Las horas más oscuras

Sin duda la guerra, ese monstruo de siete cabezas que forma el cuarteto trágico de los Jinetes del Apocalipsis, ha dado material inagotable para que Hollywood cuente y cuente historias. Los dos grandes conflictos bélicos del siglo XX, la Primera y Segunda Guerra ...

Sin duda la guerra, ese monstruo de siete cabezas que forma el cuarteto trágico de los Jinetes del Apocalipsis, ha dado material inagotable para que Hollywood cuente y cuente historias. Los dos grandes conflictos bélicos del siglo XX, la Primera y Segunda Guerra Mundial, por ser más cercanas, tecnificadas, espectaculares y “cinematográficas”, siguen y seguirán siendo el eje de muchas producciones.

Pero el que se ha puesto de moda en los últimos dos años es sir Winston Churchill, estadista impecable e implacable al que ya quisieran parecerse algunos de la actualidad.

A la extraordinaria interpretación del personaje por parte de John Lithgow en la serie The Crown, se suma el trabajo de Brian Cox en Churchill, muy buena versión de Jonathan Teplitzky, que pasó casi desapercibida y recrea la polémica del Día D, el desembarco de Normandía, y revisa algunos aspectos de sus entretelones.

La que borró Churchill del mapa fue Las horas más oscuras (Darkest hour, Estados Unidos-Reino Unido, 2017), pues además ya tiene una buena lista de premios y nominaciones, destacando, sobre todo, el trabajo excepcional de Gary Oldman, quien materialmente se pierde entre kilos de maquillaje y se apodera de la singular personalidad del legendario primer ministro de la Gran Bretaña en aquella, su “hora más oscura”.

Dirigida por Joe Wright, quien ya abordó el tema de la Segunda Guerra en la espléndida Expiación-Atonement de 2007, Las horas más oscuras está muy emparentada con ella —más allá de la temática— en su estética, diseño de arte, música. Todo transcurre en mayo de 1940, cuando la maquinaria alemana se ha ido apoderando de Europa y está a punto de embarcarse para invadir las islas británicas. Neville Chamberlain renuncia y queda como primer ministro el único hombre con el que los laboristas estaban de acuerdo para formar un gobierno de coalición con los conservadores: Winston Churchill, quien recibe la papa caliente de decidir si se negocia la paz con Hitler —como lo exigían muchos colaboradores de su gobierno— o se continuaba la guerra con un altísimo costo en vidas.

El guión es de Anthony McCarten, quien ya estuvo nominado al Oscar por La teoría del todo. En algunas secuencias puede sentirse un poco lenta, con una puesta en escena casi teatral. El gran valor de Las horas más oscuras es la creación que hace Gary Oldman. El personaje es un reto para cualquier actor, sumamente difícil de interpretar. A su aspecto físico se suma un complejo lenguaje corporal y varios tics, era arrogante, muy nervioso, impaciente, explosivo e iracundo, hablaba entre dientes, pensaba en voz alta, bebía y fumaba en exceso; eso sí, extraordinariamente inteligente, gran orador con dominio del lenguaje y agilidad mental. Oldman lo domina.

Se destaca la relación de Churchill con Clementine, su esposa, en un convincente trabajo de Kristin Scott Thomas, el vizconde Halifax, el rey Jorge VI y Elizabeth Nel Layton secretaria y mecanógrafa personal del primer ministro.

Muy recomendable.

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