2001: Odisea del espacio. 50 años (1)
En 1968, el director y productor Stanley Kubrick estrenó una película que cambió para siempre el género de ciencia ficción. Cincuenta años se dicen fácil, pero abarcan casi dos generaciones de espectadores que siguen encontrando nuevas interpretaciones en el ...
En 1968, el director y productor Stanley Kubrick estrenó una película que cambió para siempre el género de ciencia ficción. Cincuenta años se dicen fácil, pero abarcan casi dos generaciones de espectadores que siguen encontrando nuevas interpretaciones en el complejo argumento de 2001: Odisea del espacio, sus imágenes y sonidos y, sobre todo, su enigmático desenlace. El guión es del propio director en colaboración con Arthur C. Clarke, autor del relato corto en que se basa. En 50 años, una película de ciencia ficción puede envejecer dramáticamente y volverse obsoleta, sobre todo cuando la tecnología la supera o sus predicciones caen en el absurdo. No es el caso de la película de Kubrick y de su exploración del futuro desde una perspectiva no sólo tecnológica, sino evolutiva, sicológica, espiritual, filosófica y hasta poética. Con ella, Kubrick ganó el único Oscar que obtuvo en su carrera por increíble que parezca: Mejores efectos especiales. Un artista que sembró una semilla que dio fruto para cientos de películas exitosas, no fue comprendido en su momento.
A partir de 2001: Odisea del espacio y su muy personal estilo marcado por el manejo de la historia, fotografía, ritmo, iluminación, elementos escenográficos, diseño de arte y una original estética, recibieron una influencia decisiva en sus carreras realizadores como George Lucas, Steven Spielberg, Ridley Scott. ¿Existiría la saga Star Wars o Blade Runner o Alien sin el legado de Kubrick? No hay duda de que fue un visionario con una inteligencia excepcional. Tachado de obsesivo y perfeccionista por muchos que colaboraron con él, quienes cuentan que repetía una toma más de 50 veces y aun así no quedaba conforme, su obra, y esta película en particular, siguen vigente entre estudiosos y el público.
Dividida en cuatro partes, 150 minutos de duración con intermedio, y un presupuesto de 12 millones de dólares, 2001: Odisea del espacio se inicia millones de años atrás, en la prehistoria, con dos grupos de primates que se enfrentan por comida y territorio. Un día aparece ante sus ojos un enorme monolito de forma rectangular enterrado en el suelo y que genera entre ellos curiosidad y miedo. Hay muchas interpretaciones de lo que este elemento puede significar, pues está presente en saltos evolutivos del hombre durante la película y se le atribuye un origen alienígena. Mientras escuchamos Así hablaba Zaratustra, de Richard Strauss, uno de estos hombres primitivos descubre que su mano es una herramienta, que puede tomar un hueso y convertirlo en un arma que le da superioridad. El hueso vuela por los aires y en una de tantas elipsis de las que se vale Kubrick durante toda la película, nos encontramos en el espacio, con enormes estaciones que se mueven lentamente con la música de Johann Strauss (sin relación con el otro Strauss, por cierto).
La música siempre fue un elemento fundamental en sus películas y Kubrick la supervisaba personalmente.
Esta película merece más espacio. Mi comentario continúa este miércoles.
