La cuarta compañía

A dos años de su paso exitoso por el Festival de Cine de Guadalajara y la reciente edición del Ariel de la Academia, por fin llega a las pantallas nacionales la película La cuarta compañía, escrita por Mitzi Vanessa Arreola y dirigida por ella y Amir Galván ...

A dos años de su paso exitoso por el Festival de Cine de Guadalajara y la reciente edición del Ariel de la Academia, por fin llega a las pantallas nacionales la película La cuarta compañía, escrita por Mitzi Vanessa Arreola y dirigida por ella y Amir Galván Cervera.

Se trata de una película ampliamente recomendable, que reúne muchos valores para tener calidad y, además, ser comercial: el argumento fluye, es ágil y muy bien contado, el cuadro de actores es excepcional, la fotografía con grandes contrastes de color e iluminación le da un énfasis particular a la trama, la música y las selecciones que forman el score, junto con la edición, le imprimen un ritmo impecable que no da tregua.

Además, está basada en vergonzosos hechos reales ocurridos en el penal de Santa Martha Acatitla durante el sexenio funesto de José López Portillo. “Aquí los locos se vuelven cuerdos”, dice un personaje, entre tantos atrapados en un verdadero infierno.

La cuarta compañía, producida por Mónica Lozano y coproducida también por Roberto Hernández y Layda Negrete, responsables del documental Presunto culpable, es una ventana que nos permite conocer esta realidad a través de los ojos de Zambrano (Adrián Ladrón), un joven que desde la infancia ha sido víctima de la violencia y el rechazo de la familia y la sociedad. Acusado de robo de autos (lo cual hace muy bien), va a dar a Santa Martha, donde lo único que quiere es pertenecer a Los Perros, el equipo de futbol americano del penal, orgullo de Arturo El Negro Durazo, jefe de la policía que promovía el autogobierno en las cárceles, las condiciones infrahumanas en el trato a los internos, la corrupción, y al que la reinserción social de los delincuentes lo tenía sin cuidado.

En la cárcel, Zambrano establece una relación férrea con los miembros de Los Perros, que se vuelven sus amigos, cómplices, protectores, familia. Le dan el sentido de pertenencia que tanto añora, y forman así la “cuarta compañía”, que son la ley en Santa Martha, y sólo rinden cuentas a las autoridades corruptas del penal.

Arreola y Galván debutan con un drama carcelario complejo muy bien escrito, que se conecta con el espectador al tender un lazo de simpatía con Los Perros. Durante casi dos años convivieron con los presos para conocer la verdadera historia, de ésas que sólo pueden pasar en México, pero también su forma de vida, las condiciones de las cárceles de nuestro país, sin higiene, sin dignidad, sin justicia, con violencia y miedo.

No quiero darle detalles porque resulta verdaderamente increíble lo que pasó en ese 1979, perfectamente documentado en la película, que cuenta con la presencia de actores espléndidos como Manuel Ojeda, Dario T. Pie, Hernán Mendoza, Carlos Valencia, Gabino Rodríguez, Carlos Valencia y Horacio García Rojas.

La cuarta compañía es de lo mejor del cine nacional de los últimos años.

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