Yo, Tonya

De que hay mujeres recias y valientes, las hay. Cuando el cine recrea con justicia la historia de alguna de ellas y, además, se trata de una buena película, entonces tenemos la oportunidad de conocer a una de esas mujeres que hacen de la adversidad y el castigo su ...

De que hay mujeres recias y valientes, las hay. Cuando el cine recrea con justicia la historia de alguna de ellas y, además, se trata de una buena película, entonces tenemos la oportunidad de conocer a una de esas mujeres que hacen de la adversidad y el castigo su acicate para salir adelante.

Ése es el caso de la patinadora Tonya Harding. Su dramática historia y el escándalo en que estuvo envuelta puede recordarlos mi generación y los un poco más jóvenes. A los chavos no les dice nada su nombre, pero la película Yo, Tonya (I, Tonya, Estados Unidos 2017), dirigida por Craig Gillespie y con el guión impecable de Steven Rogers, cuenta la ruda vida de un personaje que a todos resultará interesante.

Rogers, quien se ha movido con relativo éxito con chick flicks como Step Mom (Quédate a mi lado), Posdata: Te amo, Kate y Leopold, escribió una biografía como una solvente comedia negra, original, intensa, ágil, por la que, definitivamente, le deben una nominación al Oscar.

El relato se basa en romper la “cuarta pared” y hacer que los personajes hablen con el espectador, contando su versión de los hechos. Con las voces de todos se arma un enorme rompecabezas, que se desarrolla de manera entretenida, hipnótica y con ritmo, acompañado, además, de muy buenas selecciones musicales de los 90.

Tonya Harding fue una patinadora de excepción desde los tres años. Su represiva y cruel mamá, LaVona Golden, estableció el objetivo de su vida en que su hija triunfara en la especialidad a costa de lo que fuera: golpes, insultos, descalificaciones, castigos, convencida de que el sufrimiento endurecería el carácter de su hija. Y lo peor es que así fue. Tonya nunca se achicó, pero no pudo evitar que su vida se convirtiera en una espiral de violencia en una relación de sadomasoquismo con la madre y después un marido abusador. En las eliminatorias para unos Juegos Olímpicos se dio el “incidente” que le costó la carrera. Yo, Tonya le da voz y le hace justicia.

Harding está interpretada por la australiana Margot Robbie, nominada al Oscar, quien hace un gran trabajo en la construcción de esta víctima altanera, vulgar, maltratada, necesitada de amor, llena de resentimiento —“sí, soy una red neck”—, que canalizó el enojo en su arte único para patinar con una mentalidad ganadora, que su perversa mamá forjó a golpes.   

Allison Janney, excepcional, se pierde en el personaje de esta madre atroz, egoísta, incapaz de dar afecto o comprensión, insolente, destructiva. Gillespie arma un muy buen relato sobre ambas mujeres y Jeff Gillooly (Sebastian Stan), el maniático marido de Tonya. El resto de los personajes completan este mosaico, a veces triste, a veces cómico, sobre una mujer usada por todos los que la rodearon.

Es una película muy bien hecha y bien contada. Los efectos especiales para las secuencias de patinaje son bastante aceptables. Nos mantiene interesados de principio a fin.

Muy recomendable.

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