Lo que debemos aprender de la tragedia glaciar de Nepal

Lorena Rivera

Lorena Rivera

Editorial

La tragedia ocurrida en el Himalaya la semana pasada tiene a la comunidad científica juntando las piezas entre mapas, videos, imágenes satelitales e investigaciones para saber cuál fue la causa de la gran y repentina inundación que, al momento, ha dejado más de 900 fallecidos y más de 4 mil 700 personas reportadas como desaparecidas, tan sólo se calcula que, de ésas, hay 600 trabajadores hidroeléctricos atrapados en túneles y cientos de turistas.

Estamos frente a una manifestación física de un sistema planetario que está perdiendo su equilibrio.

Al momento se sabe que un fragmento de glaciar se desprendió a cinco mil 200 metros de altitud en la montaña Langtang Lirung, ubicada en la frontera entre Nepal y el Tíbet. Arrastró roca, hielo y sedimentos, represó momentáneamente el río Lhende Khola y, al ceder, liberó el flujo de escombros y lodo provocando un deslizamiento catalogado como uno de los más grandes del mundo ocurrido en las últimas dos décadas, de acuerdo con el análisis de Göran Ekström, sismólogo del Observatorio Terrestre Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia y reportado por la revista Sciencie.

El primer ministro de Nepal, Balendra Shah, afirmó que los riesgos que afronta la región del Himalaya “están aumentando junto con el cambio climático”, en contraste, los científicos están siendo muy cautos, porque aún hay mucho por investigar.

Conversé sobre este evento sorpresivo y mortífero con Hugo Delgado Granados, geólogo y glaciólogo del Instituto de Geofísica de la UNAM, y su explicación permite entender cómo el cambio climático está impactando a la criosfera: nieve, glaciares, hielo marino, permafrost y suelo congelado, un ecosistema altamente vulnerable al cambio climático. Una amenaza existencial directa.

Explicó que un glaciar de montaña se desprende, cuando el agua del deshielo escurre por la superficie, percola a través de las grietas de la masa de hielo y llega hasta la base. Esa agua actúa como lubricante entre el hielo y el lecho rocoso, lo cual acelera el deslizamiento hacia zonas más cálidas, donde la fusión se intensifica.

En Nepal, el colapso del glaciar se transformó en un flujo de escombros o lodo y, aunque aún no se conoce qué lo provocó, tomó una fuerza destructiva sin precedentes.

Delgado subraya que el hielo, por su rigidez, responde a esta mayor lubricación fracturándose.

A veces se desprenden fragmentos pequeños; “en este caso (Nepal y Tíbet), según explica, se separó una porción considerable del glaciar, con una fuerza suficiente para levantar el material rocoso de los frentes glaciares y transportarlo pendiente abajo junto con agua y sedimento.

Advierte que este tipo de eventos ocurre en todas las zonas montañosas del planeta con cobertura glaciar, y dos variables han cambiado: la frecuencia y la magnitud. En 2025, dice, se registró un fenómeno similar en la zona, pero el ocurrido el 26 de agosto pasado superó cualquier magnitud observada previamente.

Este tipo de eventos son inquietantes, porque, a decir del glaciólogo mexicano, los protocolos de protección civil construidos a lo largo de décadas fueron diseñados para ciertos niveles de riesgo, no para los que ahora están presentándose.

Si bien ningún científico, por el momento, atribuye directamente este evento al cambio climático, lo que ya está documentado es que julio de 2026 ya quedó registrado como el segundo mes más cálido registrado en el planeta, de acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial y el Servicio de Cambio Climático de Copernicus, y el retroceso glaciar mundial, según recuerda Delgado, se ha vuelto cada vez más intenso en el Himalaya, superando los escenarios que la propia comunidad científica había proyectado.

Los impactos en la criosfera llevaron a la ONU a tomar, el año pasado, tres decisiones: declarar el 21 de marzo como Día Mundial de los Glaciares, nombrar 2025 como Año Internacional de la Conservación de los Glaciares, e iniciar, a partir de ese mismo año, el Decenio de Acción para las Ciencias de la Criosfera (2025-2034).

Delgado explica que estas designaciones no se limitan a los glaciares de montaña, como los de las cumbres del Himalaya, el llamado “techo del mundo”, incluyen también el casquete polar ártico, cuya desaparición estival se anticipa en un plazo de uno a cinco años, la Antártida y el deshielo del permafrost en Alaska y Siberia, que, además de deformar suelos y dañar infraestructura, libera gas metano atrapado durante milenios que amenaza con retroalimentar el calentamiento global de manera incontrolable, mientras destruye infraestructura esencial para las comunidades locales.

La respuesta del organismo internacional refleja un estado de emergencia.

La humanidad está frente a una realidad amarga, mientras los sistemas que sostienen la vida en el planeta envían señales inequívocas de estrés, como han sido los incendios incontrolables en Canadá o España; huracanes de magnitud inédita y el retroceso de la criosfera, por mencionar algunos impactos, los principales emisores de gases de efecto invernadero, como China y Estados Unidos, mantienen una resistencia histórica a firmar o cumplir plenamente acuerdos climáticos cruciales.

La tragedia en Nepal y el Tíbet, como dice Delgado, es un espejo. Si no se atiende el conocimiento científico generado sobre la criosfera y no se frena la influencia antropogénica directa en el clima, la deuda no será con el planeta; la raza humana se condenará a sí misma y a sus descendientes, porque el mundo se adaptará sin ésta.