Pride. Orgullo y esperanza

En 1984, siendo primera ministra de la Gran Bretaña Margaret Thatcher, su gobierno usaba todos los recursos legales, y algunos no tanto, para enfrentar la huelga masiva de mineros que casi paralizó la explotación del carbón en ese país, desde noviembre de 1984 hasta ...

En 1984, siendo primera ministra de la Gran Bretaña Margaret Thatcher, su gobierno usaba todos los recursos legales, y algunos no tanto, para enfrentar la huelga masiva de mineros que casi paralizó la explotación del carbón en ese país, desde noviembre de 1984 hasta marzo de 1985. El sur de Gales llegó a tener a más de 90 por ciento de los mineros en paro.

La huelga concluyó como una derrota para los mineros y una gran victoria para la señora Thatcher, pero paradójicamente también se derivaron logros importantes que cambiaron las condiciones de otras minorías que, hasta entonces, se habían visto enfrentadas por diferencias ideológicas y culturales.

En ese contexto se ubica la película Pride. Orgullo y esperanza (Pride, Reino Unido-Francia, 2014), segundo largometraje del director británico Matthew Warchus y escrita por Stephen Beresford, actor que debuta como guionista. Transitando bien entre la comedia y el drama con alguna crítica social, el argumento se basa en hechos reales y se inicia en 1984 en Londres entre una pequeña comunidad de homosexuales que, con muy escasos recursos, pero muchas ganas de defender lo suyo, enfrentan las agresiones, descalificación y homofobia, de algunas autoridades y muchos londinenses.

La historia está contada a través de los ojos de Joe, un joven de familia muy conservadora, todavía menor de edad, que por accidente se incorpora a una marcha y se hace amigo de este particular grupo formado por siete hombres y tres mujeres. El líder del grupo es Mark Ashton, gran defensor de los derechos de los homosexuales en los 80, interpretado por Ben Schnetzer. Mark anima a sus compañeros a sumarse a la causa de los mineros en huelga, ya que su movimiento está perdiendo fuerza ante las férreas medidas del gobierno. Deciden así formar una alianza bajo el lema Lesbians and gays support the miners (L.G.S.M.)-Lesbianas y gays en apoyo a los mineros. Joe se convierte en un entusiasta activista a escondidas de sus padres, y su vida dará un giro de 180 grados.

En la película Billy Elliot se destaca la supuesta actitud machista de los mineros, que incluso plantea obstáculos para que el protagonista logre sus sueños de dedicarse al ballet. No era gratuito el riesgo del L.G.S.M. al pretender aliarse con los mineros, aun así, el grupo de Ashton se da a la tarea de localizar alguna población galesa y contactar un sindicato de mineros para ofrecer su apoyo.

En los primeros minutos de Pride. Orgullo y esperanza parece que vamos a ver otra película más de las que destacan, en una línea artificial y a veces falsa, la “buena onda” de las minorías, particularmente los homosexuales, a los que se presenta de manera absurda como payasos simpáticos y triviales.

En Pride, sobre todo, en las secuencias de los primeros encuentros entre los mineros y sus familias con los gays y lesbianas, y la presencia de muy buenos actores ingleses como Imelda Staunton, Bill Nighy, Dominic West, Paddy Considine, que respaldan el reparto de jóvenes, tenemos una historia bien contada sobre aceptación, solidaridad y el proceso de negociación entre dos grupos en franca oposición por marcadas diferencias geográficas, de orientación sexual, generacionales, políticas, etcétera.

Una historia que hizo posible lo aparentemente imposible.

Muy recomendable.

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