Las estrellas de cine nunca mueren

Con ciertos guiños a El crepúsculo de los diosesSunset Boulevard de 1950 dirigida por Billy Wilder, el director escocés Paul McGuigan toma un libro autobiográfico escrito por el actor británico Peter Turner Film Stars don’t die in Liverpool, que es adaptado a la ...

Con ciertos guiños a El crepúsculo de los dioses-Sunset Boulevard de 1950 dirigida por Billy Wilder, el director escocés Paul McGuigan toma un libro autobiográfico escrito por el actor británico Peter Turner Film Stars don’t die in Liverpool, que es adaptado a la pantalla por Matt Greenhalgh. En México se estrena este viernes como Las estrellas de cine nunca mueren.

Turner fue un actor con una carrera de perfil más bien medio que vivió un intenso romance con la actriz norteamericana Gloria Grahame y registró el episodio en un libro. Para ver esta película es útil saber quién

era Grahame.

Nacida en Los Ángeles en 1923, la veo como el prototipo de actriz sexy, guapísima, talentosa, pero a la que “algo le faltaba”. Trabajó en cine, televisión y teatro, era rubia, sensual, de buena figura. Si ustedes vieron Qué bello es vivir pueden ubicarla en el personaje de Violet. Después quedó un poco encasillada en el cine negro. Una parte de los cincuenta fue su mejor momento y en 1952 ganó un Oscar como actriz de reparto en The bad and the beautiful-Cautivos del mal con Lana Turner y Kirk Douglas.

Se casó cuatro veces y tuvo múltiples parejas. Su carrera inició un leve declive, y en 1974 fue diagnosticada con cáncer de mama, pero siguió trabajando y viajó a Inglaterra. Fue cuando conoció a Peter Turner.

Las estrellas de cine nunca mueren es todo un homenaje al cine clásico hollywoodense en su estética, fotografía y en la forma en que está contada. Lo mejor de la película son los protagonistas, Annette Bening con su sensibilidad y sonrisa encantadora que le hace justicia a la personalidad intensa de Gloria Grahame, y Jamie Bell, un actor joven de buena presencia y que teje una química particular

con Bening.

Es 1981, Peter Turner (Elliot) recibe una llamada de Gloria Grahame, con quien vivió un romance apasionado cuando él era un jovencito que ayudaba a administrar un pequeño hotel en el que ella se hospedó. A la sazón, Gloria vivía su decadencia de manera muy distinta a Norma Desmond, pues era intensa, aún bella, muy sensual, sin frenos. La historia nos transporta al momento en que se conocen, la atracción es inmediata entre ambos y surge el enamoramiento e intensa relación sexual con todo y los 50 años de ella y los 30 de él.

La película se mueve entre 1979 y 1981 y resulta mejor la primera mitad que la segunda. Esas secuencias de los dos amantes rompiendo todos los tabúes y esquemas son de la mejor tradición clásica hollywoodense, parecen decir “que se caiga el mundo”. La segunda mitad se pasa a la línea del melodrama y en ella que cobran peso otros actores como Julie Walters, mamá de Peter que junto con la familia cuidan amorosamente a Gloria.

Es una buena película para disfrutar del trabajo, que huele a Oscar, de una gran actriz como Annette Bening.

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