Los virreyes, otra vez

Extraviado en sus liderazgos a raíz de su derrota presidencial en el año 2000, el PRI se dividía en dos frentes de poder: los legisladores federales y los gobernadores, pero mientras los senadores y diputados priistas se descontrolaban en su primer rol como opositores, 18 gobernadores tricolores se organizaron para convertirse en un poder frente al nuevo presidente Vicente Fox Quesada y dentro del PRI les comenzaron a llamar “Los virreyes”.

Los 18 gobernadores priistas eran mayoría en el país, pero sumaron a los seis gobernadores perredistas que había en 2001 para que Fox tuviera que acordar con ellos diversas políticas públicas y nació la Conferencia Nacional de Gobernadores en 2002; después se adhirieron los ocho gobernadores panistas.

Pero los 18 “virreyes” también extendieron su poder dentro del PRI para poner o quitar dirigentes o cambiar las reglas internas.

Ellos, en plena libertad, ya sin necesidad de consultar a alguien más, decidieron sus candidatos para sucederlos y acordaron estrategias para apoyar a perfiles de otros partidos políticos, como ocurrió en 2006, cuando la entonces secretaria general del PRI, Elba Esther Gordillo, acordó con algunos gobernadores afines a ella, como Eugenio Hernández y Humberto Moreira, operar en favor del panista Felipe Calderón para que ganara la Presidencia de la República.

Ahora, dos décadas después, el país observa el resurgimiento de “Los virreyes”, pero ahora del partido hegemónico Morena. Y los vemos imponer sus criterios para la elección de los candidatos que los sucederán en el poder de los estados, pero sin la disciplina del viejo PRI ni la experiencia de la famosa “operación cicatriz” que buscaba evitar desbandadas de inconformes con las decisiones cúpula.

Morena decidió que fueran sus gobernadores quienes colocaran a sus sucesores, aunque se ve lejos una cicatrización en entidades como Campeche, Guerrero, Michoacán, Quintana Roo, Tlaxcala, pero, sobre todo, Zacatecas, que son entidades gobernadas por Morena y cuyos gobernantes hicieron todo por imponer a sus sucesores.

Pero hay otras entidades como Chihuahua, donde Morena no gobierna, pero los morenistas estatales están tan divididos y polarizados que no se observa un futuro sereno para el partido.

Los sucesores de los gobernantes morenistas tendrán que cargar con el desprestigio de los actuales gobiernos. En Campeche, por ejemplo, quedó Pablo Gutiérrez, el favorito de la gobernadora Layda Sansores, pero que no es respaldado por los morenistas que antes de 2020 eran priistas y, de acuerdo con los propios campechanos, el escenario político es propicio para que gane Movimiento Ciudadano.

Beatriz Mojica logró la postulación, pero sus antecedentes como perredista del grupo de Los Chuchos genera animadversiones entre los mismos morenistas que forman parte del único grupo de poder real en el estado: el de Félix Salgado Macedonio, quien aun tiene la herida abierta por la reforma constitucional que le impidió suceder a su hija en la gubernatura.

Verónica Díaz, excuñada del gobernador David Monreal, ha generado una polarización que no se veía desde los 90 en la entidad. Entre los morenistas hay una corriente en contra de que la familia Monreal continúe en el poder y Verónica Díaz es parte de la familia Monreal, porque estuvo casada con uno de los hermanos Monreal y es madre de sobrinos Monreal.

David Monreal no tiene ni el carisma ni el trabajo de tierra que caracterizó a su hermano Ricardo Monreal, y la propia personalidad de Verónica Díaz, considerada déspota y hasta grosera, no le ayuda para resarcir los puntos en contra de sus adversarios dentro del propio morenismo zacatecano, incluso por ella el Partido del Trabajo decidió romper con Morena en el estado.

Los nuevos virreyes morenistas impusieron candidatos, pero serán los únicos responsables de las derrotas o los triunfos que se logren y las secuelas que sus decisiones dejen.