Sin hielo, ¿sin mundo?

Gracias a un robot submarino, investigadores del ITGC han podido recopilar información debajo del Thwaites, la cual revela que el suministro de agua caliente es mucho mayor de lo que se preveía y eso significa un derretimiento más rápido y una aceleración del flujo, de acuerdo con lo publicado en la revista Science Advances. ¿Por qué debe importarnos lo que sucede en el fin del mundo?

Un iceberg enorme, de cuatro mil 320 kilómetros cuadrados, más grande que Los Cabos, BCS, en días pasados se desprendió del lado occidental de la plataforma de hielo de Ronne de la Antártida y ha generado sorpresa y alerta.

El desprendimiento o parto, como se le conoce a ese proceso, fue descubierto por investigadores del British Antarctic Survey (BAS) a través de imágenes capturadas por el satélite Copernicus Sentinel de la Unión Europea.

Lo interesante es que el parto del ahora iceberg más grande del mundo se considera un evento natural y esperado, porque así las plataformas de hielo se mantienen en equilibrio. Es decir, no fue resultado del impacto de la crisis climática, pues el mar de Weddell, donde flota el iceberg A76, no experimenta, por ahora, calentamiento, según explica el glaciólogo Alex Brisbourne en la página de BAS.

Su colega Laura Gerrish, especialista en sistema de información geográfica y cartografía de BAS, coincide en la naturaleza del evento y escribió en su cuenta de Twitter que “(Los icebergs) A76 y A74 son parte de los ciclos naturales de las plataformas de hielo que no habían parido nada grande durante décadas. Es importante monitorear la frecuencia de todos los partos de iceberg, pero éstos son los esperados por ahora”.

Sin embargo, la glacióloga, geóloga y exploradora de la National Geographic Society, M Jackson, dijo a The New York Times, que la pérdida de hielo en la Antártida y Groenlandia siempre atrae la atención y, aunque el mar de Weddell no se calienta tan rápido como otras partes de la Antártida, el impacto de la crisis climática no puede descartarse.

En la Antártida, otras plataformas de hielo se derriten porque el océano que las rodea se calienta más rápido y eso eleva la tasa de aumento del nivel del mar, como lo ha documentado el Centro Nacional de Datos de Hielo y Nieve (NSIDC, por sus siglas en inglés).

Así, según NSIDC, la capa de hielo más grande del planeta “se calienta a un ritmo más rápido y contiene suficiente agua congelada para elevar el nivel global del mar en 60 metros”.

Jackson ha documentado, durante los últimos años, los cambios físicos de los glaciares de Islandia y otras partes del mundo, los cuales, señala, experimentan derretimiento sin precedentes.

Icebergs y glaciares se deshielan y son monitoreados por científicos, como el Thwaites, conocido como “el glaciar del Juicio Final”, cuyo tamaño es más grande que la Gran Bretaña, y experimenta un derretimiento acelerado.

Tan preocupante es lo que sucede con el glaciar más remoto del planeta, que Reino Unido y Estados Unidos financian el programa de investigación International Thwaites Glacier Collaboration (ITGC), pues en las últimas 30 décadas la cantidad de agua que fluye del glaciar se ha duplicado.

Gracias a un robot submarino, investigadores del ITGC han podido recopilar información debajo del Thwaites, la cual revela que el suministro de agua caliente es mucho mayor de lo que se preveía y eso significa un derretimiento más rápido y una aceleración del flujo, de acuerdo con lo publicado en la revista Science Advances.

¿Por qué debe importarnos lo que sucede en el fin del mundo? Porque, como dicen los científicos, la capa de hielo de la Antártida forma parte del sistema climático de la Tierra y la Antártida occidental tiene “el 10% de la tasa actual de aumento del nivel del mar y el mayor potencial para aumentar esa tasa debido a cambios rápidos que se producen en el glaciar Thwaites”.

No por nada, un grupo de científicos publicó recientemente un estudio en Nature, el cual destaca que incumplir el Acuerdo de París, que estipula limitar el calentamiento por debajo de los dos grados centígrados, y llegar a tres grados —que, lamentablemente, es la ruta que se sigue—, en 2060 podría detonarse un incremento abrupto en la tasa de derretimiento de la Antártida, por consiguiente, aumentaría más el nivel del mar, lo que inundaría ciudades costeras y los deltas más poblados del planeta, como el Misisipi, el Rin, el Ebro o el Ganges.

Las proyecciones son claras, y si bien aún no hay estudios que predigan con exactitud lo que pasará, es urgente cumplir con los compromisos firmados hace más de cinco años en París, porque vivir sin hielo será catastrófico.

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