González: Falsos Profetas

El cine mexicano parece haber tomado muy en serio eso de hacer comedias tras la exitosa experiencia de No se aceptan devoluciones o Nosotros los Nobles. Recientemente se han multiplicado las producciones mexicanas dentro de ese género, lo que hace que llame más nuestra ...

El cine mexicano parece haber tomado muy en serio eso de hacer comedias tras la exitosa experiencia de No se aceptan devoluciones o Nosotros los Nobles. Recientemente se han multiplicado las producciones mexicanas dentro de ese género, lo que hace que llame más nuestra atención la película González. Falsos profetas  (México, 2014), un muy consistente thriller que marca el debut en el largometraje de Christian Díaz Pardo con un guión escrito por él y Fernando del Razo.

Hay que decir que el thriller no es un género explotado en el cine mexicano a lo largo de su historia y, actualmente, es muy arriesgado jugársela en un mercado en el que persiste el escaso reconocimiento a las películas mexicanas, que van abriéndose paso con comedias de las cuales, algunas, pocas, están bien logradas, y otras, la mayoría, son bobaliconas y saturadas de clichés.

González: Falsos Profetas sorprende gratamente y atrapa desde el principio, manteniendo al espectador interesado en una trama, más bien dos, que se cruzan con muy buenos resultados a través del ritmo y el suspenso que Christian Díaz supo imprimir, además de la consistencia de sus dos actores protagonistas.

González, Harold Torres, es un hombre joven, gris, inexpresivo, solitario, rutinario, introvertido. Vive en un multifamiliar, debe la renta, la tarjeta de crédito y no ha podido enviar dinero a su madre. Todos los días se pone un traje,  una corbata, y sale a buscar trabajo sin suerte.  ¿Quién no se identifica con González?,  desempleado, sin esperanzas, frustrado, sin futuro.

La cámara lo sigue mientras camina por las calles de la Ciudad de México, sin prisa, sin palabras. Finalmente es contratado en el call center de la Iglesia de la Luz Universal, clara alusión a la Iglesia Universal del Reino de Dios, que compra tiempos millonarios para anunciarse en televisión con su programa “Pare de sufrir”, apilando fortunas a costa de la desgracia —y la ingenuidad— ajena.

Harold Torres interpreta a González con gran solvencia. El personaje es difícil, porque carece de matices, parece plano, casi transparente, y en el curso del relato va despegándose de la realidad. Con paciencia atiende las llamadas de los desesperados “clientes potenciales” de la siniestra organización, y los invita a que asistan al Templo para que Dios “les resuelva todos sus problemas”, mediante una módica suma. De alguna manera la presión a que está sometido y su propia disfunción lo llevan a convencerse de que él puede ser un pastor también, y que tiene talento para predicar como un Elmer Gantry a la mexicana.

El otro personaje, en la que podríamos definir como la historia paralela, es el pastor Elías, hombre oscuro y carismático interpretado por Carlos Bardem, quien tiene una presencia poderosa en la pantalla, es convincente y sólido. Cuando González entra a trabajar en el call center las vidas de ambos se cruzan violentamente y juntos hacen explosión;  la verdadera personalidad del “luminoso” pastor saldrá a flote con toda su crueldad, y los sentimientos largamente reprimidos de González aflorarán sin control.

Ambos actores, Harold Torres y Bardem, recibieron el premio a Mejor Actor en el Festival de Morelia 2013, donde la película fue estrenada. La cinta se ha llevado numerosos reconocimientos en otros eventos cinematográficos.

González: Falsos Profetas se presenta como un espejo crítico de nuestra realidad, de una sociedad en crisis no sólo económica, institucional y política, sino con una escala de valores sesgada por la desconfianza, la ambición, la desesperanza, el miedo. Al mismo tiempo es un thriller muy entretenido que nos mantiene interesados, en suspenso, y a la espera de un final inesperado.

Su estreno con 40 copias en el área metropolitana de la Ciudad de México y unas más, limita las oportunidades de verla, pero merece el esfuerzo de buscarla antes de que nos la quiten de la cartelera.

Muy recomendable.

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