manera destacada, encuentran en esos reclamos una conspiración. Toda expresión social que no pueden controlar, los líderes de la llamada 4T la consideran parte de una maquinación en su contra” (Nexos, 16 de junio).
Ni la secretaria de Gobernación ni la Presidenta de la República han mostrado empatía con las mujeres que enfrentan una de las penas más terribles que puede experimentar un ser humano. La Presidenta aprueba la actitud de su colaboradora, que llevaba su advertencia por escrito, seguramente con el visto bueno de la mandataria.
Tampoco han encontrado apoyo esas mujeres en la titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. La señora Rosario Piedra desaprobó que el Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU acordara revisar si las desapariciones forzadas en México —más de 135,000 desaparecidos— ocurren de manera sistemática y generalizada. Le preocupa que la respuesta a los problemas en México sea “la intervención de organismos extranjeros”, lo que —dijo— “atenta contra la soberanía”.
“El solo hecho de que existan —escribió Fernando Escalante Gonzalbo—, el hecho de que se organicen cientos de mujeres que buscan los restos de sus hijos en lotes baldíos, en el desierto, es testimonio de un horror para el que no tenemos palabras. La indiferencia hostil de las autoridades explica sobradamente lo que significan esas madres buscadoras —porque dan la medida exacta de la insignificancia del gobierno—”. Esas madres “a las autoridades les piden si acaso unas palas para su búsqueda, o algo de gasolina, o tan sólo que no estorben, porque no se puede esperar otra cosa. Significa que al Estado no se le puede tener ningún respeto” (México: el peso del pasado, Cal y Arena).
En vez de respaldo, el gobierno amenaza a esas mujeres, más de dos docenas de las cuales —madres, esposas, hermanas, hijas— han sido asesinadas. Esos asesinatos me parecen incomprensibles: ¿el motivo fue que buscaran los restos de sus seres queridos? No me parece incomprensible, en cambio, el proceder hostil del gobierno contra ellas: al régimen de la 4T no le importan los familiares de los desaparecidos ni los desplazados por el crimen organizado ni los jubilados a los que se les redujo retroactivamente el monto de sus pensiones ni los enfermos sin medicinas ni los jueces y magistrados arbitrariamente despedidos que no han recibido sus indemnizaciones ni los niños y adolescentes que acuden a las escuelas públicas en las que la educación se ha degradado con la Nueva Escuela Mexicana: lo que le molesta al régimen es que se exhiban sus pobres resultados y sus abusos.
