Llegué de noche a Granada...
BARCELONA. Con los retrasos en nuestra salida de Madrid, la llegada a la siguiente parada, Granada, sucedió varias horas más tarde de lo planeado. Fue uno de esos imprevistos afortunados, pues llegamos a las 9:30 de la noche y ya no tuvimos oportunidad de ver algunos ...
BARCELONA.— Con los retrasos en nuestra salida de Madrid, la llegada a la siguiente parada, Granada, sucedió varias horas más tarde de lo planeado. Fue uno de esos imprevistos afortunados, pues llegamos a las 9:30 de la noche y ya no tuvimos oportunidad de ver algunos puntos de la ciudad en el recorrido en taxi de la estación al hotel Parador de Granada. Convento de San Francisco, que tiene la gran ventaja de estar dentro de La Alhambra.
Esto implicó que mi primer encuentro con la belleza de Granada sucediera cuando me desperté y abrí la ventana. El sol pegaba a plomo en la piedra naranja de los muros de este impresionante palacio mudéjar y yo estaba dentro de él. Lleno de flores, árboles, con un cielo azul intenso y el solo canto de los pájaros, sentí de golpe una fuerte emoción y supe por qué La Alhambra es uno de los lugares más bellos del mundo.
Hemos tenido mucha suerte con los guías que nos han acompañado. Ahora conocimos a Felipe, joven granadino que nos esperaba puntualmente a las diez de la mañana en la recepción del hotel.
De sombrero y con mucho bloqueador solar nos encaminamos cuesta abajo para conocer primero el Palacio de Carlos V, una edificación de estilo renacentista que se mezcla tan bien con el estilo de construcción árabe. Los abuelos de este monarca, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, sometieron a los moros que llevaban ocho siglos ocupando Granada, toda Andalucía y otros puntos de España, en enero de 1492. Un año de gloria para el imperio que meses después, en ese mismo año, descubrió nuevos territorios en Occidente, América.
Gracias a estas conquistas Carlos V se convirtió en el emperador más poderoso del mundo conocido. La Alhambra era un verdadero bocado de cardenal de extraordinaria belleza y, por fortuna, se dieron cuenta de esto y resistieron la tendencia a destruir todo lo que no fuera edificado para la alabanza y gloria de Dios (el cristiano, por supuesto).
El culto a Alá y el enorme gusto por la belleza, el color, el placer, la sensualidad, flotan por todos los muros, retablos, frescos, fuentes, jardines, arcos, techos, alcobas, de La Alhambra, pero los reyes católicos, tuvieron la visión de conservarlo y vivieron ahí un tiempo, modificando con la austeridad de la arquitectura cristiana algunos aspectos del recinto, pero destacando la armonía de dos culturas tan distintas.
De hecho los restos de Isabel y Fernando descansan en un mausoleo impresionante en la Capilla Real en el centro de Granada, junto a los de su desafortunada hija Juana de Castilla, que pasara a la historia como La Loca, y su esposo —que mucho tuviera que ver en esa locura— Felipe de Habsburgo, conocido como El Hermoso.
Ha llamado mucho mi atención el afán de muchos españoles por lucir bronceados. Parecería que las consecuencias del sol y el tan llevado y traído cáncer de piel los tienen sin cuidado. En Sevilla se acostumbra que, para su famosa Feria de Abril, las jóvenes ya estén bien doraditas, por lo que se someten a largas sesiones en las camas de bronceado.
Sin importar, la edad el look que se impone es estar tostado por el sol, y es frecuente ver gente en los parques, tratando de hacer perdurar ese tono oscuro de la piel tan codiciado. Mi hermano dice “estar bronceado no sirve para nada, pero te ves próspero”, ¿será?
