Los gases del apocalipsis

El clima del planeta es cambiante y dinámico. Es el resultado de la interacción entre la radiación del Sol, la atmósfera, la superficie terrestre, los océanos y la criosfera el hielo y la nieve que hay en la Tierra. Así, a lo largo del tiempo, las variaciones de esas ...

El clima del planeta es cambiante y dinámico. Es el resultado de la interacción entre la radiación del Sol, la atmósfera, la superficie terrestre, los océanos y la criosfera (el hielo y la nieve que hay en la Tierra). Así, a lo largo del tiempo, las variaciones de esas interrelaciones han determinado los ciclos climáticos. Pero, de acuerdo con la ciencia, desde inicios de la era industrial —siglo XVIII—, las actividades humanas han trastocado el clima.

Las actividades humanas son “culpables” de la crisis climática, principalmente por la quema de los combustibles fósiles: carbón, petróleo y gas, esto ha generado enormes concentraciones de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera y la elevación de las temperaturas.

Esos gases se encuentran en estado natural y su función es retener el calor en la atmósfera, esencial para la vida en la Tierra, pero el incremento de las emisiones por la quema de combustibles fósiles ha ocasionado un calentamiento global, cuyo impacto negativo ha puesto en peligro a la humanidad, las especies animales y vegetales, así como a los diversos ecosistemas.

A lo largo de las últimas décadas se han intensificado los fenómenos meteorológicos y climáticos, en particular calor más sofocante, más frecuente e intenso, además de tormentas e inundaciones devastadoras en la mayoría de las regiones del mundo.

De todos los GEI, el dióxido de carbono (CO2) tiene más reflectores, porque es el más abundante en la atmósfera y persiste cientos de años o más, de ahí que las acciones de mitigación se centran en la reducción al ser el principal impulsor del calentamiento global.

Datos de la NASA indican que las actividades humanas han elevado en 50% el CO2 en la atmósfera en menos de 200 años. Este gas proviene de la extracción y quema de combustibles fósiles e incendios forestales, entre otros procesos.

El segundo GEI en importancia es el metano (CH4). Sus fuentes son la agricultura, extracción y quema de combustibles fósiles y residuos sólidos en vertederos a cielo abierto. Es responsable de la mitad del aumento neto de la temperatura media global desde la era preindustrial y tiene un potencial de calentamiento de más de 80 veces respecto al CO2, durante los siete a 12 años de vida que tiene al ser liberado a la atmósfera. Por ello, existe la urgencia de acciones para recortar las emisiones.

Así, en el marco de la COP26 de Glasgow (2021) surgió el Compromiso Global de Metano, iniciativa de Estados Unidos y la Unión Europea, al que se han sumado más de 100 países, incluido México, que ostenta el lugar 10 entre los mayores emisores de este potente gas. El objetivo es reducir 30% de las emisiones globales en 2030 y, de lograrlo, será posible limitar el calentamiento a 1.5 grados centígrados.

De entonces a la fecha, algunos pasos se han dado, como el financiamiento del gobierno estadunidense de 700 millones de dólares para rastrear y recortar las emisiones de CH4 de su industria del petróleo y gas.

Hacer posible la disminución del metano requiere contar con datos concretos de las emisiones. Por ello, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) puso en marcha el Observatorio Internacional de Emisiones de Metano (IMEO, por sus siglas en inglés) para ayudar a los gobiernos a que logren los recortes en sectores como el energético.

Y la semana pasada, la organización Environmental Defense Fund (EDF) anunció el lanzamiento del MethaneSAT a principios de 2024. Ese satélite medirá las emisiones de CH4 del sector del petróleo y gas en 150 regiones del planeta, incluido nuestro país.

De acuerdo con el EDF, las emisiones de metano son 2.4 veces mayores a las registradas en el Inventario Nacional de Emisiones de 2021 del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático. Entonces, México no está cumpliendo con sus compromisos de reducción de metano.

Identificar a los principales responsables y precisar las zonas será fundamental para retomar el camino de los compromisos. Aunque, por ahora, esto no figura entre las prioridades de algunos gobiernos.

Si el sector del petróleo y gas tienen en jaque al clima, la agricultura y ganadería no se quedan atrás, pues son responsables de 37% de las emisiones de metano.

Otro potente GEI y del que poco se habla es el óxido nitroso (N2O), cuyas fuentes son los escapes de vehículos, quema de combustibles fósiles, procesos metalúrgicos e incendios forestales. Ya lo vemos, el cambio climático es como esa chispa que quema los bosques y selvas en varios puntos del planeta. Y apunta a ponerse peor.

Datos del PNUMA indican que se trata de un gas 300 veces más potente que el CO2 y además agota la capa de ozono.

Y resulta que la agricultura produce 60% de la emisión de N2O, pues continúa el uso de fertilizantes nitrogenados y los desechos del ganado también son contribuyentes.

El que el sector agrícola sea un importante emisor de GEI sí debe preocuparnos y ocuparnos, de otra manera, cómo será posible alimentar a más de ocho mil millones de personas. Esa cifra va en aumento.

El calentamiento de la atmósfera, la tierra, la criosfera y los océanos lo está complicando todo. Mientras el bla bla bla de los líderes globales continúa, los gases de efecto invernadero siguen acumulándose. El tiempo para actuar se acorta.

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