Microplásticos, una macroamenaza
Los seres humanos respiran, beben y comen contaminación. Aire sucio por los escapes de los vehículos automotores y de la cadena de producción de combustibles fósiles. Agua y alimentos mezclados con sustancias tóxicas provenientes de diversos procesos industriales y ...
Los seres humanos respiran, beben y comen contaminación. Aire sucio por los escapes de los vehículos automotores y de la cadena de producción de combustibles fósiles. Agua y alimentos mezclados con sustancias tóxicas provenientes de diversos procesos industriales y mineros.
Ahora, a lo anterior se suman las micropartículas de plásticos que también se comen, beben y respiran.
Así ha sido la evolución de la humanidad con los descubrimientos que dieron desarrollo, crecimiento y satisfactores a las naciones a partir de la Revolución Industrial. Pero se fue de las manos.
El plástico, en el inicio celebrado por su durabilidad y versatilidad, se ha convertido en un veneno omnipresente.
Plásticos y microplásticos han invadido la Tierra, desde el Ártico hasta la Antártida; ningún ecosistema está libre de esa plaga.
Naciones Unidas ya lo había advertido: “Cada minuto se compran un millón de botellas de plástico y, al año, se usan 500 mil millones de bolsas. Más de 10 millones de toneladas de plástico acaban en los océanos cada año, amenazando la vida marina”, así, si se continúa a este ritmo, habrá más plástico que peces en el mar para 2050.
Aun sabiendo que los plásticos pueden persistir cientos de años y que se fragmentan en microplásticos, el uso y deshecho de este material continúa a gran escala y nuevos estudios revelan información preocupante por los riesgos que representan a la salud humana y a la de especies animales, así como impactos negativos al ambiente.
Científicos japoneses recién dieron a conocer un nuevo estudio en el que hallaron microplásticos —varios tipos de polímeros y caucho— en el agua de las nubes a gran altitud y que rodean los montes Fuji y Ōyama.
Publicada en la revista Environmental Chemical Letters se trata de la primera investigación en detectar microplásticos en el aire y en el agua de las nubes, tanto en la troposfera libre como en la capa límite atmosférica; además, se identificaron nueve tipos de microplásticos, como polietileno, polipropileno, policarbonato y poliuretano, sólo por mencionar algunos.
Los científicos encontraron que cada litro de agua de nube contenía entre 6.7 y 13.9 partículas de plástico, además, las más abundantes son procedentes de polímeros hidrófobos, pero después de una exposición prolongada a la luz del sol se degradan, entonces se vuelven hidrófilos, es decir afines al agua, y estas partículas colaboran a la rápida formación de nubes y, quizá, podrían afectar el clima. Aunque esto último es una interrogante abierta que dejaron los investigadores.
La semana pasada, el autor principal de la investigación, Hiroshi Okochi, de la Universidad de Waseda, en un comunicado advirtió que si la contaminación del aire por microplásticos no es abordada de manera proactiva, el cambio climático y los riesgos ecológicos podrían convertirse en una realidad, ocasionado daños graves e irreversibles en el medio ambiente a futuro.
El equipo científico japonés contextualizó su investigación con los hallazgos de estudios pasados, como el que la mayoría de los microplásticos en el aire son poco más grandes que las partículas de 2.5 micrómetros, conocidas como PM 2.5, las cuales tienen efectos nocivos para la salud.
Entre las fuentes de esos microplásticos destacan polvo de carreteras, desgaste de neumáticos y frenos, pasto artificial, ropa y vertederos.
Recordemos que las PM 2.5 son respirables y por ese simple hecho se alojan en lo más profundo de los pulmones, incluso, pueden llegar al torrente sanguíneo, lo cual puede ocasionar: muerte prematura en personas con enfermedades cardiacas o pulmonares, infartos al miocardio no mortales, latidos irregulares, asma agravada y función pulmonar reducida, entre otros daños a la salud.
Un estudio realizado por la Universidad de Newcastle en Australia, publicado en 2019, calculó que una persona promedio podría estar ingiriendo aproximadamente cinco gramos de microplásticos a la semana, el equivalente al peso de una tarjeta de crédito.
Qué más necesita saberse sobre los daños que los plásticos y microplásticos ocasionan a la vida en el planeta para echar a andar estrategias tangibles basadas en la economía circular y regulaciones estrictas.
Tomando una sola de las fuentes de microplásticos, como el desgaste de neumáticos, debería sorprender el alto costo para hacer conciencia.
A nivel global se fabrican anualmente más de dos mil millones de neumáticos y, cuando se desechan, inevitablemente terminan en vertederos, ríos y océanos, liberando sustancias tóxicas en el agua y el suelo.
Pero el desgaste de las llantas produce alrededor de dos mil veces más contaminación por partículas respecto de las que emiten los escapes de vehículos de combustión interna.
De acuerdo con el estudio Breaking the Plastic Wave del Pew Charitable Trust, el caucho sintético de las llantas tiene más de 400 sustancias químicas, muchas cancerígenas, y el polvo que sueltan contamina aire, suelo y agua, con afectaciones a la salud humana y la vida silvestre, como peces y otras especies.
A mayor uso de plásticos, mayor consumo de combustibles fósiles, lo cual produce mayores emisiones de gases de efecto invernadero, los cuales calientan el planeta. Un círculo vicioso y nocivo para la salud de absolutamente todas las manifestaciones de vida.
