Una mujer fantástica

Uno de los argumentos más interesantes y originales de los últimos años se ha abierto paso en la entrega del Oscar dentro de la categoría de Mejor Película en Lengua Extranjera. Se trata de la película chilena Una mujer fantástica, dirigida por Sebastián Lelio y ...

Uno de los argumentos más interesantes y originales de los últimos años se ha abierto paso en la entrega del Oscar dentro de la categoría de Mejor Película en Lengua Extranjera. Se trata de la película chilena Una mujer fantástica, dirigida por Sebastián Lelio y escrita por él y Gonzalo Maza, con lo que se hicieron acreedores al Oso de Plata en el Festival de Berlín.

Ubicada en el Santiago actual, sigue la historia de Marina, una transgénero en sus 30, que trabaja como mesera y aspira a ser cantante. Su pareja es Orlando, que es divorciado y tiene 57 años. Juntos son muy felices y quieren construir un futuro en común, pero las cosas se desmoronan cuando él sufre un accidente vascular. Con grandes dificultades Marina lo lleva al hospital, pero ahí fallece. 

En la producción está Pablo Larraín, que ya es garantía en una película (Tony Manero, Post Mortem, No, El club, Neruda, Jackie). El personaje de Marina está interpretado por una carismática actriz transexual: Daniela Vega, que lleva sobre sus hombros la carga dramática del rechazo, la discriminación, el acoso y la fobia que sufren las personas que han decidido que su cuerpo no corresponde con su sentir, sus deseos, su sexualidad, y se embarcan en la dolorosa aventura —que es gozosa a la vez— para ser felices mediante la armonía entre su cuerpo, su mente, sus apetitos y deseos. La sociedad no está lista para eso, pero esta “mujer fantástica” está lista para lo que sea.

Marina es una mujer de carácter y de inmediato se ve sometida a la agresión de la familia de Orlando. Defiende su derecho a estar en el funeral del hombre que era su pareja y la amaba, pero la insultan y humillan, le hacen la guerra en serio. Ella tiene un particular control de sí misma, no pierde los estribos, aunque esté furiosa. La actuación de Daniela Vega es tan convincente porque seguramente ha estado en los zapatos de Marina, se adueña de la pantalla, tiene mucha personalidad, una mirada penetrante, a veces dura, otras tantas expresando una enorme ternura y compasión.

Marina trasciende los convencionalismos de la condición femenina que recaen en maquillarse, arreglarse las uñas, usar minifalda, depilarse, lucir un buen escote, de preferencia abundante. Su condición de mujer y la forma como la interpreta se muestra de manera casi poética cuando está bañándose en una tina y, con las piernas flexionadas, detiene en sus genitales un espejo que le devuelve el reflejo de su propio rostro. Esa es Marina, la mujer.

La ausencia de su pareja, su alma gemela protectora, la deja muy vulnerable, pero Marina es un personaje fuerte, que sabe lo que quiere, que no está dispuesta a verse humillada y menospreciada por una sociedad que no entiende y que, desgraciadamente, todavía tardará mucho en entender.

Por cierto, buenísimas selecciones musicales.

Muy recomendable.

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