Historia de fantasmas

El título puede ser engañoso, pero es importante que vayas a ver Historia de fantasmas A Ghost Story, Estados Unidos, 2017 hecho a la idea de que no vas a encontrarte con una película de terror convencional ni de espíritus chocarreros, tampoco está llena de efectos ...

El título puede ser engañoso, pero es importante que vayas a ver Historia de fantasmas (A Ghost Story, Estados Unidos, 2017) hecho a la idea de que no vas a encontrarte con una película de terror convencional ni de espíritus chocarreros, tampoco está llena de efectos especiales ni muertos vivientes ni frenéticas escenas de acción de adolescentes perseguidos por entes malvados.

Lejos de eso su autor, David Lowery, usa el contexto de los fantasmas para explorar más a fondo las preguntas que todos nos hacemos en torno al sentido de la vida, el amor, la muerte, esa otra dimensión que para unos es el cielo o el infierno, o una transición hacia un limbo, que para otros es el regreso a una vida material en aras de la perfección, que para otros muchos es la nada, o la incorporación a una energía suprema, a un universo infinito.

Lowery es un digno representante del cine indie norteamericano e Historia de fantasmas tiene todo el sello. Tiene una marcada influencia del cine de Terrence Malick con sus largos silencios, secuencias en las que no hay movimiento muy cercano a la foto fija, ruidos de la naturaleza, poca y muy bien utilizada música, muy cuidada fotografía. Es una película de la que, seguramente, muchos espectadores se saldrán en la primera media hora y otros llegarán al desenlace con ganas de que dure más. Unos la van a odiar, otros la admirarán. Definitivamente, no es una película fácil, pero hay que verla. El excelente score es de David Hart y refuerza el ambiente de desconcierto en el que no sabemos si el tiempo pasa para el fantasma, el “no vivo”, o si todo es un solo plano visto desde el otro lado de la línea que separa la vida de la muerte.

Interpretada por Rooney Mara y Casey Affleck, que ya han trabajado a las órdenes del director, la historia se inicia con una pareja que vive en una modesta casa en el campo. Algunos fenómenos inexplicables se han sucedido y ella quiere salirse de ahí. Algo extraño flota por los espacios provocando ruidos y que las cosas se muevan.

Pero él muere en un accidente y su fantasma, o lo que así se interpreta, queda atrapado en la casa mientras ella vive su duelo empacando cosas, comiendo un pie —en una secuencia, por cierto, innecesariamente larga— tratando de rehacer su vida con otro hombre y, finalmente, dejando la casa para siempre.

La representación del fantasma es tal y como ha estado en nuestras mentes desde la infancia: una figura debajo de una enorme sábana que vaga lentamente y en silencio atestiguando los diferentes tiempos por los que viaja ese mismo sitio a través de muchos años.

La propuesta es original porque revisa aspectos como los recuerdos, qué dejamos al morir, para qué o para quién hacemos las cosas, la permanencia del amor, cómo quedamos en la memoria de los demás, qué hay o no hay más allá de la muerte.

                Es muy recomendable. 

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