El debate climático se suma a la problemática de AL

El destino de América Latina no sólo está supeditado por los intríngulis políticos, sociales y económicos. Aunque factores como el cambio o mantenimiento de regímenes y la inseguridad son cruciales, no podemos ignorar el papel que juegan la crisis climática, el ...

El destino de América Latina no sólo está supeditado por los intríngulis políticos, sociales y económicos. Aunque factores como el cambio o mantenimiento de regímenes y la inseguridad son cruciales, no podemos ignorar el papel que juegan la crisis climática, el deterioro ambiental y la pérdida de biodiversidad.

Después de Asia, América Latina es la segunda región del planeta más expuesta y vulnerable a desastres, como el cambio climático, lo cual se intensifica con la desigualdad y la pobreza, la alta dependencia de los recursos naturales y servicios ecosistémicos.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) identifica que “de los 50 países más afectados por el cambio climático a nivel mundial, 13 se encuentran en la región”.

En lo que va de este año, no hay nación que no haya presentado eventos extremos devastadores. El Sexto Informe de Evaluación del Panel de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) dejó muy claro que esos eventos son y serán cada vez más frecuentes y graves; además, las transformaciones en algunas zonas serán irreversibles.

La paradoja es que muchos de los países latinoamericanos no figuran entre los principales contribuyentes en las emisiones globales de gases de efecto invernadero, a la vez, la adaptación a la crisis climática avanza lentamente y mucho tiene que ver el escaso financiamiento y transferencia tecnológica sostenible para la reducción de emisiones.

Así, los hechos muestran sequías devastadoras, calor extremo, incendios forestales e inundaciones que son graves amenazas a los medios de vida de millones de personas y a la seguridad alimentaria. Esto, a su vez, tiene como consecuencia desplazamientos forzados y migraciones masivas, porque los medios de vida se han agotado.

En un planeta más caliente, los desastres aumentan. Por ejemplo, la sequía en México, América Central y el Caribe está intensificándose, sin olvidar los impactos del fenómeno de El Niño.

Recientemente, el secretario general de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), Petteri Taalas, alertó acerca de la interacción entre el calentamiento global y El Niño. Subrayó que esta combinación generará un nuevo ascenso en el calentamiento y se establecerán nuevos récords de temperatura.

A principios de julio pasado, la OMM presentó el informe Estado del clima en América Latina y el Caribe 2022, el cual advirtió que los eventos climáticos extremos en la región están intensificándose debido al calentamiento global y la elevación del nivel del mar.

Las temperaturas han subido un promedio de 0.2 grados centígrados por década durante los últimos 30 años, siendo ésta la tasa de incremento más alta jamás documentada. Este cambio genera un ciclo negativo de impactos en los países y comunidades de la región.

Pero, a pesar de las vulnerabilidades, América Latina y el Caribe tienen un gran potencial para instrumentar acciones ambiciosas de adaptación y mitigación, así como para un futuro más resiliente al clima.

Esto podrá concretarse sólo si se incluyen en los procesos justicia climática, justicia social y transición justa.

Y ayer inició la Semana del Clima de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe en Panamá, previa a la COP28 —a celebrarse en Dubái—, donde participarán alrededor de tres mil delegados de gobiernos nacionales y subnacionales, sociedad civil, sector privado y pueblos indígenas, quienes en diferentes encuentros discutirán soluciones climáticas, obstáculos y oportunidades.

Así, en esta semana cuatro ejes se debatirán: 1) sistemas energéticos e industria; 2) ciudades, asentamientos urbanos y rurales, infraestructuras y transporte; 3) tierra, océanos, alimentos y agua, y 4) sociedades, salud, medios de vida y economías.

En el acto inaugural, Daniele Violetti, director de coordinación de programas de ONU Cambio Climático, instó a “encontrar formas innovadoras de aumentar la resiliencia, atraer inversiones para transferencia tecnológica y fortalecer la capacidad regional”.

El camino hacia la resiliencia, si bien no será fácil, es posible, sólo si existe la voluntad de todos.

Entre los cambios que requiere la región destacan:

Agricultura climáticamente inteligente y resistente para garantizar la seguridad alimentaria.

Reforestación y restauración de tierras degradadas con un doble propósito: como sumideros de carbono y para ayudar a prevenir la erosión del suelo y las inundaciones.

Inversión en energías renovables para reducir la huella de carbono de la región y crear nuevas oportunidades económicas.

Instrumentar sistemas eficaces de gestión del agua.

Construir/fortalecer infraestructuras resistentes a los impactos de eventos climáticos extremos.

Abordar el cambio climático requiere políticas que tengan en cuenta a los más vulnerables, como las comunidades indígenas, pues sus aportaciones y conocimientos tradicionales pueden proporcionar elementos para las estrategias de mitigación y adaptación.

El acceso al financiamiento, el punto que más obstáculos presenta, puede impulsar la capacidad de adaptación a través de mecanismos como el Fondo Verde para el Clima —pero las naciones desarrolladas son reacias a comprometerse—, así como modelos innovadores a nivel nacional, como los bonos verdes.

Si todos los que participarán en esta semana del clima llegan a acuerdos, la región se fortalecerá de cara a la COP28; lo más importante, Latinoamérica podrá allanar el camino hacia un futuro sostenible y resiliente.

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