Gabrielle: sin miedo a vivir
Esta semana llega a las carteleras la película canadiense Gabrielle: sin miedo a vivir, dirigida y coescrita en 2007 por Louise Archambault en su segundo largometraje. La temática, ciertamente difícil para sacar adelante un buen proyecto, y muy fácil para caer en ...
Esta semana llega a las carteleras la película canadiense Gabrielle: sin miedo a vivir, dirigida y coescrita en 2007 por Louise Archambault en su segundo largometraje. La temática, ciertamente difícil para sacar adelante un buen proyecto, y muy fácil para caer en lugares comunes, sentimentalismos y chantajes gira en torno a Gabrielle, una jovencita de 22 años que sufre Síndrome de Williams, raro trastorno en el desarrollo sicomotor que se caracteriza por rasgos físicos como una frente corta, labios gruesos, y ligera afectación en el desempeño intelectual. También puede conllevar trastornos cardiovasculares.
La protagonista es una actriz no profesional que sufre este síndrome y se llama Gabrielle Marion-Rivard. Es una chica encantadora, con una sonrisa permanente dibujada en el rostro y una gran alegría de vivir. La Gabrielle de la película además padece de diabetes, lo cual hace que la tendencia a limitarla y sobreprotegerla aumente.
Las historias sobre personas con discapacidades, mejor llamadas con capacidades diferentes, son una veta inagotable dentro de los argumentos cinematográficos. El cine está lleno de historias lacrimógenas en esta línea y son pocos las que resultan en trabajos optimistas, respetuosos y esperanzadores. Estas personas sufren discriminación, porque a fin de cuentas, y por una profunda ignorancia, acaban relegadas a esa clasificación de lo “diferente”, y ya sabemos que en nuestra cultura a lo “diferente” se le tiene miedo, o peor aún en su caso, compasión, cuando ya quisiéramos muchos el valor que ellos tienen para sobrellevar su realidad.
El atractivo de Gabrielle: sin miedo a vivir es precisamente la frescura y espontaneidad de la interpretación de la protagonista. Es una jovencita que vive feliz en una casa a la que asisten personas con características semejantes u otro tipo de síndromes, que por cierto tampoco son actores profesionales, lo que debe haber representado todo un reto para Louise Archambault, y del que sale muy bien librada. En la institución Gabrielle conoce a Martin, que también tiene Síndrome de Williams y ambos se sienten profundamente atraídos. Reclaman su derecho a ejercer su sexualidad, y aunque las autoridades del lugar y la propia familia de Gabrielle ven esto con comprensión y apertura, la mamá de Martin se asusta y decide alejar a su hijo de la joven, con lo que materialmente les rompe el corazón.
La chica pierde el interés por lo que antes la hacia feliz, como era su participación en el coro de la institución llamado “Las musas de Montreal”. La música es un elemento fundamental en la película como medio de expresión y liberación. Pero el pulso de la vida irrumpe en la existencia de Gabrielle y Martin; el amor, el deseo y el sexo, junto con la necesidad de contacto físico y afecto, la llevan a hacerse mil preguntas y a no poder comprender el miedo y la intolerancia en su entorno.
Gabrielle está estrechamente ligada a su hermana mayor —bien interpretada por la actriz Mélissa Désormeaux-Poulin— con la que se identifica desde pequeña, pero que la controla y reprime. La hermana tiene un novio en India, comprometido con labores altruistas y que está ansioso porque ella se vaya a vivir con él. Como su hermana, Gabrielle quiere ser independiente, tener su propio departamento, y sobre todo vivir libremente su sexualidad.
Nadie es bueno ni malo en Gabrielle: sin miedo a vivir. Pero los prejuicios y el miedo llevan a los familiares de los muchachos a frenar su desarrollo emocional y físico. El relato es sensiblemente realista desde el momento en que las personas que aparecen en ella padecen los síndromes como el de Williams o el de Down.
Es una historia sencilla, muy bien contada y no cae en sensiblerías. Es sólo una exploración honesta de la afectividad y las necesidades de personas “diferentes”.
Muy recomendable.
