Cambio climático: es la hora de la ciencia
Dos hechos recientes en el país han acaparado la atención de científicos del clima, así como de la prensa internacional: las altas temperaturas y olas de calor que cobraron la vida de mexicanos y fauna silvestre, y la histórica elección presidencial, porque por ...
Dos hechos recientes en el país han acaparado la atención de científicos del clima, así como de la prensa internacional: las altas temperaturas y olas de calor que cobraron la vida de mexicanos y fauna silvestre, y la histórica elección presidencial, porque por primera vez el gobierno federal lo encabezará una mujer, Claudia Sheinbaum, quien, además, es científica.
El Sistema Meteorológico Nacional (SMN), a mediados de febrero, había pronosticado, por lo menos, cinco olas de calor entre marzo y junio, de éstas han pasado cuatro, siendo la tercera la de duración más larga, de aproximadamente 15 días, con temperaturas entre 40 y 45 grados centígrados o más en 27 entidades federativas, y para la CDMX por arriba de los 30 grados.
Desafortunadamente, algunos récords se rompieron con consecuencias dañinas para los seres vivos, incluidos, por supuesto, los humanos. En la segunda ola, en Tamaulipas y en San Luis Potosí los termómetros superaron los 50 grados centígrados, matando aves silvestres, como cotorros, loros y búhos; después se extendió a monos aulladores o saraguatos en Tabasco y Chiapas, los cuales, al igual que los pájaros, cayeron de los árboles muertos o en agonía.
La agencia Associated Press tituló la noticia Monkeys ‘falling out of trees like apples’ in Mexico amid brutal heatwave (Monos ‘caen de los árboles como manzanas’ en México en medio de una brutal ola de calor), reproducida por varios medios, como el diario The Guardian y la revista Time.
Si la muerte de estos animales no enciende las luces de alerta en este momento, ¿habrá que esperar a ver caer personas muertas en las calles o en sus hogares por temperaturas altas?
Lo cierto es que ya hay fallecimientos asociados a las olas de calor recientes.
Estos hechos de la crisis climática y de las altísimas temperaturas que han asolado al país, además del sur de Estados Unidos, Guatemala, El Salvador y Honduras, llevó a científicos del clima de nuestro país, Panamá, Países Bajos, Reino Unido, EU y Suecia a analizar en qué medida el cambio climático de origen antropogénico “alteró la probabilidad y la intensidad del calor extremo”.
El equipo internacional estudió las temperaturas máximas diurnas y nocturnas en un lapso de cinco días entre mayo y junio. Entre los hallazgos presentados por la red de referencia World Weather Attribution (WWA) destaca que el cambio climático, producto de la quema de combustibles fósiles, hizo 35 veces más probable las olas de calor.
Pronostica que “las temperaturas máximas de cinco días entre mayo y junio, como las registradas este año, se producirán aproximadamente cada 15 años en el clima actual, que se ha calentado 1.2 grados centígrados”. En el año 2000, indica el informe, cuando las temperaturas globales estaban medio grado más abajo que ahora, se preveía que las olas de calor ocurrirían sólo una vez cada 60 años.
Es decir, una ola de calor, como las que hemos padecido entre marzo y junio, es cuatro veces más probable de lo que se preveía en 2000. De ese tamaño es el descubrimiento de los científicos que afectará la vida y los medios de subsistencia, en particular de los mexicanos.
Sobre las temperaturas nocturnas, los científicos concluyeron que en el mismo periodo de cinco días fueron altas, “pero no extremas en el clima actual… ahora hay 50% de posibilidades anuales de que se produzcan temperaturas similares. En el cambio de milenio sólo se habría esperado que esos eventos ocurrieran con 13% de probabilidad en un año determinado”.
La temperatura máxima de cinco días fue 1.4 grados centígrados más caliente y 35 veces más probable; en cuanto a la temperatura de la noche fue 1.6 grados más alta y 200 veces más probable. Así que los días calientes seguirán sofocándonos y por las noches será difícil conciliar el sueño.
El reporte destaca, con base en información del SMN, que a partir de marzo se han registrado más de 125 muertes relacionadas con el calor, miles de casos de insolación y cortes de energía.
Sin embargo, la Secretaría de Salud federal, el 20 de junio, actualizó la cifra a 155 muertes y los estados que reportaron defunciones entre el 13 y 18 de junio fueron Baja California, Chihuahua, Guerrero, Nayarit, Nuevo León, Oaxaca, Sonora, Tamaulipas, Veracruz y Yucatán.
El 20 de junio, el municipio de Tepache, Sonora, experimentó 52 grados centígrados, lo cual pasó al registro histórico.
Los científicos alertan sobre las olas de calor al ser consideradas entre los tipos de eventos extremos más mortales, porque agravan la contaminación atmosférica, disminuyen la disponibilidad de agua, exacerban padecimientos, como los cardiovasculares; propagan enfermedades infecciosas y afectan la salud y seguridad en el trabajo.
Si con todo esto aún no comprendemos los graves peligros que conlleva un planeta más caliente por el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero resultado de la quema de combustibles fósiles, habrá que adaptarse a olas de calor más intensas y más frecuentes.
Para algunas personas será imposible adaptarse, a otras no les quedará más que emigrar hacia lugares menos calientes.
Por ejemplo, en Asia y otras latitudes, la muerte por calor acecha cada vez más. Hace unos días, mil 301 personas murieron en la peregrinación a La Meca como consecuencia de la ola de calor que azota a Arabia Saudita.
Es necesario que el próximo gobierno federal tome muy en serio el cambio climático, porque la futura titular de la Semarnat y hoy canciller Alicia Bárcena ya lo enlistó como una de las prioridades de la administración Sheinbaum; ojalá que, junto con la crisis hídrica, sean eje de todas sus políticas públicas.
Que el pensamiento y las acciones científicas ganen.
