Ojos grandes

Aunque con una carrera muy dispareja, no se puede negar que las películas del cineasta estadunidense Tim Burton, no dejan indiferente a nadie. Se le odia o se le ama, pero medias tintas nunca. Con un estilo muy personal e inconfundible, Burton ha explorado varios géneros: ...

Aunque con una carrera muy dispareja, no se puede negar que las películas del cineasta estadunidense Tim Burton, no dejan indiferente a nadie. Se le odia o se le ama, pero medias tintas nunca.

Con un estilo muy personal e inconfundible, Burton ha explorado varios géneros: la comedia, el musical, la animación, el humor negro, la fantasía, hasta la ciencia ficción. Pero las biopics en su trayectoria apenas llegan a dos, la primera Ed Wood, de 1994, protagonizada por su actor fetiche Johnny Depp, que registra una etapa de la vida del cineasta Ed Wood, conocido por ser el peor director de cine de la historia (un poco exagerado porque puede haber mucha competencia).

En el camino ha dirigido buenas propuestas como Bettlejuice, El joven manos de tijera, La leyenda del jinete sin cabeza, Big fish, El cadáver de la novia, Sweeney Todd: El barbero diabólico de la calle Fleet, y Frankenweenie.

Burton regresa con la que es su segunda biografía cinematográfica: Ojos grandes (Big eyes, Estados Unidos, 2014). El guion está escrito por Scott Alexander y Larry Karaszewski, quienes ya colaboraron en la realización de la historia en Ed Wood.

Ojos grandes es una suerte de fábula en torno a una mentira que, empezando casi por accidente, se convirtió en un verdadero monstruo. El relato gira en torno a Margaret Keane, una estadunidense típica de clase media, nacida en Tennessee, en 1927. Se dedicó a pintar cuadros que usted seguramente ha visto alguna vez, en los que plasmaba rostros de niños —a veces también animales—, con ojos grandes y tristones. Cuando la película se inicia, Margaret huye de su “asfixiante marido, en una época en que las esposas no abandonaban a sus matrimonios”, y sin dinero y con una pequeña hija se propone empezar de nuevo en San Francisco.

Pintando retratos por unos cuantos dólares conoce a quien se convierte en su segundo marido, Walter Keane, supuestamente también pintor, que al darse cuenta de que los “ojos grandes” de los cuadros de su esposa tienen mucho éxito,  la convence de que los promuevan como si los hubiera pintado él, “pues las pintoras no son reconocidas en estos días”. En el curso de la película uno se pregunta qué la llevó a someterse a una injusticia de esas dimensiones, por qué se plegó y guardó silencio mientras veía cómo su mercantilista esposo se llevaba todo el reconocimiento y la admiración, forzándola a producir más cuadros a marchas forzadas.

Probablemente es algo que sólo se comprende en el contexto de los años cincuenta de la posguerra y al origen pueblerino y religioso que exacerbó su inseguridad y timidez, aunado todo esto a la condición de represión en que vivían las mujeres. Margaret no creía en ella misma, sin embargo, fue una de las artistas más exitosas  dentro de la cultura popular de los sesenta en Estados Unidos con cuadros firmados por su ambicioso marido. También fue objeto de polémica y grandes críticas en las que se subestimaba la calidad artística de su obra.

Ojos grandes está bien cimentada en la solvencia de los dos protagonistas, sobre todo de Amy Adams, que tiene un amplio registro, ha estado nominada al Oscar en cinco ocasiones y puede pasar de mujer fatal en Escándalo americano, a princesa escapada de un cuento en Encantada, a la siniestra esposa de un líder carismático en The master, o la apocada monja de La duda. Su interpretación de la pintora es sólida, le imprime fragilidad y miedo, y la lleva a transitar al aplomo y el crecimiento personal. Christoph Waltz tiene ya dos premios Oscar. No podría definir si me inspira simpatía o antipatía y fácilmente cae en la sobreactuación, pero estas mismas características lo hacen creíble como Walter Keane.

Tengo que reconocer que es la película de Tim Burton en la que menos lo he encontrado, simplemente no tiene su sello personal. Es la combinación de ambos actores la que resulta favorable para la historia y nos permite una conexión.  

Recomendable.

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