Los principales ríos en el mundo enfrentan niveles bajos. En estos momentos, en algún lugar hay sequía, en otras regiones golpean inundaciones o escasez de agua. Naciones Unidas ya había alertado que la situación global no es de crisis, sino de bancarrota hídrica.
Sin duda, la crisis climática de origen antropogénico es en buena parte responsable de esto, pero más lo es la mala gestión de los cuerpos de agua y el uso que se les da. Sin importar niveles bajos o muy bajos, muchos ríos son utilizados como receptáculos de descargas contaminantes. El comportamiento del agua dulce del planeta está cambiando.
El nuevo informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) Estado de los recursos hídricos mundiales muestra que 2025 fue otro año de señales que no deben ignorarse, como ríos con caudales por debajo de lo normal, reservas subterráneas en descenso, pérdida acelerada de hielo y mayor frecuencia de sequías e inundaciones severas.
Por ejemplo, la cuenca del río transfronterizo entre México y Estados Unidos, el Bravo o Grande, está bajo presión constante; las sequías prolongadas y el uso que se le da amenaza la seguridad hídrica de millones de personas, así como para ecosistemas, agricultura e industria. Al año pierde alrededor de cuatro albercas olímpicas por minuto. Y el consumo humano rebasa su capacidad de reposición.
Los ríos Danubio, Rin, Po y Loira, en Europa, enfrentaron los niveles más bajos de su historia en julio y agosto pasados debido a la sequía y calor extremos. Barcazas tuvieron que reducir su capacidad hasta 30% para navegar el Rin, mientras que el Danubio, que atraviesa 19 países, vio descender sus aguas a un nivel más bajo en 30 años.
El reporte de la OMM halló que en 2025 el almacenamiento terrestre de agua estuvo 42% por debajo de los valores normales a escala global, incluye acuíferos, lagos, ríos y embalses, humedad del suelo y agua retenida en vegetación y árboles, además de hielo y nieve.
El déficit es profundo.
Esta medición es importante, porque permite observar el estado de las reservas que sostienen el funcionamiento de los ecosistemas y las actividades humanas, incluso cuando no hay precipitaciones.
Estos reservorios de agua llevan años mostrando señales de deterioro. La OMM identificó un descenso progresivo del almacenamiento hídrico desde 2014-2016.
La crisis climática ha jugado un papel importante en el déficit hídrico. Los fenómenos hidrometeorológicos y los cambios en la temperatura ocasionan que el ciclo del agua sea más errático, lo cual ha derivado en el deshielo acelerado de glaciares y los casquetes polares; sequías más extremas e inundaciones repentinas.
La atmósfera al calentarse altera las tasas de evaporación y la distribución de las lluvias, lo cual provoca un clima convulso que oscila súbitamente entre la sequía extrema y las precipitaciones torrenciales.
Los ríos del mundo pueden pasar, en minutos, de casi secos a tener niveles por arriba de su capacidad.
La OMM, a través de modelos hidrológicos, registró que un tercio de los ríos observó niveles dentro del rango normal, 36% tuvo caudales inferiores o muy inferiores y, en contraste, 21% tuvo caudales superiores o muy superiores.
Los ejemplos abundan en el informe de la OMM. Los grandes sistemas fluviales como el Misisipi y el Colorado, en EU; el Nilo el Congo, en África, así como las cuencas del Amazonas y de la Plata, en Sudamérica, arrastran sequías sin precedentes.
Tras meses secos, lluvias extremas provocaron que el río Guadalupe, en Texas, pasara de medir sólo 30 centímetros a superar los 10 metros de altura en pocas horas el 4 de julio del año pasado, provocando inundaciones catastróficas, un saldo de 135 personas fallecidas y los daños fueron calculados entre 18 mil y 22 mil millones de dólares.
En la cuenca del Mediterráneo, Turquía experimentó en 2025 su año más seco desde 1964; Armenia registró un invierno con lluvias de apenas 52% del promedio histórico; Irán vivió precipitaciones primaverales 44% por debajo de lo normal, lo que provocó una grave escasez de agua, y Siria tuvo la temporada de lluvias más escasa en 60 años (2024-2025).
Ahora bien, un dato a no perder de vista está relacionado con el agua subterránea. El informe de la OMM indica que en 2025, 65% las estaciones de observación registró “niveles medios anuales fuera del rango normal; se observaron niveles inferiores o muy inferiores a lo normal en 34% de las estaciones (frente a 25% en 2024) y niveles superiores o muy superiores a lo normal en 31% (frente a 37% en 2024)”.
Entre los niveles persistentemente inferiores o muy inferiores a lo normal se observaron en Europa central y oriental, en el centro del territorio estadunidense, en el norte y centro de Chile, además de Brasil, Sudáfrica e India, y particularmente en algunas partes de México.
No es un secreto que en nuestro país la sobreexplotación de los acuíferos es una problemática delicada.
La extracción sobrepasa la recarga y por lo menos en la Ciudad de México esto también hunde el suelo.
En el territorio nacional, además, de acuerdo con la Conagua, se suma que más de 50% de los ríos está contaminado o tiene algún grado de contaminación, cuestión que provoca dificultad en la disponibilidad y acceso al recurso.
El problema es de tal magnitud que el gobierno federal se ha comprometido a rescatar tres de los ríos más contaminados: Lerma-Santiago, Tula y Atoyac. Pero también habría que poner atención a la presa Endhó, en Hidalgo, nombrada por sus habitantes como la cloaca más grande del mundo, pues recibe los desechos de 20 millones de personas y las descargas de un centenar de industrias, de acuerdo con un reportaje del diario The New York Times publicado hace unos días.
Sin duda, el desafío hídrico es mayúsculo. Por un lado, cuando las reservas disminuyen se reduce el margen de seguridad de las sociedades y ecosistemas. Por otro, la contaminación de los cuerpos de agua exacerba la bancarrota hídrica de cada país.
