La paradoja de las lluvias

Cuando nos enteramos de la tormenta tropical Alberto, la primera de la temporada en el océano Atlántico, exclamamos: ¡por fin, benditas lluvias! Y no es para menos, después de haber atravesado las vicisitudes de cinco inclementes olas de calor y una sequía larguísima ...

Cuando nos enteramos de la tormenta tropical Alberto, la primera de la temporada en el océano Atlántico, exclamamos: ¡por fin, benditas lluvias! Y no es para menos, después de haber atravesado las vicisitudes de cinco inclementes olas de calor y una sequía larguísima para cultivos, ganado y abastecimiento de agua, exacerbados por el cambio climático de origen antropogénico.

Estas precipitaciones han sido contradictorias, porque trajeron beneficios para algunas regiones, pero para otras apenas fueron unas cuantas gotas.

Quizás esbozamos imágenes de presas subiendo su almacenamiento para saciar la sed del campo, alejar el fantasma del Día Cero en el Sistema Cutzamala, así como aliviar el desastre hídrico en estados como Tamaulipas —donde, por cierto, hace unos cuantos días llegó una planta desalinizadora a Altamira—, Nuevo León, Sonora, Sinaloa, Coahuila y otros, incluidos aquellos que, supondríamos, deberían tener agua, como Veracruz y Chiapas.

Las aguas de Alberto dieron un respiro a las presas en Nuevo León: El Cuchillo tiene un llenado de 86.1%; Cerro Prieto, 74.7%, y La Boca, 99.2 por ciento.

El hidrólogo Alfredo González dijo a ABC Noticias que si las autoridades manejan bien las presas y los más de 200 pozos someros que “están rebosando”, podría garantizarse la demanda para los próximos 10 años.

Por supuesto que es una buena noticia y, como dijo el experto, el manejo hídrico debe ser eficiente por parte de toda la sociedad, además, deben incluirse muchísimas acciones, como plantas de tratamiento y analizar nuevas concesiones.

La mala noticia la constituyen las pérdidas dejadas al paso de Alberto, tan es así que se emitió una declaratoria de emergencia para los 51 municipios de Nuevo León. El cálculo de los daños del gobierno estatal por inundaciones es de alrededor de mil millones de pesos y cuatro personas fallecidas.

Para el gobierno de Coahuila, la tormenta tropical dejó beneficios, “cruciales para el manejo de recursos hídricos en la región. Principalmente, se observó un aumento en los niveles de agua en las diferentes presas del estado, así como la recarga de los acuíferos”. Palo Blanco, por ejemplo, registró ciento por ciento de su capacidad.

Las lluvias harán que la sierra de Arteaga dé producción de manzana, además, se asegurará el riego para los cultivos y el ganado, necesarios para la economía del estado. A esto se suman beneficios en otras regiones. La ideal del gobierno coahuilense es que, más allá de las inundaciones por las tormentas, paradójicamente, son un gran apoyo.

Sin embargo, las aguas de la tormenta tropical Alberto no alcanzaron para aumentar la capacidad de llenado de las presas del Sistema Cutzamala.

Eso sí, fueron un remanso para las zonas quemadas en Valle de Bravo, Estado de México, así como para sus comunidades, abrumadas por las altas temperaturas y el humo sofocante.

A diferencia de lo ocurrido en las presas de Nuevo León y Coahuila, las de Valle de Bravo, El Bosque y Villa Victoria, que integran el Cutzamala, no corrieron con la misma suerte.

De acuerdo con el reporte de las principales presas de la Conagua publicado ayer: 1) Valle de Bravo tiene un llenado de 27%; 2) Villa Victoria, apenas 22%, y 3) El Bosque, 31%, una imperceptible subida.

En el monitoreo del 17 de junio, la primera tenía lo mismo, 27%; la segunda, 23%, y la tercera, 28 por ciento.

Como se observa, las aguas de Alberto no fueron parejas y, obvio, son muchos los factores meteorológicos y geográficos involucrados para que las precipitaciones sean abundantes en algunas regiones y escasas en otras.

Con mayor razón habrá que cuidar y gestionar al máximo el agua que aún llega a los grifos proveniente del Cutzamala al Valle de México y esperar otros fenómenos hidrometeorológicos, tanto en el Pacífico como en el Atlántico; pero, sobre todo, estar prevenidos sobre qué tanta agua y destrucción traerán y en dónde se concentrarán.

Pero, ¡no ha dejado de llover y hay inundaciones o encharcamientos en la CDMX y algunos municipios del Edomex!, ¿cómo es posible que no se solucione la escasez hídrica?

Desafortunadamente, resolver el grave problema de la falta de agua pasa por diversos factores, desde presupuesto, reparar fugas y modernizar la infraestructura, entre muchos otras, así como una gestión eficaz y sostenible.

Por eso el agua de las recientes lluvias y de todas las que han caído en el pasado se desperdician, porque la capital del país y los municipios conurbados no tienen sistemas de infiltración y captación pluvial, ni mucho menos otras infraestructuras verdes, como humedales, para “fabricar” agua.

Todas las precipitaciones se van al drenaje y, junto a ellas, la basura en las calles, la cual tapa las alcantarillas, generando inundaciones y encharcamientos. Los más beneficiados son los árboles de alamedas, banquetas, camellones y parques. ¡Y qué bueno!

Estos últimos días han sido frescos y lluviosos. Por ahora, el poderoso huracán Beryl categoría 4, con vientos máximos de 240 km/h, y jamás registrado tan temprano en el Atlántico, impactará entre jueves y viernes en la península de Yucatán con vientos de hasta 120 km/h.

El informe de ayer de la Conagua indica que los estados con más lluvias, por lo tanto más agua, serán Yucatán, Quintana Roo, Chiapas, Campeche y Veracruz.

Así que habrá que cruzar los dedos y esperar que algo de las precipitaciones caiga en las presas del Cutzamala y aumenten su capacidad de llenado para tener certidumbre en el abasto, por ahora, porque para adelante hay muchísimo que hacer.

Temas: