La escasez de agua es un asunto de seguridad nacional
En muchas partes del mundo, la escasez de agua es una realidad y el cambio climático está exacerbando el problema, de hecho, las sequías son más frecuentes y severas, lo cual está afectando la seguridad alimentaria y los medios de vida. Los recursos hídricos son más ...
En muchas partes del mundo, la escasez de agua es una realidad y el cambio climático está exacerbando el problema, de hecho, las sequías son más frecuentes y severas, lo cual está afectando la seguridad alimentaria y los medios de vida.
Los recursos hídricos son más escasos y la competencia por el agua aumenta cada vez más, lo que podría provocar conflictos potenciales entre Estados y dentro de las mismas sociedades. Además, es un factor que empuja a las poblaciones a migrar.
El Foro Económico Mundial señala que la escasez de agua es una preocupación crítica en la agenda de sostenibilidad, pues solamente 1% de este recurso en la superficie es potable y una de cada 10 personas lucha por acceder a ella.
Los países deben asegurarse del suministro adecuado de agua para satisfacer las necesidades de sus poblaciones y economías. No hacerlo puede desencadenar consecuencias de gran alcance, como la agitación social y la inestabilidad económica e, incluso, el conflicto o la guerra.
Basta recordar que, de acuerdo con investigaciones basadas en la ciencia, la sequía ocurrida en el periodo 2007-2010 fue determinante en el estallido de la guerra en Siria.
Un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), en 2015, halló que la actividad humana ha incrementado la probabilidad de sequías severas y prolongadas en Siria con base en las tendencias climáticas observadas durante un siglo en cuanto a precipitación, temperatura y presión del nivel del mar, respaldadas por modelos climáticos.
La sequía en Siria intensificó la inseguridad en el suministro de agua y provocó pérdidas profundas en la agricultura y la muerte del ganado; al colapsar los medios de vida, alrededor de 1.5 millones de personas migraron de las zonas agrícolas rurales hacia las periferias de las ciudades.
En este contexto, el agua debe abordarse como un elemento crítico de la seguridad nacional, por lo tanto, analizar el riesgo como resultado de la vulnerabilidad es fundamental.
En México se ha soslayado por muchísimas décadas el peligro que representa la escasez de los recursos hídricos superficiales, así como el agotamiento y la sobreexplotación de los acuíferos subterráneos.
Al inicio de este siglo, Adolfo Aguilar Zínser, titular del Consejo de Seguridad Nacional en el sexenio de Vicente Fox, ya hablaba de que la escasez de agua en México no sólo debía ser tomada como uno de los desafíos más apremiantes a enfrentar en el corto plazo, sino que debía verse como un asunto de seguridad nacional.
Así lo recordó Jorge Fernández Menéndez, colaborador de este diario, en su columna Razones publicada el pasado 26 de enero: “(…) me dio una entrevista donde hablaba de algo que en aquel momento en la opinión pública no se consideraba como uno de los mayores desafíos de la seguridad nacional: la entrevista fue sobre el agua o, mejor dicho, su escasez como uno de los problemas centrales que tendría que asumir México en su futuro inmediato, y de cómo, incluso, en el futuro se podrían declarar hasta conflictos bélicos por la disputa del agua”.
En 2020, en la frontera norte, se desató un conflicto por agua entre México y Estados Unidos, específicamente entre agricultores chihuahuenses contra el gobierno mexicano, porque éste desviaba el agua de la presa La Boquilla hacia Texas para cumplir los compromisos del Tratado de Aguas de 1944, dejándolos sin el recurso para sus cultivos y las comunidades.
Hubo enfrentamientos entre agricultores y la Guardia Nacional, con un saldo de una activista muerta, detenidos, quema de sedes gubernamentales, así como de vehículos, incluso hubo rehenes políticos.
Finalmente, después de más de un año de lucha por el agua para el riego y la producción de esa región, el conflicto terminó, pero el riesgo de otros enfrentamientos sigue latente, porque los ríos, presas y arroyos presentan déficits. Y no sólo podría haber disputas con Estados Unidos, sino también entre entidades colindantes que comparten cuerpos de agua.
El problema de la escasez de agua explotó, ya no es algo a ocurrir en un futuro muy lejano.
La propia Comisión Nacional del Agua reconoce que de los 653 acuíferos del país, 245, que equivalen a 38%, ya no están disponibles, esto es, fueron sobreexplotados.
Entonces, la escasez de agua sigue sin verse como un asunto de seguridad nacional ni tampoco se tiene una política hídrica, porque el uso de este recurso en el país sigue sin ser sustentable.
Con toda la información científica disponible, las políticas públicas no han incorporado el tema del agua como un elemento transversal.
Conservar el agua y apuntar hacia un uso equitativo y sostenible debe ser un imperativo, más aún en estos tiempos electorales.
Porque no se trata de prometer que no faltará el agua o que se destinarán millonarias inversiones para infraestructuras de cosecha de agua pluvial o para infiltración, porque, si no hay lluvias, no habrá agua que captar.
Se trata de analizar todas las soluciones disponibles, pero, sobre todo, invertir en el sector hídrico anualmente y de manera sostenida, sin que se reduzca con los cambios de gobierno, mínimo 0.8% e idealmente 1% del Producto Interno Bruto.
El reto es enorme y la clave está en la gestión de los recursos hídricos frente a la escasez y el cambio climático.
No hacerlo traerá consecuencias de gran alcance, con implicaciones para la estabilidad social, el desarrollo económico y la seguridad nacional.
