Ciudad esponja: México tiene mucho que absorber

Los pronósticos meteorológicos apuntan hacia lluvias de intensas a torrenciales para los próximos meses, tanto en las costas del Pacífico como del Atlántico, pero no necesariamente pondrán fin a la sequía del campo ni llenarán copiosamente los sistemas de ...

Los pronósticos meteorológicos apuntan hacia lluvias de intensas a torrenciales para los próximos meses, tanto en las costas del Pacífico como del Atlántico, pero no necesariamente pondrán fin a la sequía del campo ni llenarán copiosamente los sistemas de abastecimiento de agua o aliviarán los acuíferos cada vez más secos. Aunque algunos gobernantes quisieran dejarle a Tláloc la solución del grave problema de escasez de agua.

Eso sí, se agradecerá un ambiente más fresco y menos sofocante, además de aire más limpio, sobre todo en las metrópolis más grandes del territorio nacional, como la Ciudad de México.

Sin embargo, los tres niveles de gobierno y la sociedad en su conjunto deberán tomar todas las precauciones sobre los impactos devastadores de las tormentas, como los vividos el fin de semana en Quintana Roo. Hoy, Chetumal sigue bajo el agua. La ayuda ha tardado en llegar a los habitantes que todo lo vieron perder en cuestión de cuatro horas.

El sábado 15, en conferencia de prensa, encabezada por la secretaria de Gobierno de Quintana Roo, Cristina Torres Gómez, se informó que el viernes se registró una “lluvia atípica” y en sólo cuatro horas cayó lo que regularmente llueve en un mes y por eso se colapsó el sistema de drenaje.

Es muy típico que las autoridades insistan en calificar de “atípicas” las lluvias torrenciales, cuando se trata de uno de tantos fenómenos hidrometeorológicos exacerbados por el cambio climático. Las cosas como son.

El cambio climático está modificando los patrones de lluvia, que pueden ir de más fuertes y abundantes en periodos muy cortos o largos sin que haya lluvias.

De 15 a 30 milímetros por hora es una lluvia fuerte, de 30 a 60 mm/h, muy fuerte, y más de 60 mm/h se está frente a una lluvia torrencial. Chetumal registró 135.2 milímetros de precipitación.

Esas imágenes se repiten año con año. Los científicos del clima han advertido sobre los eventos meteorológicos extremos y nuestro país es muy vulnerable al cambio climático, eso debe quedar muy claro y repetirse cuantas veces sea necesario.

En mitigación y adaptación hay pocos avances. Negarlo es pérdida de tiempo porque las consecuencias saltan a la vista, aunque muchos cierren los ojos. Tampoco debe desecharse la probabilidad de eventos en el futuro cercano o no tan lejano como el huracán Otis, que dejó destrucción en Acapulco y otros municipios vecinos. A casi ocho meses de distancia, la desolación aún es palpable.

Las inundaciones desastrosas, por paradójico que se lea en medio de altas temperaturas, también tocan en esta temporada la puerta de otras ciudades y localidades en el país.

Frente a estos eventos, valdría la pena que gobernadores y alcaldes-presidentes municipales pongan la mirada en una de tantas soluciones para mitigar las inundaciones en medio de un cambio climático que todo lo está cambiando: transitar hacia ciudades esponja, ciudades permeables, esto es un gran paso para una gestión hídrica sustentable y eficiente. En esto también se ha perdido tiempo. Hay casos de éxito en el mundo. Con eso de que a los gobernantes les encanta dejar obras que se vean, una ciudad esponja es una buena apuesta.

Guste o no, el diseño urbano de muchas ciudades del país es un desastre.

La Ciudad de México podría verse beneficiada si se transforma en una ciudad esponja.

Las ciudades esponja son áreas diseñadas para absorber, almacenar y purificar el agua de lluvia, imitando el ciclo natural del agua.

Este concepto fue propuesto por investigadores chinos a inicios del segundo milenio y fue aceptado por el Partido Comunista Chino y el Consejo de Estado como política de urbanismo hasta 2014.

Una ciudad esponja se basa en soluciones naturales y la idea es integrar la infraestructura verde, como pavimentos permeables, techos verdes, humedales y jardines de lluvia, en la planificación urbana para gestionar el agua de lluvia de manera sostenible.

Así, se reducirían las inundaciones, absorbiendo el exceso de agua durante las fuertes lluvias.

En una ciudad esponja se mejora la calidad del agua al filtrar el agua pluvial a través de sistemas naturales como humedales y jardines de lluvia. Estos filtros eliminan los contaminantes y sedimentos antes de que llegue a ríos, lagos o acuíferos subterráneos.

También se mejora la recarga de aguas subterráneas al permitir que el agua de lluvia se infiltre en el suelo. Esto garantiza un suministro sostenible, crucial para el abasto humano. A su vez, la recarga de los acuíferos reduce las zonas de hundimiento.

La infraestructura verde en las ciudades esponja crea hábitats para diversas especies, promoviendo la biodiversidad. Además, estos espacios mejoran la estética urbana y brindan áreas recreativas para los residentes.

Otra ventaja de una ciudad esponja es la mitigación de las islas de calor urbanas, donde los techos verdes, parques y otras zonas con vegetación ayudan a enfriar el entorno. Esta reducción de temperatura también tiene un beneficio en el menor uso de energía eléctrica.

Por supuesto que se requiere presupuesto y seguro que lo hay; incluso, una inversión público-privada tendría beneficios para todos.

El costo de planificar, construir y mantener infraestructura verde no puede verse como una barrera cuando una ciudad esponja es sinónimo de resiliencia frente al cambio climático y la escasez de agua.

Pekín, la capital china, así como Shanghái, Zhoushan y Xi’an, entre otras, se están transformado en ciudades esponja para absorber el agua de lluvia.

El potencial en las ciudades de México es enorme, sólo se requieren ciudadanos y gobernantes con visión innovadora y no miradas cortas.

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