Antes de la medianoche

Jesse Ethan Hawke deja a su hijo de 14 años en el aeropuerto. El niño ha pasado el verano en Grecia, a la orilla del mar con su papá y la familia de éste. La despedida parece un poco ríspida, la magia del paréntesis veraniego, de los paseos en bicicleta, los juegos en ...

Jesse (Ethan Hawke) deja a su hijo de 14 años en el aeropuerto. El niño ha pasado el verano en Grecia, a la orilla del mar con su papá y la familia de éste. La despedida parece un poco ríspida, la magia del paréntesis veraniego, de los paseos en bicicleta, los juegos en la playa, el sol y el relajamiento han llegado a su fin y hay que enfrentar la realidad. La mala relación de Jesse con la mamá de su hijo es un gran estorbo entre el padre y el joven.

Jesse percibe un distanciamiento y con ese pensamiento se sube al coche donde lo espera Celine (Julie Delpy) y sus dos hijas gemelas que duermen en el asiento trasero. Toma el camino de regreso a la casa donde se hospedan, es una carretera que permite disfrutar de bellísimos paisajes de la región del Peloponeso. La cámara hace un acercamiento frontal de la parte delantera del auto y ahí se inicia un plano secuencia de casi 15 minutos, verdaderamente memorable, que funge de espejo para cualquier matrimonio y en el que el diálogo inteligente de la pareja nos permite ponernos al tanto de lo que ha sido de sus vidas, desde que los vimos la última vez en 2004, cuando termina Antes del atardecer.

Antes de la medianoche (Before Midnight, Estados Unidos 2013) cierra la trilogía que se inició en 1995 con Antes del amanecer, en la que Jesse y Celine eran dos jóvenes que se conocen en París y que pasan una noche juntos que ellos creen que será la única en sus vidas. Diez años después tienen otro encuentro en Antes del atardecer y hoy nueve años más tarde son una pareja establecida con dos hijas, y que están lidiando con sus respectivas crisis.

Como las dos anteriores está dirigida por Richard Linklater y coescrita con Ethan Hawke, Julie Delpy y la guionista Kim Krizan. En un lapso de casi 20 años visitamos por tercera vez a Jesse y Celine que en sus 40 enfrentan una crisis personal complicada, pero a la vez muy común en esa generación. Linklater recrea a una pareja como hay millones, con la que cualquiera puede identificarse, que empezó con un largo camino por delante, que como todos planeaban recorrer llenos de amor, ilusiones, certidumbre y juventud y que, también como todos, transita por un peligroso desfiladero que puede llevarlos al fin. 

En Antes de la medianoche Celine y Jesse cargan con diez años más.  Ambos tienen la sensación de que algo no funciona, pero sus conversaciones casuales recreadas en largas secuencias parecen intentar evitar el tema. Cada uno ha renunciado a algo por el otro, y si en su momento el amor y las ilusiones no admitían reclamos ni reproches, ahora es el tiempo de sacar todo aquello que está guardado.

El paso del tiempo es una dura prueba para una pareja, el deseo sexual se inhibe, se instala la rutina y se abre el espacio al tedio, el desinterés y el desamor. Jesse y Celine no están exentos de esto y la forma en que el relato lo representa se enriquece con la atinada improvisación por parte de Delpy y Hawke —espléndidos actores— que están bien puestos en sus personajes y de los que se ha hecho iconos del romanticismo moderno. 

El guión está construido con honestidad y gran simplicidad, sin rebuscamientos al igual que en las dos películas anteriores. Está cargado de diálogos en apariencia superficiales, pero que conducen al momento coyuntural en que se lanza la provocación, el reclamo, el reproche, de manera inteligente y divertida, aunque también dolorosa.

Hace unos días escribí aquí sobre la puesta en escena en Buenos Aires de Escenas de la vida conyugal escrita por Ingmar Bergman, en la que precisamente se “visita” a un matrimonio en varias etapas dentro de un lapso de casi 20 años. Algunas cosas del esquema de pareja de esa década de los 70 en que fue escrita pueden no estar vigentes en el año 2013, pero la lectura que ofrece Antes de la medianoche bebe en gran medida de Bergman y proyecta los mismos problemas de siempre en las parejas maduras, que han dejado atrás los ideales y el romanticismo para dejarse devorar por la cotidianidad y el desamor.

Es difícil no verse reflejado y preguntarse si el amor, a fin de cuentas, tiene fecha de caducidad.

Muy recomendable.

9/10.

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