Helicóptero a Masada
MITZPE RAMON, Israel. En el aeropuerto en Tel Aviv abordamos un helicóptero con rumbo a Masada, una fortaleza construida en lo alto de una meseta por Herodes El Grande, rey de Judea, Galilea, y otras regiones dependientes del Imperio Romano entre el siglo I A.C. y I D.C. ...
MITZPE RAMON, Israel.- En el aeropuerto en Tel Aviv abordamos un helicóptero con rumbo a Masada, una fortaleza construida en lo alto de una meseta por Herodes El Grande, rey de Judea, Galilea, y otras regiones dependientes del Imperio Romano entre el siglo I A.C. y I D.C. La historia cuenta que el poderoso monarca era paranoico y siempre estaba viendo enemigos, por lo cual construía fortalezas para su protección.
La más famosa es Masada, de la cual la historia registra que fue el último reducto en el enfrentamiento judeo romano en el siglo I D. C.
Un grupo de aproximadamente mil judios que opusieron resistencia al poderío romano se parapetó en Masada y se defendieron del asedio durante un año, hasta que tuvieron que aceptar que estaban a punto de caer. Entonces se reunieron y prefirieron la muerte antes de caer como esclavos de los romanos.
El suicidio es reprobado por el judaísmo por lo que cada hombre dio muerte a sus familias y fueron eliminándose entre todos hasta quedar uno solo, que además prendió fuego a la fortaleza, incluyendo las provisiones, con lo que los romanos al entrar comprobaron que, tras el sitio, habían preferido la muerte por voluntad propia antes de caer bajo su yugo.
Estamos en el punto más bajo de la Tierra, a orillas del Mar Muerto y llegar en helicóptero es una gran experiencia, pues, además, se sobrevuela la zona muy cercana a sus riberas que desde las alturas evidencian la velocidad a la que el nivel del agua —la más salada del planeta, que por ello no permite forma de vida alguna—, baja desde hace varios años.
Un metro por año desciende el nivel del agua en este singular mar-lago. Pero contrario a lo que se piensa, que la causa principal es la evaporación, es la intervención del hombre la responsable, con numerosas industrias que beben de sus aguas por su altísimo contenido en minerales.
El helicóptero nos deja muy cerca de Masada a donde subimos en teleférico, aunque también es posible hacerlo a pie. El sol pega a plomo y la temperatura, a decir de los lugareños de que “no hace mucho calor”, es de 37 grados. El paisaje del desierto se queda grabado en la mente y el corazón.
De Masada viajamos a un lugar fuera de serie y poco conocido en mitad del desierto. Mientras escribo estas líneas el viento silba con fuerza fuera de la habitación. Se trata de Mitzpe Ramon, que es un desarrollo pegado a un mal llamado cráter de origen no volcánico, conocido como Makhtesh Ramon.
El fenómeno —no se de qué otra forma llamarlo—, único en el planeta, tiene un diámetro de 45 kilómetros. Tel Aviv y Jerusalem cabrían en sus límites y todavía sobraría espacio. En recorrido guiado aprendemos un poco de su historia de más de 250 millones de años. Este inmenso, descomunal agujero, estuvo hace millones de años cubierto por agua y hoy es parte del desierto, que forma el 60 por ciento del territorio israelí.
A partir de este miércoles 27 me reincorporo a mi temática acostumbrada dentro del cine, el teatro y lo que venga.
