Amores infieles
En 2004 el realizador británico Paul Haggis sorprendió a todos con su película Crash Alto impacto en México, ya sabe usted cómo se las gastan para eso de los títulos. Sin hacer mucho ruido, Crash y Paul Haggis se colaron en las nominaciones de todos los premios ...
En 2004 el realizador británico Paul Haggis sorprendió a todos con su película Crash (Alto impacto en México, ya sabe usted cómo se las gastan para eso de los títulos). Sin hacer mucho ruido, Crash y Paul Haggis se colaron en las nominaciones de todos los premios importantes de ese año: seis candidaturas al Oscar, de las que ganó Mejor Guión, Edición y Película; dos nominaciones al Globo de Oro; nueve al BAFTA, del que ganó dos; el premio al reparto del Sindicato de Actores (Screen Actors Guild), y muchos otros reconocimientos a nivel internacional.
Crash es una historia coral muy bien contada que se ubica en Los Ángeles y entrecruza varias tramas en una estructura que recuerda los sólidos argumentos de Guillermo Arriaga, que es un maestro en eso de trenzar diferentes historias, que o se tocan tangencialmente o se cruzan en un accidente automovilístico, como es el caso de Amores perros que sin ese guión no sería lo que es.
Haggis, además de su extenso trabajo para la televisión, ha colaborado con Clint Eastwood en los guiones de Golpes del destino (Million Dollar Baby), Bandera de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima; también hizo la adaptación al cine estadunidense de la película italiana El último beso, el guión de Casino Royal y Quantum of Solace en la saga de James Bond.
Experiencia como escritor no le falta, pero es precisamente este aspecto el que le falló en su más reciente producción y que hoy nos ocupa: Amores infieles, horroroso traslado al español con obvios fines comerciales para el original Third person-En tercera persona de 2013. Su retraso en llegar a nuestro país habla de un escaso éxito comercial.
Haggis trata de poner en práctica un esquema semejante a Crash, pero no con los mismos resultados. En el curso de la película el relato se va haciendo confuso, reiterativo y nunca se redondea: Michael (Liam Neeson), es un escritor ganador del Premio Pulitzer y que se ha instalado en un hotel parisino para que la inspiración le permita terminar su más reciente novela. A causa de la pérdida de un hijo, lo que es fácil adivinar en sus conversaciones telefónicas, Michael se ha separado de su mujer (Kim Bassinger desperdiciada), y vive una tormentosa relación con Anna (Olivia Wilde) que es una atormentada y ambiciosa escritora en ciernes.
Simultáneamente, Scott (Adrien Brody), es un estadunidense que en Roma roba diseños de marcas italianas famosas y las vende a modistos piratas; carga sus propios demonios como lo muestra la necesidad de escuchar constantemente la grabación de un mensaje telefónico que le dejara su pequeña hija. Scott se involucra con una mujer italiana que con desesperación quiere reunir dinero para recuperar a su hija.
Finalmente Julia (Mila Kunis), es una joven sola que vive en Manhattan, sin dinero, inestable en los empleos, que además enfrenta una batalla legal con el exmarido (James Franco) por la custodia de su hijo que, en apariencia, tuvo un accidente que casi le cuesta la vida y del que se le hace responsable a ella.
Como es posible observar, para el reparto el señor Haggis echó la casa por la ventana, pero ni con esos actores la historia alcanza a ser solvente y convencer, aunque sí gracias a ellos suceden los buenos momentos de la película. Es innegable que la historia es atractiva y llamada a cuajar mucho mejor en la pantalla, pero Paul Haggis acaba enredándose, persiguiendo su propia cola, con cortes bruscos e injustificados que llevan de una trama a la otra, con secuencias innecesarias que complican al espectador y dificultan la conexión emocional. Además estos saltos de un país a otro no respetan ningún tipo de husos horarios, las doce del día en Nueva York se ven igual en Roma y en París con todo y sus siete horas de diferencia.
Evidentemente las constantes son claras y predecibles y giran en torno a las relaciones padres-hijos, pero sobre todo a la pérdida de éstos últimos, ya sea por muerte o separación y que llevan al sufrimiento común en todos los protagonistas.
Si todo es producto de la imaginación de un escritor (quizá el propio Haggis en el personaje de Liam Neeson), o si las tramas se desarrollan en forma paralela, la iniciativa era muy atractiva pero no funciona en la pantalla.
