Hoy es imperante comprender y asimilar dónde está parada la humanidad, lo que está en juego, lo que se perderá sin remedio y lo que aún puede hacerse. La crisis climática es una amenaza existencial. Parece el argumento de una teleserie apocalíptica.
En la COP21, 196 partes adoptaron el Acuerdo de París, hace ya casi 11 años, con el propósito de limitar el calentamiento global muy por debajo de 2.0 grados Celsius, idealmente sin rebasar los 1.5 grados respecto a los niveles preindustriales para reducir los riesgos más graves del cambio climático.
En todos estos años, lejos de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), han aumentado; en general, los compromisos climáticos de las naciones no tienen la ambición requerida y los combustibles fósiles continúan entre las prioridades de muchos países, sólo recordemos el “perforar, perforar, perforar” o el “fracking sostenible” o “el gas natural es combustible de transición”.
Los impactos devastadores están en prácticamente todas las regiones del mundo, porque el planeta ya se ha calentado 1.4 grados. El meteorólogo español Mario Picazo asegura que uno de los indicadores más importantes de la crisis climática se encuentra en los océanos; el calentamiento de la superficie oceánica alcanzó un récord mundial de 21.1 grados centígrados el pasado 22 de agosto, superando el de 2024.
“Un océano más cálido favorece olas de calor marinas, blanqueamiento de corales, alteraciones de los ecosistemas, lluvias más intensas y ciclones tropicales potencialmente más destructivos, además de contribuir a la subida del nivel del mar por expansión térmica”, escribió en LinkedIn.
Los próximos años son de incertidumbre, inquietantes, porque un nuevo informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) alerta que, inevitablemente, se rebasará el objetivo de 1.5 grados.
El futuro nos alcanzó.
De acuerdo con el informe Limitando el sobrecalentamiento, cómo evitar los 1.5°C y las vías para el retorno (Limiting Overshoot, navigating exceedance of 1.5°C and pathways towards return), en el escenario más optimista, el calentamiento alcanzará 1.8 grados Celsius, aun cuando se cumplan los compromisos climáticos actuales.
Sumado a lo anterior, el panorama se complica, porque para finales de 2026 y el primer semestre de 2027 el fenómeno de El Niño más poderoso amplificará aún más los fenómenos hidrometeorológicos.
La semana pasada, el científico mexicano Jorge Zavala reiteró que “en los tres niveles de gobierno deben adaptar refugios en caso de ondas de calor, sitios que deben ser frescos, con capacidad de hidratación y atención médica para las personas”. No es una ocurrencia, se trata de información basada en ciencia para que México se anticipe a lo que El Niño traerá, como el riesgo de golpe de calor, sobre todo para las personas más vulnerables, como niños, adultos mayores y mujeres embarazadas.
Qué otra muestra más queremos de la inestabilidad climática que la formación de tres huracanes en el Pacífico al mismo tiempo: Lowell, Karina y Marie, que fueron evolucionando con distintas intensidades, y el primero fue, por unas horas, el más potente, con categoría 5 y vientos de hasta 257 kilómetros por hora, según información de la NASA.
El Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático advirtió que cada fracción o grado de calentamiento intensificará “múltiples peligros simultáneos”. El aumento de 1.6 grados en la temperatura propiciaría reducción de alimentos; con 1.7 grados, más días de calor y humedad que representarían riesgos para la salud humana; mientras que 2.0 grados significaría mayores tasas de extinción, fenómenos meteorológicos mucho más extremos y daños a los ecosistemas.
Hay una pequeña ventana de oportunidad o esperanza si se quiere ver. El informe señala que la manera de regresar a 1.5 grados es lo que denominó como overshoot peak and decline pathway (trayectoria de sobrepaso y descenso), esto es, la superación de la temperatura, pasando por un pico (idealmente por debajo de 2.0 grados), descenso y estabilización.
El PNUMA es muy claro, mitigación y adaptación deben abordarse en conjunto a gran escala y acelerar las acciones; por supuesto, lograr cero emisiones netas para frenar el calentamiento, pero “para estabilizar el clima por debajo de 1.5 grados necesitamos alcanzar emisiones netas negativas”.
Ojo, al superar 1.5 grados los sistemas que sostienen la vida en el planeta cambiarán inevitablemente, pero qué y a qué escala, son las incógnitas.
Al escribir este artículo recordé la serie Extrapolaciones (2023, Apple TV+), de Scott Z. Burns, quien en ocho capítulos planteados de 2037 a 2070 proyecta un planeta donde ese overshoot siguió de frente: aumento de las temperaturas desde 1.55 hasta 2.59 grados con migraciones forzadas, animales hablando desde la extinción, países negociando subastas de agua y patentes con el empresario más rico del mundo para desalinizar y purificar el agua, muertes masivas por olas de calor capaces de derretir automóviles, un Ártico sin hielo y sin osos polares, geoingeniería fallida, aire contaminado por el humo de los incendios forestales por doquier, gente usando tanque de oxígeno para salir a la calle, entre otras calamidades.
Sí, cada fracción de grado tiene consecuencias serias. Incendios forestales, olas de calor, sequías, inundaciones y huracanes serán potenciados y pondrán al límite la capacidad de resistencia de todos los seres vivos y ecosistemas. El esfuerzo deberá ser ineludible si se quieren evitar escenarios no vistos.
