No culpen a los murciélagos

Cuando surgen los problemas de compleja resolución, lo más fácil es culpar a los otros o a hechos pasados antes de afrontar o asumir las responsabilidades correspondientes. ¿Ejemplos? Muchos. De los más recientes está la irrupción del virus SARSCoV2, causante de la ...

Cuando surgen los problemas de compleja resolución, lo más fácil es culpar a los otros o a hechos pasados antes de afrontar o asumir las responsabilidades correspondientes. ¿Ejemplos? Muchos. De los más recientes está la irrupción del virus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad de covid-19, que desde hace un año tiene sumergido al planeta en una pandemia con costos altísimos.

Como se sabe, este coronavirus surgió en China. Para el gobierno de Donald Trump fue fácil apuntar con el dedo flamígero que se trató de un experimento de laboratorio en Wuhan que, por negligencia, se escapó. Ahí no paró el asunto.

El gobierno chino reviró. Señaló que el origen fue en un laboratorio estadunidense. Así, unos y otros se echaron la culpa, en lugar de unir fuerzas y encontrar soluciones desde un principio, de haberlo hecho, quizá, sólo quizá, la covid-19 no hubiera proliferado como pandemia.

Por fortuna, la ciencia, alejada de los conflictos bilaterales o multilaterales, ha continuado con investigaciones de enfermedades ocasionadas por coronavirus como MERS-CoV y SARS-CoV-1.

Así, investigaciones sobre la aparición del SARS-CoV-2 apuntan hacia la dirección de los quirópteros o murciélagos y los pangolines, pero se decantan más por los primeros.

Como era de esperarse, esos mamíferos alados, para los no eruditos, son los “culpables” de nuestras penas. Para la ciencia, los murciélagos ni la deben ni la temen.

Una nueva investigación de la Universidad de Cambridge titulada “Climate change may have driven the emergence of SARS-CoV-2” y publicada en Science of the Total Environment señala que la crisis climática podría ser un factor determinante en la aparición del SARS-CoV-2.

El estudio arrojó que en el último siglo, en la provincia de Yunnan, al sur de China y regiones cercanas a Myanmar y Laos, el tipo de vegetación ha sido impactado por la crisis climática debido al aumento de la temperatura y del dióxido de carbono atmosférico, así como la variación de luz solar, lo cual ha afectado el crecimiento de plantas, arbustos y árboles.

Esos cambios en los hábitats debido a la inestabilidad del clima impulsó a que, por lo menos, 40 especies de murciélagos se movieran con todo y sus coronavirus hacia Yunnan.

Para Robert Beyer, de la Universidad de Cambridge y principal autor del estudio, entender cómo ha ido cambiando la distribución global de las distintas especies de murciélagos como resultado de la crisis climática “puede ser un paso importante en la reconstrucción del origen del brote de covid-19”.

Gerardo Ceballos, investigador del Instituto de Ecología de la UNAM, señala que ese estudio es importante, porque revela que el cambio climático en los últimos cien años ha empujado a especies a moverse de lugar y, aunque a lo largo de los siglos se fueron adaptando a ambientes cambiantes, ahora esas transformaciones son más rápidas debido a las actividades del hombre.

Entrevistado para este espacio, el también miembro de la National Academy of Sciences y de la National Academy of Arts and Sciences indica que el que haya más murciélagos en esa zona de Yunnan sí explica que haya más contacto con los humanos porque, además, se los comen: “La mano del hombre está metida en la aparición de los coronavirus, como el SARS-CoV-1 y SARS-CoV-2 y MERS, pues en esas zonas hay más murciélagos”.

No sólo eso, “en China, el consumo de fauna silvestre es gigantesco, ya sea para comida, medicina, aunque menos como animales de compañía… hay mafias muy poderosas que propician tráfico ilegal de especies, porque se ha vuelto más redituable que el tráfico de drogas”.

Así, el tráfico ilegal de especies, la destrucción de hábitats y la crisis climática son causantes de ésta y muchas otras epidemias con posibilidad de volverse pandemias.

Ceballos agrega un dato revelador: “Los coronavirus no surgieron antes de los años 70, porque en la revolución cultural, Mao Zedong dio la orden de dejar de depender de la medicina occidental; una política aparentemente inocua, pero que ha causado el declive de la fauna silvestre al regresar a la medicina tradicional… fue a partir de ahí cuando las mafias, muy bien organizadas, vieron que había un mercado gigantesco debido a gente de alto poder adquisitivo que puede pagar por pangolines y murciélagos”.

La crisis climática tiene solución, no será sencilla, anota, “pero cada que desaparece una planta o un animal no hay marcha atrás, así que debe erradicarse el tráfico de especies y su consumo; además, cerrar los mercados húmedos como el de Wuhan y acabar con el hacinamiento y condiciones deplorables en la cría de animales, como cerdos y aves”.

¿Hacia dónde se debe apuntar? Hacia la humanidad. Es la culpable de todas las calamidades. Si no queda claro, entonces, la civilización colapsará en poco tiempo.

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