Philip Roth y el sueño americano
La noticia en el mundo de las letras en esta semana fue la muerte del escritor estadunidense Philip Roth. Periodista, novelista, cuentista, Premio Pulitzer, Medalla Nacional de las Artes, Premio Príncipe de Asturias, y un sinfín de reconocimientos, aunque nunca recibió ...
La noticia en el mundo de las letras en esta semana fue la muerte del escritor estadunidense Philip Roth. Periodista, novelista, cuentista, Premio Pulitzer, Medalla Nacional de las Artes, Premio Príncipe de Asturias, y un sinfín de reconocimientos, aunque nunca recibió el Nobel de Literatura. Es uno de los grandes referentes de las letras estadunidenses, que basó gran parte de su obra en la exploración de la sociedad de su país, la frustración que acompaña tantas veces al “sueño americano”, la comunidad de origen judío, el sexo, la vida burguesa, el vacío, etcétera.
En 2016, una de sus novelas fue llevada al cine en una adaptación de John Romano, que marcó el debut en la dirección del actor escocés Ewan McGregor, quien también participó en la elaboración del guión e interpretó el personaje principal de American Pastoral-El fin del sueño americano. Escrita por Philip Roth en 1997, es una de las novelas más importantes de su carrera, con una precisa construcción de personajes.
Volví a ver El fin del sueño americano y le encontré otras virtudes al trabajo de Ewan McGregor que, eso sí, eligió un material muy complejo para lanzarse al ruedo de la dirección.
La acción se ubica en la actualidad cuando un escritor en sus 60, que nos dará parte del punto de vista para introducir al personaje central, llega a una reunión de su generación. Interpretado por David Strathairn, el hombre camina desgarbado por los pasillos y se encuentra con fotos de Swede Levov, el rubio de sonrisa glamorosa, gran deportista, buen estudiante, encantador, el típico all american boy que despertaba la admiración de todos. A partir de ahí, el relato se convierte en un gran flashback hacia la década de los 60 para llevarnos a aquellos años de juventud cuando todo prometía ser perfecto para Swede, de origen judío, que se casó con Dawn, la chica bellísima y perfecta, que se enamora de Swede y quien se casa a pesar de ser católica. Un espléndido trabajo de Jennifer Connelly, a la que el personaje queda como anillo al dedo.
McGregor es Swede y hoy me resulta más convincente interpretando a un hombre bondadoso, que administra la fábrica de guantes de su padre, es un patrón justo, buen esposo y amoroso papá de Merry, muy bien Dakota Fanning. Merry está rodeada de amor, pero no supera una persistente tartamudez que afecta su autoestima haciéndola sentirse diferente, y que, aunada a su temperamento, desde niña la convierte en una persona rebelde que todo lo confronta.
Merry es la representación perfecta de la rebeldía de la juventud estadunidense de los 60. Los muchachos decepcionados del país que les dejan sus padres, de la guerra, la segregación racial, rebeldes, violentos, en permanente protesta, desencantados de la vida burguesa y vacía. Merry se transforma en una desconocida para sus padres, a quienes enfrenta con toda su furia.
Muy recomendable visitar de nuevo El fin del sueño americano y, sobre todo, leer a Philip Roth.
