Hace poco estuve de regreso en Londres y me di cuenta de algo que doy por hecho: casi nadie usa efectivo. Tomar el Tube con una tarjeta sin contacto, comprar un té camino al trabajo o pedir comida a domicilio… todo se paga con un toque del teléfono. Lo mismo me pasó en Sao Paulo; las ciudades adoptan estos métodos como si siempre hubieran existido, y uno termina olvidando que antes dependíamos de billetes y monedas. Pero esta experiencia fue un recordatorio de cómo la innovación financiera no sólo ha cambiado la forma en que pagamos, sino también cómo la banca tradicional ha evolucionado y se ha adaptado a nuestras rutinas diarias sin que casi lo notemos.
El Reino Unido no es el único. Países como Suecia, Noruega, Finlandia o Corea del Sur están muy cerca de operar como sociedades prácticamente sin efectivo. Brasil e India también están dando pasos agigantados. La adopción masiva de pagos contactless, billeteras digitales y plataformas bancarias completamente móviles está reconfigurando el papel del dinero y acelerando el tránsito hacia economías más ágiles, transparentes y accesibles. La pregunta ya no es si este cambio llegará a todos los países, sino qué tan preparados estamos para aprovecharlo.
La industria fintech se ha convertido en el corazón de esta transformación. Más allá de la tecnología, su impacto se refleja en historias profundamente humanas: la madre que por primera vez puede ahorrar desde su teléfono; el joven emprendedor que, sin historial crediticio, accede a un micropréstamo digital; o el migrante que envía dinero a casa con comisiones más justas. Cada solución, por pequeña que parezca, amplía la posibilidad de construir un futuro financiero más justo e inclusivo.
Además, esta revolución no sólo toca a los usuarios individuales; también está impulsando a la economía. Hoy, procesos que antes eran lentos o complicados se han vuelto mucho más ágiles. Las fintech están ayudando a pequeños y medianos negocios a operar con menos trabas y más herramientas como: pagos que llegan al instante, créditos digitales con menos papeleo, nuevas formas de inversión y datos claros para tomar mejores decisiones. En pocas palabras, la tecnología está simplificando lo que antes parecía imposible, abriendo espacio para que más empresas crezcan y compitan.
El Reino Unido ha sido pionero en este camino. Desde hace casi dos décadas impulsa un modelo donde la innovación va de la mano de regulaciones sólidas que brindan certidumbre a empresas y protección a consumidores. Gracias a este enfoque, hoy concentra cerca de la mitad de las empresas fintech de Europa y ha logrado que los servicios financieros digitales formen parte natural de la vida diaria de sus ciudadanos.
Esta experiencia también ha contribuido a que la banca digital llegue a México con mayor fuerza y confianza. La evolución de la Ley Fintech, el surgimiento de nuevos modelos de negocio y la entrada de actores internacionales —incluyendo plataformas como la de Revolut— muestran que México se está consolidando como un mercado atractivo, dinámico y con un enorme potencial de expansión.
Por ello, resultan tan valiosos los espacios donde reguladores, empresas y expertos pueden dialogar y compartir experiencias. A finales de febrero se celebrará la segunda edición del FinTech Mexico Festival, donde estaremos participando y contaremos también con la visita de David Beardmore, de Raidiam, para compartir su experiencia en la implementación de finanzas abiertas en el Reino Unido y en otros países. David es un referente global de banca y finanzas abiertas, quien ha ayudado a bancos centrales y reguladores en diferentes países a hacer de las finanzas abiertas una realidad.
La revolución digital continúa avanzando. El reto ahora es asegurarnos de que ese avance llegue a todos, con un sistema financiero más inclusivo, competitivo y preparado para el futuro.
¿Tú ya estás experimentando los beneficios de la industria fintech? Cuéntame en los comentarios o escríbeme en redes sociales, en @SusannahGoshko o @UKinMexico, en X e Instagram.
*Embajadora del Reino Unido en México
