Verano 1993

La realizadora española Carla Simón ganó en el Festival de Berlín del año pasado el premio a la mejor primera película Ópera Prima. Aunque ya había filmado cortometrajes también exitosos, Verano 1993 Estiu 1993, España, 2017, filmado en Cataluña y hablado en ...

La realizadora española Carla Simón ganó en el Festival de Berlín del año pasado el premio a la mejor primera película (Ópera Prima). Aunque ya había filmado cortometrajes también exitosos, Verano 1993 (Estiu 1993, España, 2017), filmado en Cataluña y hablado en catalán y que se estrenó en México en un reducido circuito de distribución la semana pasada, es el primer largometraje de Simón y cuenta con numerosos reconocimientos y nominaciones a nivel internacional.

Verano 1993 marca un debut magistral en la carrera de Carla Simón, que vuelca su propia biografía, en particular su niñez, en el retrato espléndido que hace del personaje principal gracias a la actuación excepcional de la pequeña Laia Artigas. Se trata de un estudio profundo sobre el dolor por la pérdida durante la infancia que está muy bien documentado. Cuando los niños sufren tienden a ensimismarse, su duelo nos parece indescifrable y, aunque medie mucho amor, no sabemos cómo ayudarlos.

La historia está contada a partir del personaje central, Frida, una niña de seis años que ya no tiene papá y a la que conocemos cuando su madre acaba de morir de una “misteriosa” enfermedad que, a pesar del prejuicio y el tabú, se asume que fue sida. Ese verano, el de 1993, será totalmente definitivo para Frida, pues de Barcelona, donde vivía con la mamá, sus abuelos y tías, es trasladada al campo con su nueva familia: unos tíos y Anna, su hijita de cuatro años interpretada por Paula Robles, otra pequeña gran actriz.

Frida llega a un ambiente distinto, rodeado de vegetación, en contacto con animales, lejos de la ciudad. A partir de la llegada de Frida al que será su nuevo hogar, Carla Simón lleva su puesta en escena con una naturalidad y frescura que alejan por completo del melodrama a Verano 1993.

Más allá de que para la construcción del guión Simón observa las etapas del duelo tal como las plantean los expertos, lo mejor de la película es la espontaneidad con que trabajan las dos niñas y los actores adultos que las acompañan como los tíos de Frida: Bruna Cusí y David Verdaguer.

La película nos introduce a la mente de una niña de seis años que no entiende qué pasa y está llena de preguntas sin respuesta: ¿por qué su mamá no volverá?, ¿por qué la alejan de sus abuelos, tías, amigos, escuela?, ¿de la calle donde juega, del cuarto donde su mamá ordenaba sus cosas?, ¿por qué una nueva familia si ama a la anterior?

El proceso de duelo y las etapas que lo componen se presentan sin un orden ni estructura, con toda naturalidad, realismo y, sobre todo, sensibilidad. El curso de cada día está visto a través de la melancólica mirada de Laia Artigas, que sabe reflejar los diversos estados de ánimo por los que va pasando Frida para desentrañar y aceptar la triste jugada que le hizo la vida.

Es una joya, ampliamente recomendable.

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