Una probada del Festival de Guadalajara

A reserva de los resultados finales que se anuncien este fin de semana en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, me quedo, dentro del largometraje mexicano de ficción, con Sueño en otro idioma, de Ernesto Contreras, que regresa a este festival diez años ...

A reserva de los resultados finales que se anuncien este fin de semana en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, me quedo, dentro del largometraje mexicano de ficción, con Sueño en otro idioma, de Ernesto Contreras, que regresa a este festival diez años después del gran éxito de Párpados azules.

Sueño en otro idioma es un relato muy en la línea del realismo mágico que se inicia cuando un joven lingüista viaja a algún lugar imaginario en medio de la selva de nuestro país. Su intención es encontrarse con los últimos hablantes de una lengua en extinción, también imaginaria. El zikril ya sólo lo dominan dos ancianos y el especialista quiere grabarlos sosteniendo una conversación para conservar algún testimonio de que esa lengua existió. El problema es que estos viejos no se dirigen la palabra desde hace años. Esta premisa es el vehículo para un viaje al pasado de los personajes y contar una historia de amor con un giro inesperado.

En el documental mexicano destaca Lucía Gajá con Batallas íntimas. A toro pasado con lo del Día Internacional de la Mujer, al que no le veo nada que festejar, pues sólo es pretexto para eventos muy mediáticos que no llevan a nada, Batallas íntimas visita a las verdaderas guerreras que son cinco mujeres, quienes representan a millones en todo el mundo, víctimas de violencia por parte de sus parejas o esposos.

Lucía viajó por México, India, Finlandia, Estados Unidos y España, donde trabajó con las historias de dolor y superación de mujeres que se abren ante la cámara y hablan de los ataques brutales de que fueron objeto por parte de sus maridos que, por cierto, a algunas estuvieron a punto de asesinarlas.

Gajá hace un análisis profundo de esta realidad que se repite en una de cada tres mujeres en el mundo. Aporta soluciones, propuestas, sus cinco mujeres demuestran que hay una luz al final del túnel.

Everardo González presentó La libertad del diablo, su más reciente trabajo, que recibió el Premio Amnistía Internacional en el pasado Festival de Cine de Berlín como mejor documental. Sin miramientos, como acostumbra, Everardo le da voz a víctimas y victimarios de la guerra contra el narcotráfico. Absolutamente todos se presentan con una burda máscara color piel que tiene un impacto sicológico profundo en el espectador.

Con este formato, Everardo González cumple con su objetivo que es confrontar la indiferencia con que estamos recibiendo reportes y cifras de muertos todos los días desde hace años, en algo que parece ya una costumbre perversa. Tiene habilidad para ser acogido por sus entrevistados y tender un lazo de confianza. Es impactante oír a una madre que ha perdido a sus cuatro hijos, a una niña que vio morir a su madre, a un sicario que cuenta lo que sintió cuando asesinó la primera vez. Es vergonzoso que no hagamos nada.

Estaremos pendientes de su estreno. Es un trabajo que todos debemos ver.  

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