Durante décadas, correr un maratón en menos de dos horas fue un límite casi mítico: una frontera que el cuerpo humano simplemente no podía cruzar. Pero la semana pasada, en Londres, esa idea quedó atrás.
En el Maratón de Londres de este año, el keniano Sabastian Sawe completó los 42 kilómetros en 1 hora, 59 minutos y 30 segundos, apenas 11 segundos antes que Yomif Kejelcha. Detrás de ese tiempo no sólo hay un récord impresionante: hay una señal clara de que algo fundamental ha cambiado. Los maratones ya no se corren como antes… y quizá tampoco se entienden de la misma manera.
Cada abril, Londres es escenario de uno de los maratones más emblemáticos del mundo. Reúne a campeones olímpicos, corredores de élite y miles de participantes que ponen a prueba su resistencia física y mental.
Y al leer sobre los ganadores de este año, hubo un detalle que llamó especialmente mi atención. Ambos atletas utilizaron el mismo modelo de tenis, descrito como el calzado más rápido y ligero diseñado para romper récords mundiales.
Ese detalle me llevó a preguntarme qué más hay detrás del Maratón de Londres y cómo ha cambiado lo que usan los corredores y, aún más interesante, la forma en que se organiza la propia carrera.
Esta carrera londinense se ha convertido en un verdadero laboratorio urbano de innovación, en buena medida gracias a soluciones innovadoras desarrolladas por empresas tecnológicas como Tata Consultancy Services (TCS).
Este año se implementó TCS RunConcierge, una plataforma basada en inteligencia artificial que centraliza información crítica del evento en tiempo real. A diferencia de una aplicación tradicional, funciona como una guía interactiva para corredores, espectadores y equipos de apoyo, que permite consultar la logística de salida y las estaciones de hidratación hasta la navegación del recorrido, cierres viales y puntos clave para dar seguimiento a la carrera.
Esta herramienta, que antes se había probado en los maratones de Sídney y Nueva York, hace posible que miles de personas tengan una experiencia segura, coordinada y adaptable a condiciones cambiantes, especialmente en las grandes ciudades.
Pero toda esta sofisticación tecnológica tiene un nuevo adversario que no aparece en los relojes ni en las hojas de datos: el cambio climático.
Mientras la innovación ha permitido correr más rápido y de forma más eficiente, las condiciones en las que se celebran los maratones han empezado a cambiar.
Temperaturas más altas de lo habitual, primaveras menos predecibles y episodios de calor extremo están obligando a los organizadores a considerar incluso ajustes en el calendario. Hoy estas decisiones forman parte de la agenda de los grandes eventos deportivos, más allá de rendimiento, por protección de la salud de los participantes.
En este nuevo escenario, la tecnología también actúa como aliada para prevenir riesgos y redefinir la experiencia. El monitoreo térmico y el análisis en tiempo real permiten reforzar estaciones de agua, anticipar situaciones críticas y tomar decisiones sobre la marcha durante la carrera.
El impacto climático, además, obliga a mirar más allá del día de la competencia. En 2025, el Maratón de Londres se convirtió en el primero del Reino Unido en obtener la certificación Evergreen, el estándar más alto del Council for Responsible Sport.
Detrás de ese reconocimiento hay acciones concretas apoyadas por tecnología. Gestión avanzada de residuos, reducción de plásticos, plataformas digitales para medir y reportar la huella ambiental, y estrategias para un evento más sostenible.
Estos eventos deportivos siguen siendo una celebración de lo que somos capaces de hacer. Pero hoy conviven con una realidad muy distinta.
Si incluso una carrera tan emblemática como el Maratón de Londres tiene que reinventarse para adaptarse al clima, queda claro que el desafío va mucho más allá del deporte.
Y entonces surge la pregunta inevitable: ¿estamos usando toda esa innovación sólo para ganarle segundos al reloj… o también para construir un futuro más sostenible?
Los leo en X e Instagram: @SusannahGoshko y @UKinMexico.
*Embajadora del Reino Unido en México
